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Ciencia

El 'maquillaje' de las mariposas

Amarillos, luces, anaranjados, verdes, rojos… o, simplemente, blancos y negros. Las alas de estos lepidópteros (en griego ‘alas con escamas’) tienen una paleta cromática exquisita, la cual les proporciona llamativos diseños y un colorido excepcional.

Algunas mariposas pueden presumir de tener las irisaciones más llamativas de toda la naturaleza, trazada a partir de patrones genéticos específicos, en donde un único gen, WntA, hace las veces de diseñador. Es realmente fascinante pensar que este gen sea el mismo para todas las especies pero que, al mismo tiempo, funcione de un modo tan diferente en cada una de ellas.

Pigmentos e iridiscencias
Si nos adentramos en el estudio del pintor, la gama de tonalidades con las que juega son dos, por una parte, dispone de pigmentos que tiñen las células y, por otra, juega con la luz, con su comportamiento tras colisionar contra las alas. Técnicamente el primer caso se conoce como colores pigmentarios y el segundo como colores estructurales.

Antes de entrar en detalles es preciso subrayar que las alas de estos insectos están formadas por una gran cantidad de escamas (giroides), que varían, según la especie, tanto en forma como en tamaño. Cada escama se corresponde a una única célula aplanada que mide unos 100 micrómetros de largo y 50 micrómetros de ancho.

Las escamas pueden superponerse, como si de tejas se tratase, o bien cubrir toda la superficie del ala. En ambos casos la diversidad de colores se debe, básicamente, a la presencia de cuatro pigmentos: melaninas, pterinas, flavonoides y ommocromos.

Las melaninas son responsables de la coloración negruzca o marronácea; las pterinas del espectro que va del amarillo pálido hasta el rojo; los flavonoides de las tonalidades blancas y amarillas y, por último, los ommocromos, los responsables de los colores marrones, rojos o amarillos.

Además, los científicos han descrito pigmentos biliares, entre los que se incluyen varios tintes azules (pterobilinas) que serían los responsables de la belleza de las
Nymphalidae
y de las
Papilionidae
.

A todo esto, hay que añadir que cuando la luz blanca choca contra las alas de las mariposas fulgura en varias direcciones y se descompone en muchos colores. Si observamos detenidamente una mariposa moviéndonos discretamente a su alrededor comprobaremos como el tono de sus alas varía ostensiblemente con nuestro movimiento, es lo que se conoce como iridiscencia. Esta peculiaridad cromática depende en gran medida del ángulo con el que observemos al lepidóptero.

El poder de los colores
Los colores juegan un papel muy importante en sus vidas, ya que puede servir como camuflaje, ayudarlas a encontrar pareja o bien como advertencia frente a posibles depredadores.

El mimetismo críptico es la capacidad para camuflarse adoptando otros colores, de forma que el insecto puede pasar desapercibido ante un potencial peligro. Esto se observa en mariposas que tienen la parte superior del ala de color brillante, mientras que el resto adopta una coloración más discreta. Si estos lepidópteros no desean ser vistos cierran sus alas y ocultan sus colores. Cuando esto sucede en las mariposas Kallima el aspecto que adoptan es prácticamente igual al de una hoja seca.

En otros casos, los colores son muy llamativos para advertir a los depredadores que son ponzoñosas. Esto lo encontramos, por ejemplo, en las mariposas del género Monarca, que exhiben unos bellos colores negro-anaranjados.

Además, estos insectos han puesto a los colores al servicio de la seducción. Los machos utilizan sus llamativos patrones para indicar a las hembras que están eligiendo la especie correcta para aparearse. Esto no es baladí, ya que cuando en un mismo lugar coinciden dos especies similares de mariposas es posible que se hibriden, pero la descendencia resultante, generalmente, no será fértil. Por tanto, los individuos que acaban perpetuando sus genes son aquellos que son capaces de identificar a sus iguales de forma inequívoca. Se podría decir que gracias al color han transformado la necesidad en una virtud.

En algunas especies las hembras anuncian su falta de predisposición para mantener sexo cerrando las alas, escondiendo sus colores y haciéndose menos visibles para los machos. Gracias a esta singularidad las hembras de los Lycaenidae son capaces de espantar a los machos más pertinaces e inoportunos.

Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación.

Este artículo ha sido publicado originalmente en este sitio.

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