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Ciencia

¿Quién necesita naves para ir a las estrellas? Mejor viajemos a bordo de planetas errantes

Dentro de mucho, muchísimo tiempo, el Sol se convertirá en una gigante roja y destruirá la Tierra. Eso será dentro de unos 5.000 millones de años, pero mucho antes, dentro de ‘solo’ mil millones de años, nuestra estrella particular habrá cambiado de tal forma que la vida en nuestro planeta, por lo menos la vida que conocemos, ya no será posible.

Desde luego, no sabemos si nuestra especie seguirá existiendo para entonces, pero si así fuera no cabe duda de que tendría que enfrentarse a uno de los peores momentos de su historia. Una crisis que solo podrá superarse de una forma: abandonando el Sistema Solar y buscando un nuevo hogar entre las estrellas. Algo que para nosotros, a día de hoy, resulta del todo imposible con la tecnología disponible. Aunque puede que haya otros que ya lo han intentado…

Hoy por hoy necesitamos cinco largos años de viaje solo para colocar un orbitador en Júpiter, y aunque en el futuro fuéramos capaces de alcanzar la velocidad de la luz, seguiríamos siendo demasiado lentos para cubrir las enormes distancias que nos separan de las estrellas. A 300.000 km/s, en efecto, aún necesitaríamos más de 4 años de viaje para llegar hasta Próxima Centauri, la estrella más cercana al Sol.

¿Cuál sería, entonces, la mejor forma de escapar con vida de un Sol agonizante y destructor de mundos? Según Irina Romanovskaya, profesora de Física y Astronomía del Community College de Houston, la solución, tanto para nosotros como para cualquier otra civilización avanzada de la galaxia, sería utilizar, en vez de naves, algún planeta errante cercano. Los planetas errantes vagan en solitario por el espacio, sin depender de ninguna estrella. Expulsados de sus sistemas natales al nacer por fuertes ‘patadas gravitatorias’, recorren el espacio interestelar como auténticos vagabundos sin rumbo fijo.

En un artículo recién publicado en International Journal of Astrobiology, la investigadora supone que otras civilizaciones en peligro de muerte podrían estar utilizando este sistema para trasladarse a otras estrellas. Y que eso podría dejar ‘tecno firmas’ que fueran detectables desde la Tierra.

«Propongo -escribe Romanovskaya- que las civilizaciones extraterrestres pueden usar planetas que flotan libremente como transporte interestelar para alcanzar, explorar y colonizar sistemas planetarios». Y propone también, para encontrar a esas civilizaciones «una estrategia para la búsqueda de sus tecno firmas y artefactos».

50.000 millones de planetas errantes
Los planetas errantes son mucho más numerosos de lo que se pensaba hasta hace solo unos años, y las últimas estimaciones en cuanto a su número proponen que habría miles de millones de ellos repartidos por toda la galaxia. En una única observación, por ejemplo, en diciembre de 2021 un equipo de astrónomos del Laboratorio de Astrofísica de Burdeos y de la Universidad de Viena descubrió, guiándose por su calor interno, setenta nuevos ‘planetas vagabundos’ en una región estelar cercana, situada entre las constelaciones de Escorpio y Ofiuco. Es decir, que ‘ahí fuera’, y solo en la Vía Láctea, podría haber un enorme número de ellos, 50.000 millones según un estudio publicado en 2020 en Astronomy & Astrophysics.

Planetas errantes: no tan inhóspitos como se creía
Generalmente, imaginamos a estos planetas solitarios como lugares fríos, inhóspitos y oscuros. Y efectivamente lo son, aunque muchos de ellos podrían albergar sorpresas, como océanos subterráneos que se mantienen calientes gracias a la propia radiación emitida por el planeta. Océanos en los que incluso podría haber vida.

Después, si en algún momento de su periplo un planeta errante que transporta su vida a cuestas es ‘capturado’ por la gravedad de una estrella, terminará su viaje y se instalará en un nuevo sistema solar. Y si la naturaleza es capaz de hacerlo, opina Romanovskaya, también una civilización podría aprovecharse e intentar lo mismo.

«Los planetas que flotan libremente -reza el artículo- pueden proporcionar una gravedad superficial constante, grandes cantidades de espacio y recursos. Los planetas errantes con océanos superficiales y subterráneos pueden proporcionar agua como recurso consumible y para la protección contra la radiación espacial». Por tanto, una civilización lo suficientemente avanzada y que viera amenazada su existencia podría obtener lo que necesita para establecerse en uno de esos mundos y viajar con él indefinidamente, hasta encontrar un destino mejor.

Cuatro posibles escenarios
La autora propone cuatro posibles escenarios en los que algo así sería posible. En el primero de ellos, una civilización en peligro de muerte aprovecharía el paso cercano de un planeta errante para trasladarse a él. En nuestro caso, muchos piensan que la Nube de Oort, una enorme ‘escombrera’ espacial que rodea por completo el Sistema Solar, podría albergar un buen número de ellos.

Según Romanovskaya, las estrellas con entre 1 y 7 veces la masa solar que abandonen la secuencia principal y pasen a una fase destructiva, pueden expulsar objetos de la nube de Oort de sus sistemas para que dichos objetos se liberen de sus estrellas anfitrionas. ¿Pero con qué frecuencia sucede algo así? Por ejemplo, un estudio de 2015 mostró que la estrella binaria W0720, conocida como ‘estrella de Sholz’, pasó a través de la nube de Oort hace unos 70.000 años. Y aunque era una estrella, y no un planeta, demostró que ese tipo de ‘vagabundos’ pueden pasar relativamente cerca de nosotros. Si es cierto que existen decenas de miles de millones de planetas errantes en nuestra galaxia, es muy posible que alguno de ellos haya pasado, antes de que tuviéramos medios para detectarlos, cerca de la Tierra. Pero si eso sucediera en el futuro, detectaríamos el planeta mucho antes de que llegara y podríamos salir a su encuentro en caso de necesidad. Y lo mismo vale para otras civilizaciones avanzadas.

Dirigir un planeta hacia nosotros
El segundo escenario, por ahora muy lejos de nuestro alcance, implica el uso de la tecnología para ‘dirigir’ un planeta errante de forma que se acerque al hogar de una civilización. Con la tecnología suficiente, una civilización avanzada podría seleccionar un objeto de su propia Nube de Oort, si es que tienen una, y usar un sistema de propulsión para dirigirlo hacia una órbita segura cerca de su planeta.

Con suficiente tiempo de antelación, esa civilización podría adaptar el objeto a sus necesidades, por ejemplo, construyendo refugios subterráneos y otras infraestructuras necesarias. Tal vez, con la tecnología adecuada, podría incluso alterar o crear una atmósfera.

El tercer escenario, similar al segundo, también implica la existencia de un objeto adecuado en el sistema solar externo de una civilización. En su artículo, Romanovskaya usa el planeta enano Sedna de nuestro Sistema Solar como ejemplo.

Sedna tiene una órbita muy excéntrica que le lleva de 76 UA del Sol (unos 11.250 millones de km) a 937 UA (unos 140.000 millones de km) en un recorrido que dura 11.000 años. Pero con la suficiente tecnología y tiempo, un objeto como Sedna podría convertirse en una nave de escape.

Para Romanovskaya «las civilizaciones capaces de hacer esto serían civilizaciones avanzadas que ya tienen sus sistemas planetarios explorados a distancias de al menos 60 UA (9.000 millones de km) de sus estrellas anfitrionas».

El cuarto escenario también involucra objetos como Sedna. Cuando una estrella abandona la secuencia principal y se expande, existe una distancia crítica a la que los objetos serán expulsados del sistema en lugar de permanecer unidos gravitacionalmente a la estrella moribunda.

Si una civilización pudiera determinar con precisión cuándo estos objetos serían expulsados para pasar a convertirse en planetas errantes, podrían prepararlo de antemano y ‘sacarlo’ del sistema solar moribundo. Aunque eso sería extraordinariamente arriesgado, ya que los períodos de pérdida de masa violenta de la estrella suponen un peligro enorme.

Un ‘bote salvavidas’ para la humanidad
Lo importante es que, en cualquiera de los cuatro escenarios, el planeta errante se convierte en un ‘bote salvavidas’ (y en un nuevo hogar permanente), para una civilización en peligro. Permanente o casi, ya que a muy largo plazo, y con el planeta enfriándose lenta pero constantemente, estos mundos errantes terminarán por no poder sostener océanos de agua líquida. Además, y a diferencia de los planetas que habitan en los sistemas solares, los errantes disponen de menos recursos: no hay energía solar gratuita, por ejemplo, ni asteroides para hacer minería espacial. Tampoco hay estaciones, ni diferencia entre el día y la noche, y tampoco plantas ni animales. Para Romanovskaya, ocuparlos sería solo un medio para llegar a un fin.

«Por lo tanto -escribe la investigadora- en lugar de hacer de los planetas errantes sus hogares permanentes, las civilizaciones extraterrestres los utilizarían como transporte interestelar para alcanzar y colonizar otros sistemas planetarios». Una civilización podría incluso hacer esto más de una vez, no solo para escapar de una estrella moribunda, sino para expandirse por toda la galaxia. «De esta manera -escribe- la civilización madre podría crear civilizaciones hijas que sean únicas y autónomas y que habitan en diferentes planetas, lunas o regiones del espacio».

Desde luego, es pronto aún para que la humanidad se plantee llevar a cabo algo semejante. Pero la investigación de Romanovskaya no trata sobre nosotros, sino de lo que podrían estar haciendo otras civilizaciones en peligro. Para la investigadora, toda la actividad necesaria para conseguirlo podría crear firmas tecnológicas y artefactos que delataran su presencia con emisiones electromagnéticas, infrarrojas, u otros fenómenos inusuales y detectables desde la Tierra. Todos ellos fruto de un esfuerzo titánico de esas civilizaciones para sobrevivir a la muerte de las estrellas que les vieron nacer. Puede que algún día terminen su viaje y lleguen a un nuevo sistema planetario amigable donde establecerse definitivamente y empezar de nuevo…

Este artículo ha sido publicado originalmente en este sitio.

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