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Ciencia

¿Por qué los murciélagos son los únicos mamíferos que pueden volar?

Uno de los inventos más atrevidos de Leonardo da Vinci fue el ‘
Ornitóptero
‘ (del griego ‘ornitos’, pájaro; y ‘pteron’, ala), su máquina voladora. Para poder diseñarla se pasó incontables horas observando el vuelo de los animales, el resultado final fue un extraño armazón en el cual el tripulante se tenía que introducir y accionar unas enormes alas con sus brazos, ayudado de un complejo sistema de palancas de mano, pedales y poleas.

Y es que la adaptación de los animales al medio aéreo ha cautivado nuestra atención desde tiempos inmemoriales, las diferentes adaptaciones de los animales para poder volar siendo objeto de estudio por parte de los científicos de todas las épocas.

A lo largo de la historia tan solo cuatro grupos de animales han sido capaces de conquistar el medio aéreo: los pterosaurios, las aves, los insectos y los murciélagos. Cada uno de ellos lo ha conseguido por vías diferentes.

Los pterosaurios fueron los primeros vertebrados que consiguieron un vuelo sostenido y fue gracias, entre otras adaptaciones, a que sus alas estaban formadas por una prolongación del cuarto dedo de la mano. El diseño de las alas, la excelente aerodinámica para planear y una potente musculatura pectoral -anclada al esternón- han sido las principales adaptaciones morfológicas en el caso de las aves. Por su parte, los insectos han logrado que sus alas formen parte del exoesqueleto y que se muevan mediante la contracción de la musculatura del tórax.

Cuando el murciélago era un ave
En el Levítico, Dios entabla una conversación con Moisés y su hermano Aaron en relación a los animales que pueden comer y aquellos que se consideran impuros. En el versículo 13 se recoge el listado más completo de aves de toda la Biblia. Allí se dan cita el águila, el quebrantahuesos, el azor, el milano, el avestruz, la lechuza, la gaviota, el búho, el somormujo, la cigüeña, la abubilla y el murciélago. Y es que en aquellos momentos todo lo que volaba era considerado como un ave.

El ‘gazapo bíblico’ no ha sido la única vez que se ha incluido al murciélago como ave. Más recientemente, en el año 2021, este mamífero fue declarado el ‘Pájaro del año’ de Nueva Zelanda, un premio que otorga la asociación neozelandesa Forest & Bird –Bosque y pájaro- para concienciar de los peligros de extinción de la fauna local y apoyar las políticas de conservación. Era la primera vez en la que un mamífero era galardonado con este prestigioso reconocimiento.

En Nueva Zelanda el murciélago de cola larga (
Pekapeka-tou-roa
, en lengua maorí), que se encuentra estrechamente emparentado con otros cinco murciélagos barbudos que viven en Australia, es endémico y está en peligro de extinción.

El murciélago neozelandés es de pequeño tamaño y tiene una larga cola unida a sus patas traseras por un patagio, una singularidad que le permite distinguirle de otras especies.

Adaptaciones del murciélago al vuelo
Los murciélagos pertenecen al orden Chiroptera (del griego cheir, mano, y pteron, ala) y son los únicos mamíferos capaces de sostenerse en el vuelo por sí mismos. Esto lo han conseguido gracias a que sus dos extremidades delanteras se modificaron y fueron el soporte de una membrana delgada y resistente conocida como patagio. Básicamente se trata de una extensión de la piel del abdomen que se extiende hasta la punta de los dedos, uniendo las extremidades con el cuerpo.

El patagio no es exclusivo de los quirópteros, también forma parte de la anatomía de algunos roedores como las llamadas ‘ardillas voladoras’, gracias al cual pueden planear.

Además del patagio, los murciélagos tienen otras adaptaciones morfológicas al vuelo. Sus estructuras más largas son los huesos de la mano (metacarpales) y de los dedos (falanges), lo cual les permite controlar el patagio durante el vuelo. A todo esto, hay que añadir que disponen de una musculatura propia en el patagio y que utilizan músculos adicionales, a nivel de pecho y espalda, para poder accionar sus alas en sentido cráneo-caudal.

Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación.

Este artículo ha sido publicado originalmente en este sitio.

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