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Ciencia

El ADN revela el origen de los primeros ricos y pobres de la Península Ibérica

Hace unos 4.000 años, todavía en la prehistoria, surgió en el sureste de la Península Ibérica una sociedad sin parangón, tan sofisticada que no podía compararse con nada conocido hasta entonces en Europa occidental. Conocida como El Argar, se extendió por lo que hoy es Almería, Murcia y Alicante y llegó a ocupar un territorio equivalente a la moderna Bélgica. Por primera vez se formaron castas y apareció, con toda su crudeza, la desigualdad económica: los poderosos explotaban a la servidumbre. Los asentamientos se fortificaron de manera asombrosa y los cuerpos de los difuntos ya no acababan en una fosa común, sino en tumbas individuales. Diferenciación hasta en la muerte. Los pudientes, fueran hombres o mujeres, eran enterrados rodeados de joyas y bienes. Los desposeídos, sin nada, como habían vivido.

«Era una sociedad con una jerarquización social tan importante que la consideramos incluso estatal», afirma Cristina Rihuete Herrada, del Departamento de Prehistoria de la Universidad Autónoma de Barcelona. «La gran cuestión es cómo llegó a formarse una cultura así en la Edad del Bronce en la Península Ibérica. ¿Fue impulsada de forma totalmente autónoma por gente local o tuvo la influencia de otras sociedades estatales?», se pregunta la investigadora. Como las vasijas y objetos arqueológicos pueden dar pistas pero no cuentan la historia completa, los investigadores de la Autónoma y de los Institutos Max Planck para la Ciencia de la Historia de la Humanidad (Jena) y Antropología Evolutiva (Leipzig) decidieron recurrir al ADN. Secuenciaron el genoma completo de 136 esqueletos que vivieron entre el 3000 y el 1500 a.C. Los resultados, unidos a los datos genómicos ya obtenidos de otros dos centenares de individuos ibéricos, se publican esta semana en la revista ‘Sciences Advances’. Y son concluyentes: la gente de El Argar tenía ascendencia de una doble migración: la esteparia y la del Mediterráneo.

Descendientes de las estepas
«Gracias al ADN podemos ver la movilidad que había en la época prehistórica, su velocidad e incluso el impacto en las sociedades locales», explica Roberto Risch, también profesor de Prehistoria en Barcelona. La ascendencia de los yamnayas, la antigua estirpe esteparia que montaba a caballo y poseía carros, ya la sospechaban. Se trata de un componente típico de poblaciones que salieron de Europa del Este -en la actualidad Ucrania, Polonia o Bielorrusia- y atravesaron lentamente el continente hasta que en 2400 a.C. llegaron al norte y centro peninsular, algo conocido desde hace algunos años. Siglos más tarde, estos sucesores de los yamnayas alcanzaron el sureste peninsular y se mezclaron con la gente local.

«Un punto importante -matiza Rihuete-Herrada- es que estas migraciones esteparias se han planteado como una conquista, una invasión, pero nuestro estudio demuestra que, aunque efectivamente hay una ancestría antigua, no es de nueva generación, sino que se fue larvando durante varios siglos. No se trata de alguien nuevo que de repente llegó e hizo algo diferente».

Sin embargo, la migración del Mediterráneo central u oriental sí resultó una sorpresa. «Es un componente del que no sabíamos nada. Mientras hubo poblaciones moviéndose por Europa de este a oeste, también hubo otras que transitaron por el Mediterráneo. Y esos dos flujos migratorios coincidieron en el sureste peninsular con una población local muy dinámica y desarrollada pero aparentemente con alguna crisis. Los tres forman el origen de El Argar», señala Risch.

Lo que los científicos aún no tienen claro es por qué en el tercer milenio se produjo un movimiento migratorio tan grande. El científico explica que hay varias hipótesis: «Un cambio climático, una epidemia… En Europa, tanto en el centro como en el Este, tenemos evidencias de la presencia de una primera ola de peste. Pudo ser una combinación de las dos cosas. También pudo haber una crisis económica de gran alcance que llevó al fin de las sociedades del calcolítico, de la Edad del Cobre».

Entierro colectivo de la Edad del Cobre del Camino del Molino (Caravaca de la Cruz, Murcia), donde 1.300 individuos fueron enterrados entre 2900-2300 a. C.

Universidad de Murcia / Francisco Ramos
Diademas y alabardas
En efecto, desapareció la cultura de Los Millares de Almería o la de Vila Nova de São Pedro en Portugal. En los grandes poblados como Valencina de la Concepción (Sevilla), se abandonan las necrópolis colectivas. Sin embargo, surge El Argar y las tumbas son individuales. «Aparecen unas élites muy distinguidas. Los hombres llevan adornos de oro y plata y armamento, como alabardas, mientras que las mujeres también destacan por adornos de plata que son verdaderos emblemas políticos», describe el investigador. Ejemplo de ello es la preciosa diadema de plata encontrada en la tumba principesca de una mujer en el yacimiento de La Almoloya (Pliego, Murcia). Pero estos poderosos «son una minoría. Mientras el 10% de las tumbas pertenecen a la élite, el 40%, las de los explotados, no contienen ningún tipo de ajuar», continúa.

Alrededor de 1900 a.C. El Argar se puede considerar el primer estado en suelo europeo fuera del Egeo. La primera sociedad con una clase dominante, que introduce un sistema tributario para centralizar los recursos de la economía en poblados que ya no estaban en lomas o llanuras, sino encaramados en cerros muy bien protegidos, como la Bastida en Totana (Murcia). «Fue la primera ciudad de Europa fuera del Egeo, muy similar a las fortificaciones del Egeo y el Mediterráneo oriental, por lo que es muy posible que las migraciones llegadas desde allí también contribuyeran al desarrollo de estas estructuras defensivas con murallas que generó un nuevo tipo de organización política», señala Risch.

Para los investigadores, las nuevas técnicas de las ciencias experimentales, como las que impulsan el estudio del ADN, suponen una revolución que ayuda a responder cuestiones de relevancia histórica.

Mujeres poderosas y enjoyadas
En la sociedad de El Argar, la población masculina parece residir en los asentamientos mientras que hay una mayor variabilidad en las mujeres. «Esto no significa que las mujeres no tengan poder. Al contrario, quizás esta movilidad entre poblados significa que tenían un papel social muy relevante», indica Roberto Risch. La importancia femenina se revela en la tumba principesca de la Almoloya, donde una mujer fue enterrada con ornamentos de plata muy notables, objetos de «una sofisticación y una técnica excepcionales, mucho más ricos que los ajuares del hombre enterrando un poco tiempo antes que ella». Según el investigador, «que las relaciones de parentesco sean de tipo patrilocal no significa que las mujeres no hayan jugado un papel muy importante a nivel político y social».

Este artículo ha sido publicado originalmente en este sitio.

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