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Ciencia

Extraños y enormes agujeros se abren en el fondo marino del Ártico

El hallazgo, llevado a cabo por científicos del Monterey Bay Aquarium Research Institute (MBARI), se acaba de publicar en ‘Proceedings of the National Academy of Science’. En su artículo, los investigadores explican que los agujeros se van formando a medida que el permafrost sumergido, la capa de suelo congelada bajo el fondo, se derrite y causa perturbaciones en el lecho marino. Algo que parece estar relacionado con los sistemas de agua subterránea caliente, que se mueven lentamente a lo largo del tiempo.

Alrededor de una cuarta parte de la tierra en el hemisferio norte es permafrost, o suelo congelado. Al final de la última glaciación (hace 12.000 años), el derretimiento de los glaciares y el aumento del nivel del mar dejaron bajo las aguas grandes franjas de permafrost. Y hasta hace poco, este permafrost sumergido había sido inaccesible para los investigadores. Pero ahora, gracias a los avances tecnológicos y al hecho de que el cambio climático ha hecho que el hielo se retire, esa remota región del Ártico se ha vuelto accesible para los científicos, que pueden realizar estudios detallados y evaluar lo que sucede en los fondos marinos.

«Sabemos que están ocurriendo grandes cambios en el paisaje del Ártico, pero esta es la primera vez que hemos podido implementar tecnología para ver que los cambios también están ocurriendo en alta mar -afirma Charlie Paull, geólogo del MBARI y primer firmante del estudio-. Si bien los sumideros submarinos que hemos descubierto son el resultado de ciclos climáticos glaciales e interglaciales a más largo plazo, sabemos que el Ártico se está calentando más rápido que cualquier otra región de la Tierra».

Doce años de investigación
Ya en 2010, mientras realizaban los primeros levantamientos cartográficos de parte del borde y la pendiente de la plataforma en el mar canadiense de Beaufort, los investigadores encontraron una banda de terreno del fondo marino inusualmente accidentado a lo largo de un tramo de 95 de los 185 km de la plataforma ártica. Tramo que en el pasado marcó la línea de costa durante el Pleistoceno. El equipo se preguntó qué podría haber causado esas irregularidades.

Para comprenderlo, se realizaron tres estudios más en 2013, 2017 y 2019, en los que ya utilizaron submarinos autónomos (AUV) y sonares de última generación. Y ahí fue cuando se detectaron los hoyos, profundas depresiones con paredes escarpadas y de forma irregular. El mayor de esos hoyos tiene la friolera de 225 metros de largo, 95 de ancho y 28 de profundidad.

En su artículo, Pauli y su equipo atribuyen estos ‘sumideros’ al colapso intermitente del lecho marino debido al calentamiento gradual del sedimento del permafrost congelado bajo la plataforma ártica desde el final de la última edad de hielo. Lo que significa que, por lo menos en esta ocasión, el fenómeno no tiene que ver con el calentamiento provocado por el hombre.

En palabras de Pauli, «no tenemos demasiados datos a largo plazo sobre la temperatura del fondo marino en el mar canadiense de Beaufort, pero la información disponible no muestra una tendencia al calentamiento, lo que descarta que el cambio climático antropogénico provoque cambios drásticos en el terreno del fondo marino. En su lugar, es el calor transportado por los sistemas de agua subterránea que se mueven lentamente lo que está impulsando estos cambios».

El colapso de los fondos
El mecanismo propuesto por los científicos es el siguiente: a medida que el calor de esos sistemas de agua subterránea va descongelando el permafrost bajo la Plataforma Ártica, parte del suelo que antes estaba congelado se vuelve líquido, lo que hace que los materiales que tiene encima colapsen, formando así los hoyos.

En algunas áreas, al contrario, el aporte del agua subterránea cálida es más limitado, por lo que el agua de mar en el suelo se mantiene lo suficientemente fría como para congelar cualquier agua subterránea que se filtre y alcance los sedimentos cerca de la superficie. Ese sedimento congelado se expande, elevándose para formar pequeños montículos cónicos llamados ‘pingos’. Estos montículos congelados se alternan con los sumideros, produciendo la inusual rugosidad que los investigadores detectaron por primera vez en 2010.

En su estudio, además, Pauli y sus colegas mostraron también que los sumideros se expanden con el tiempo. «La ampliación continua de algunas depresiones observadas en múltiples encuestas -escriben en su artículo- indica que el desarrollo de estas depresiones es parte de procesos en curso».

Este artículo ha sido publicado originalmente en este sitio.

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