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Arte

El robo de película del Duque de Wellington de Goya

Apenas llevaba tres meses expuesto en la National Gallery de Londres cuando el retrato del Duque de Wellington de Francisco de Goya desapareció junto con su marco en la noche del 21 al 22 de agosto de 1961. Sesenta años después, la primera pinacoteca del Reino Unido conmemorará este extraño robo con la muestra de algunos documentos relacionados con el caso, como la nota de rescate manuscrita por el ladrón, la recompensa emitida por Scotland Yard o el comunicado que divulgó el museo en respuesta a las peticiones del asaltante.

Muchos de ellos es la primera vez que se exponen, según dijeron a Efe fuentes de la National Gallery, que confirmaron que los documentos seguirán a buen recaudo en su Centro de Investigación, fuera del alcance del público.

Goya retrató a Arthur Wellesley, primer duque de Wellington, después de que entrara victorioso en Madrid en agosto de 1812, tras derrotar a las fuerzas francesas de Napoleón. Era un hombre bajo, pero el artista aragonés lo pintó en una pose erguida, como si quisiera parecer más alto, pero tal y como señala la National Gallery, su mirada no es la de un triunfador sino la de un hombre exhausto por la batalla.

Tras diversas vicisitudes, la pintura fue vendida en junio de 1961 en pública subasta al estadounidense Charles B. Wrightman, pero una gran campaña de protesta en el Reino Unido obligó a las autoridades inglesas a adquirir el lienzo para evitar que saliera del país. «Pagaron por el 140.000 libras esterlinas (unos 24 millones de pesetas) y no ha sido asegurado», recordaba el corresponsal de ABC en Londres Alfonso Barra en la primera nota del robo que escribió con urgencia.

Los empleados de la National Gallery se percataron de la desaparición del retrato a las siete de la mañana del 22 de agosto. «El cleptómano que intervino en la ratería ejecutó una obra maestra dentro del género, tan artística casi como la tabla robada. Hasta ahora sigue la búsqueda, sin haberse descubierto ningún indicio que guíe los pasos hacia el paradero del ladrón o del cuadro. Es el «golpe» de pinacotecas mejor conseguido y puesto en práctica desde que el 21 de agosto de 1911 el italiano Peruggia distrajo del Louvre el retrato de Monna Lisa», decía Barra. No es de extrañar que apareciera en la trama del primer filme de James Bond, «Agente 007 contra el doctor No», de 1962.

La National Gallery llegó a ofrecer una recompensa de 5.000 libras para quien facilitara al recuperación del cuadro. La Policía recibió una lluvia de cartas anónimas que aseguraban poseer el lienzo y pedían un rescate. Entre ellas, una decía querer destinar el dinero a una organización muy activa en promover el desarme nuclear. Otra, a obras benéficas.

La famosa obra de Goya fue recuperada en mayo de 1965 en la consigna de una estación ferroviaria de Birmingham, después de que el misterioso ladrón enviase la contraseña de consigna y una nota anónima a la redacción del periódico londinense «Daily Mirror».

Kempton Bunton
, un taxista de 61 años, se entregó poco después a la Policía y confesó ser el autor del robo. Durante cuatro años había pedido en diversas ocasiones un rescate de 140.000 libras que debían destinarse a comprar licencias de televisión para personas sin recursos. El veterano taxista dijo haberse colado por la ventana de los baños del museo, haber descolgado el cuadro y habérselo llevado tranquilamente por el mismo sitio por el que entró. La Policía sospechó de su testimonio, ya que dudaba de que con su edad hubiera llevado a cabo el robo. Fue condenado a tres meses de cárcel por «robar el marco», que no restituyó. El jurado se convenció de que siempre tuvo la intención de devolver el cuadro y no intentó en ningún momento «guardar o vender» la obra.

En 2012 se supo que fue su hijo John quien escaló la pared de la National Gallery por una cuerda dejada por unos albañiles, entró en los baños del museo y se llevó el cuadro para entregárselo a su padre. Éste había emprendido diversas acciones para que los pensionistas dejaran de pagar las licencias para ver la televisión. «Se lo di a mi padre para que lo utilizara en su campaña por los pensionistas pero al final lo íbamos a devolver a la National Gallery. Me dijo que no confesara, me lo ordenó. Era su deseo», reconoció Bunton hijo a la policía, que no tuvo suficientes pruebas y no pudo imputarle.

Este artículo ha sido publicado originalmente en este sitio.

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