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De tal Bala tal Balita: la saga Lozano continúa

Anda de mudanzas
el equipo nacional de boxeo
, ubicado desde hace meses en un gimnasio más grande dentro del CAR de Madrid. Se le había quedado pequeño el anterior, donde apenas cabían un cuadrilátero y un puñado de sacos. El crecimiento del grupo, acompañado de buenos resultados, invitó al seleccionador Rafa Lozano a pedir un cambio y en esas anda todavía, adecuando el espacio a las necesidades de una selección en la que la paridad es una realidad. En el entrenamiento vespertino que presencia ABC las chicas son mayoría y en ellas tiene mucha ilusión puesta la Federación, pues de ese grupo tiene que salir la primera olímpica nacional. Miran todos los presentes con ilusión hacia París 2024, incluido el más joven, cuyo nombre y asombroso parecido físico con el seleccionador le delatan.

Rafa Lozano júnior (Córdoba, 2004) es hijo del que fuera doble medallista olímpico y que ahora dirige al equipo nacional. A ambos se les encienden los ojos cuando hablan del otro. Admiración mutua. El joven púgil está de vacaciones después de haber conquistado hace solo unas semanas el oro en el Europeo joven de Montenegro, el primer español en conseguirlo. Aun así, le gusta pasar por el entrenamiento del equipo absoluto porque sabe que aprendiendo de los mejores es cómo llegará a cumplir su sueño de ser campeón olímpico. Porque a pesar de sus 16 años, el joven púgil tiene claros sus objetivos y no le tiembla el pulso al hablar de ellos. «He visto muchas veces las medallas olímpicas de mi padre y me he imaginado ganando una y se me ponen los pelos de punta. Es un sueño que quiero cumplir y espero que sea en París», explica con una seguridad que asusta. Sobre todo, porque a esos Juegos de 2024 llegaría con apenas 19 años. «Ya ha habido boxeadores que han sido campeones olímpicos siendo muy jóvenes y si ellos lo han podido conseguir yo creo que también puedo hacerlo», sentencia bajo la atenta mirada de su padre.

Sabe el seleccionador que el camino no es fácil. Al menos, el suyo no lo fue y difiere mucho del que está siguiendo su hijo. «Yo con su edad boxeaba en un pueblo, en Puente Genil, y tenía un estilo de boxeo muy diferente. Era de corta o media distancia y apenas tenía técnica. La fui adquiriendo luego cuando entré en el equipo nacional. Le veo a él ahora y está a años luz de lo que yo era con 16 años. Para que os hagáis una idea, yo debuté en una velada modesta en el pueblo y él lo hizo en un campeonato de Europa», explica marcando las diferencias de casi treinta años de evolución en este deporte.

Cuando Lozano padre fue medallista olímpico (bronce en Atlanta 1996 y plata en Sídney 2000), Rafita aún no había nacido. «Me he visto todos sus combates en Youtube y era un boxeador muy completo. Viéndole no creo que yo fuera capaz de ganarle… al menos por ahora», bromea.

De los goles al ring
Ver peleas de boxeo es la gran pasión de Rafita, al que le cuesta desconectar del deporte. «Suelo ver mucho ahora a los españoles como Kiko Martínez, Sandor Martín o Sergio García. Está de moda el boxeo profesional español y los sigo mucho, pero también me veo peleas amateur, en las que el ritmo es distinto y es donde más tengo que fijarme ahora para mejorar». Lo hace también en sus compañeros de la selección. En Youba Sissokho o Gabi Escobar, maestros para un Balita que apunta alto, pero que de niño quería ser futbolista del Real Madrid. «Soy más blanco que el escudo. A ver si algún día, si gano el oro olímpico, me llevan a hacer el saque de honor al Bernabéu», señala divertido, mientras echa la vista atrás, a aquellos días en los que el fútbol ocupaba la mayor parte de su tiempo. «Un día, estaba en el coche solo después de un entrenamiento y me acuerdo que fue cuando me decidí por el boxeo. Me vi más futuro ahí que en el fútbol y desde entonces no me he arrepentido ni un solo día», explica.

Es cierto que su progresión ha sido muy rápida, pero le vienen por delante dos años muy duros. El próximo, el último de júnior, será una prueba para comprobar su regularidad. El siguiente, con los Juegos en el horizonte, el primero en categoría élite, en el que deberá luchar dentro y fuera del equipo nacional por esa plaza en los Juegos. Lozano padre, el Bala, tiene claro que no habrá trato de favor. Tendrá que batirse el cobre con sus compañeros para alcanzar la gloria olímpica.

Con su padre en la piel
En el menudo cuerpo de Rafa Lozano júnior (48 kilos y 153 cm. de altura) hay ya varios tatuajes. Los más importantes, la fecha de nacimiento de sus abuelos -«son un pilar muy importante en mi vida»- y una imagen de él con su padre caminando hacia el ring, quizá el más importante por el impacto que Rafa sénior ha tenido en su carrera deportiva

Este artículo ha sido publicado originalmente en este sitio.

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