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Judit Polgar «Mi vida es más interesante que la de Beth Harmon en 'Gambito de dama'»

En el mundo del ajedrez, Judit Polgar no necesita presentación. Si el lector no es aficionado debe saber que Beth Harmon, personaje protagonista de ‘Gambito de dama’, no tendría nada que hacer contra ella. La vida de la jugadora húngara es además mucho más interesante, aunque tuvo «la suerte de no acabar en un orfanato tomando pastillas». La menor de las tres hermanas Polgar no solo es la mejor jugadora de la historia; es la única que ha estado en el top 10 absoluto.

Cuando logró el título de gran maestro, con 15 años, estableció un nuevo récord, que ostentaba Bobby Fischer desde los años 50. Judit Polgar lideró la clasificación femenina durante 26 años, el doble de los que tenía cuando inició su reinado, en 1989. Hace siete, decidió quitarse la corona para dedicarse a su fundación y a la difusión del ajedrez como herramienta educativa.

El mundo descubrió a Judit Polgar (Budapest, 1976) cuando solo tenía 12 años. Fue en uno de los contados torneos femeninos en los que ha participado, en la Olimpiada de Tesalónica. Judit no es la mujer que pudo reinar, sino la que se negó a hacerlo. Habría ganado el campeonato del mundo femenino de calle. Su hermana Zsuzsa (ahora más conocida como Susan) lo conquistó varias veces, de hecho. La hermana mayor se ‘conformó’ con el título después de sufrir durante años el castigo de su propia federación, que no le permitía salir del país si se ‘empeñaba’ en participar en competiciones masculinas.

El secreto de las Polgar
La gran maestro húngara participó el pasado fin de semana en el Marca Sports Weekend, en Sevilla, donde ofreció una charla, dio una sesión de partidas simultáneas y concedió esta entrevista a ABC. En la capital andaluza explicó el verdadero secreto de la educación que le dieron sus padres, tres pedagogos que nunca llevaron a sus hijas al colegio. «Tuvimos suerte, porque mis padres no nos limitaron nunca. Recibí el mensaje de que podía ser tan buena como cualquier niño. Crecí con esa idea y es lo que transmito a mis hijos. Todavía hoy, cuando un entrenador se topa con una niña con talento, le dice que puede ser campeona mundial femenina. Si es un chico, le cuenta que será como Magnus Carlsen. Es como decirle a una chica que puede conseguir un doctorado y animar al chico a conseguir el Nobel».

Pero volvamos a orillas del mar Egeo. Judit (12 años), Sofia (14) y Zsuzsa (19) acabaron en la Olimpiada de Tesalónica con la hegemonía soviética. La ‘culpa’ fue de la FIDE (Federación Internacional), que entonces no permitía los equipos mixtos. La pequeña Polgar fue la jugadora más destacada del campeonato, al lograr 12,5 puntos en 13 partidas. «Empezaron a tomarme en serio», recuerda, pero aún no como uno más, hasta que el gran maestro indio Viswanathan Anand fue el primero que las aceptó en el club: «No hay nada que decir, es una más entre nosotros», zanjó. «Fue el mejor piropo», asegura Judit.

Sofia, Judit y Susan Polgar (de izquierda a derecha) tenían 12, 14 y 19 años cuando ganaron el oro a los rusos en la Olimpiada de Tesalónica – Archivo familiar Polgar
A la propia ajedrecista le cuesta unos segundos elegir entre sus logros, pero acaba decidiéndose por su llegada al top 10 absoluto y al duelo a diez partidas en el que ganó Boris Spassky, en 1993. «Fue el primer campeón del mundo al que derroté». En 2003 venció también a Kasparov, uno de los que se habían burlado de ella, con el mérito añadido de que Garry era entonces número uno del mundo. Otros muchos campeones mundiales han tenido también que inclinar alguna vez su rey ante la gran dama del ajedrez: Magnus Carlsen, Anatoly Karpov, Vladimir Kramnik, Vasily Smyslov, Veselin Topalov y el propio Anand, entre otros.

Judit Polgar,
Judit Polgar recuerda que, al principio, muchos jugadores asimilaban mal sus derrotas contra una chica: «Se indignaban con frecuencia o los otros se reían del que había perdido. A veces no me daban la mano cuando se rendían, pero cada vez menos. Los momentos más desagradables ocurrieron cuando yo era una niña, pero desde que fui gran maestro a los 15 todo fue mejor». La húngara, por otro lado, no ve fácil que una mujer logre el campeonato del mundo absoluto en los próximos años. Ni siquiera lo considera una prioridad: «Prefiero ver a tres mujeres entre los diez mejores que a una campeona, porque implicaría que tienen la misma mentalidad que los hombres».

¿Nunca sintió la carga de representar a las mujeres o de ser un modelo para las niñas?

No realmente, porque desde muy pequeña viví con naturalidad el hecho de enfrentarme a los hombres. Jugar al lado de mis hermanas y contra otras chicas en dos Olimpiadas fue la excepción, junto con un Mundial sub 16 cuando tenía 10 años. Como jugadora, tampoco sentía que representaba a nadie. Después, entendí que había conseguido algo muy especial y que mucha gente me veía como un gran ejemplo, pero quizá sea ahora cuando más siento que tengo una especie de influencia. Pero nunca sentí un gran peso sobre mis hombros.

Se sabe que la Federación de Ajedrez y el Gobierno de su país maltrataron a la familia Polgar, pero se ha hablado muy poco de lo que hizo la FIDE cuando regaló puntos Elo al resto de jugadoras para equilibrar la clasificación mundial.

Fue en 1986, en la Olimpiada de Dubái, y la Federación Húngara lo apoyó. Afectó mucho a mi hermana Susan, porque era la número uno del mundo en esa época. Con el cambio de regulación, pasó a ser la número 2. Fue un golpe muy duro para ella en su carrera. Yo era muy pequeña y no podía entender bien lo ocurrido.

Usted y Susan han colaborado después con la FIDE. ¿Nunca comentaron la injusticia que se había cometido?

No. En la Federación de mi país y en la internacional ya no están los mismos líderes. No puedes cambiar nada del pasado.

Con todos los ataques recibidos, probablemente sus padres sufrieron más que nadie y fue un gran alivio cuando ganaron el oro en Tesalónica.

Desde luego, fue una gran satisfacción para mis padres, incluso aunque ellos pensaran que nosotras íbamos a triunfar en un mundo de hombres como era el ajedrez. También fue un gran avance para Hungría. A partir de ese momento, muchas personas comenzaron a mostrarse agradecidas. Admitieron que era algo especial para el país. Cambió muchas cosas, aunque ese no era nuestro objetivo real, porque ganamos el oro femenino, no el absoluto, pero nos dio un estatus completamente diferente en Hungría. La gente empezó a reconocernos por la calle. Fue un salto hacia otra dimensión.

¿Superar tantos obstáculos desde niñas tuvo un efecto positivo en el tablero, la convirtió en una luchadora más fuerte?

Suelo dar las gracias a mis padres, mis hermanas, mis entrenadores… y a mis enemigos y rivales. Eso es cierto en varios sentidos, pero también fue muy difícil. Obviamente, habría sido mejor tener menos enemigos y dificultades.

¿No cree que su vida merece una serie tanto o más que la ficticia Beth Harmon, protagonista de ‘Gambito de dama’?

Hicieron un documental muy bueno, pero solo se ha podido ver en algunos festivales. De todos modos, ‘Gambito de dama’ es una serie estupenda, que llegó en el momento justo y ha obtenido un gran éxito. Estoy agradecida porque hizo una gran publicidad del ajedrez. A mucha gente le sirvió para volver a practicar ajedrez y a otros para empezar de cero. Una de sus grandes virtudes es que no hablaba de política. Solo de los personajes y del juego. Es cierto que la vida de Beth fue más desgraciada, por las pastillas y el orfanato, pero por supuesto mi vida ha sido más interesante.

Después de ver el gran éxito de la serie, ¿no sintió la necesidad de ponerse a escribir un guión sobre su vida?

Mucha gente me lo ha dicho. Hay muchos productores que buscan grandes historias, pero la nuestra es tan rica y compleja que se podría escribir de diez maneras diferentes. Puedes utilizar mi perspectiva, el punto de vista de mis hermanas, el de mis padres… Puedes centrarte en la educación, en la cuestión de género y por supuesto en los aspectos políticos. Hay tantos ángulos posibles que estoy segura de que algún día se hará algo. La idea está ahí, pero de momento solo se han hecho cosas en el terreno del documental, no una película o una serie.

Sobre el tablero era una jugadora de ataque formidable. Sus partidas son espectaculares e incluso salvajes. ¿De dónde nace ese estilo? ¿Forma parte de su personalidad?

Es interesante cómo los ajedrecistas se convierten en un tipo de jugador o en otro. Lo discutí hace tiempo con Vladimir Kramnik. Él tiene un estilo opuesto, muy posicional y me explicaba quizá fuera un factor decisivo que su primer libro fuera de Karpov. Mi padre se dedicó de una forma extrema a transmitirnos la belleza del ajedrez y nos enseñaba el juego de Morphy y Lasker y las partidas más espectaculares. Así que empecé a practicar ese tipo de ajedrez y, como tuve éxito, seguí por ese camino. Pero no soy una persona agresiva. Nunca busco el conflicto. Eludo las discusiones. Me gusta seguir mi propio camino, no destruir a los otros.

Y sin embargo, le encanta derramar sangre sobre el tablero.

Sí, pero ni siquiera soy una persona retorcida. No me gusta mentir ni hacer trucos. Soy muy directa. Digo lo que pienso y actúo en consecuencia.

Hablando de trucos, ¿ha perdonado a Kasparov por el día que le hizo trampas? (Ocurrió en Linares, en 1994, cuando el campeón soltó un caballo durante una fracción de segundo e, incumpliendo la primera regla del juego, lo movió finalmente a otra casilla. Un vídeo demostró después lo que hizo ‘la mano de Dios’, anterior al gol de Maradona en México).

Lo he perdonado, porque fue una situación muy estúpida y es la única partida de mi vida en la que por mucho que analizo, no sabría decir cómo debería haber actuado. Creo que no fue una buena decisión por mi parte (no reclamar) y que pese a todo fue la correcta. Si no existiera ese vídeo, sería un asunto olvidado. Era muy arriesgado, yo no sabía que se había grabado. Muchos habrían pensado que acusaba a Kasparov de hacer trampas cuando yo estaba en una posición perdida. Para mí es importante pensar que él me superó en la partida, que jugó mejor. Me dolió un poco que hiciera aquello, pero me dolió mucho más que después de conocerse el vídeo muchos siguieran diciendo: «No, es imposible, porque Garry no es de esa clase de personas». Yo creo que no lo hizo a propósito…

Pero él tuvo que saber que la había soltado…

…y que luego se quiso convencer a sí mismo de que no había ocurrido. También creo que muchas personas habrían actuado igual en esa situación. Era improbable que nadie lo hubiera visto, que hubiera quedado grabado… En realidad, la cámara estaba a 20 metros. Solo ganaron fueron los medios. Fue malo para mí y malo para él.

Creo que ahora su relación con Kasparov es buena.

Sí, completamente.

¿Qué ajedrecistas son sus mejores amigos? Pienso en Anand, por sus palabras.

Es difícil. Tengo una relación bastante buena con Kramnik, pero en general me llevo bien con todo el mundo.

Su marido es veterinario, pero se ven muchas parejas de ajedrecistas y la mayoría de las veces él es mejor jugador que ella. ¿Hacen falta hombres sin complejos para estar con las mejores jugadoras?

Hay unas pocas parejas en las que la mujer es más fuerte, como Pia Cramlin y Juan Manuel Bellón, pero es verdad que no demasiadas. Si los dos son profesionales, quizá sea difícil para el hombre cuando no es el mejor.

¿Y por qué es tan difícil o incluso imposible ver buenos jugadores entre los hijos de los grandes campeones? Eso no ocurre en otros deportes ni en el mundo de las artes.

No lo sé. Yo nunca me lo planteé ni presioné a mis hijos. También es más difícil para ellos. Cuando jugaban de niños, enseguida había gente que comentaba: «Son los hijos de…» y se creaban demasiadas expectativas. Y eso que en casa no tenían ninguna presión.

Susan, Sofia y Judit Polgar – Judit Polgar Foundation

¿Fue un problema para su hermana Sofia cuando dejó la competición?

Ella era la artista de la familia.

Usted también ha creado arte.

Sí, pero sobre el tablero. Y me gusta mucho el arte, pero ella además pinta. Es más artística. Estaba más interesada en otras cosas. Si hubiera sido mejor ajedrecista que yo, habría sido una especie de estrella perdida, pero Susan era mejor por la edad y aunque al principio Sofia me superaba, yo mejoré muy rápido y enseguida ella estuvo a mi sombra.

¿Había competencia o algún pique entre las hermanas?

No, en realidad fue muy bonito, porque Susan me apoyó siempre y estaba muy orgullosa de mí. Cuando yo solo tenía diez u once años ella dijo muchas veces que yo iba a ser la mejor de las tres. Eso me ayudó, sobre todo porque teníamos muchos enemigos o gente escéptica, en Hungría y también fuera. Hasta cierto punto, éramos como una empresa, una ‘startup company’. Por eso estábamos tan unidas y nos hacían tan felices los resultados de las otras.

Si no se hubiera retirado en 2014, aún sería una de los mejores ajedrecistas del mundo. ¿De verdad no echa de menos la competición?

No, porque ya no entreno. Dejé esa vida definitivamente. Para ser muy bueno y seguir siéndolo en algo, tienes que dedicar la mayor parte de tu tiempo. No te queda energía para otras cosas. En ajedrez ya di lo máximo que tenía. Requiere un esfuerzo extremo mantener el nivel que tenía. Ahora me dedico a la educación y a promocionar el ajedrez. Organizo un festival, tengo una fundación, doy conferencias, ayudo a difundir el ajedrez.

¿Cuándo se dio cuenta de que no ganaría el campeonato del mundo?

No lo sé. Para ser honesta, de alguna manera siempre soñé con ganarlo, pero solo como un sueño. Tampoco me dije nunca que no lo conseguiría. Los sueños son sueños. Te los puedes tomar más o menos en serio, pero es mejor ponerse metas altas para acercarte luego lo máximo posible. No podría decir cuándo supe que no llegaría a ser número uno del mundo, ni podría decir que siempre pensé que llegaría a serlo. Fue más como una meta para obligarme a llegar más lejos.

También es una excelente comentarista, trabajo que repetirá en el próximo Mundial, entre Carlsen y Nepomniachtchi.

Sí, para Chess24. Me gusta porque me trae recuerdos de mi propia carrera. Y me atrae el lado psicológico de los jugadores, cómo se preparan, cómo superan la tensión. Es muy interesante.

¿Tiene alguna oportunidad de ganar ‘Nepo’?

Por supuesto, tiene su oportunidad, aunque está claro que Magnus es el favorito. Para ganar, a Nepo no le basta con jugar bien, necesita alguna ayuda de Carlsen.

¿Sigue siendo importante el respaldo de la ‘maquinaria rusa’?

No es tan fuerte como lo era en los tiempos de la Unión Soviética. Entonces era hegemónica. Ahora hay grandes jugadores rusos, pero también surgen muchos de otros países, como Firouzja, de Irán, o el propio Magnus, de Noruega. También en la India y en China tienen a un gran número de niños de gran talento. Ya no es una cuestión de Rusia contra el resto del mundo, como antes.

¿Tiene alguna propuesta para evitar el eterno problema de las tablas?

Es muy difícil encontrar una solución mejor. Nosotros también tenemos nuestros desempates, las partidas rápidas, que son como los penaltis en el fútbol. Por supuesto, ningún jugador quiere perder. Hay otros sistemas. En algunos torneos se juega una partida más rápida de desempate después de unas tablas. No es mala idea. Creo que los jugadores se adaptan bastante bien a los nuevos sistemas. Es difícil saber qué es mejor. Supongo que depende de si lo vemos desde un punto de vista profesional o como espectadores. Es complicado que sea justo, entretenido para la audiencia y emocionante. Cualquier desempate es doloroso. Pese a todo, creo que es lo mejor que tenemos.

En España todas las competiciones oficiales son mixtas, pero la FIDE todavía separa en dos categorías: absoluta y femenina. ¿Qué sistema le gusta más?

Apoyo con fuerza lo que hacen en España. Cuando yo organizo un torneo con mi fundación y en el festival anual, donde participan 40.000 niños, nunca separamos a los chicos de las chicas y ni siquiera damos premios por separado.

Eso puede hacer que la mayoría de las chicas se queden sin premio.

Sí, pero es un buen acuerdo. Creo que es un gran comienzo, pero hay que tener en cuenta que lo hago solo una vez al año, en un torneo con escolares, de hasta 12 años. En primer lugar, es solo un juego. Al principio muchas chicas se quedarán sin premio, pero es bueno a largo plazo. No separas a los niños y a las niñas en las competiciones de matemáticas.

En la charla, ha hablado de los consejos que le daba a una joven jugadora húngara, que es muy guapa. Le dijo que sería bueno para ella no vestir de forma tan provocativa. Muchas chicas no lo van a entender.

Quizá no debí decirlo, pero creo que es un consejo práctico y por supuesto ella puede no hacerme caso. Es solo mi experiencia. Yo sé que la gente mira de otra manera a las chicas si visten de un modo bonito y que es más fácil triunfar si tienes buena apariencia, pero en una gran empresa, por ejemplo, te pueden despedir el primer día por vestir de forma inapropiada.

¿Ha tenido alguna vez problemas con sus hijos por motivos similares?

La cuestión es que yo creo que puedes vestir como quieras, pero también entender las consecuencias. Si vistes de una manera sexi, no te sorprendas si la gente te ve como una chica sensual y no se fija tanto en tu cerebro. Es lo que va a ocurrir. Es lo único que digo. Yo lo viví así, destaqué por mi juego y no me imaginé nunca vistiendo de un modo sexi en los torneos. Era suficiente para ganarme el respeto de todos. Esa es mi experiencia. No digo a las niñas lo que tienen que hacer. Les doy un consejo que a mí me fue bien. Por supuesto, las cuestiones de género son material sensible. Criar a una niña o un niño es muy difícil y no quiero limitar su libertad. Solo digo que en la vida hay algunas reglas, que nos pueden gustar o no, pero están ahí. No puedes cambiar la mayoría, pero si las entiendes y las sigues, puedes llegar más lejos. Eso es todo.

Uno que no seguía demasiadas reglas fue Bobby Fischer. Los Polgar lo acogieron en su modesto piso de Budapest. Tuvo que ser una fuente continua de sensaciones contradictorias.

Fue divertido. Él era interesante, por supuesto. Era especial conocer a una leyenda como Fischer. Nadie se le acerca en ese sentido. Pero también fue muy extraño para una familia judía hablar con él. Es la prueba de hasta qué punto la gente puede llegar a confundirse. Quizá lo lógico hubiera sido que ni siquiera le dirigiéramos la palabra, pero como jugador de ajedrez era un dios. De alguna manera, apreciábamos la leyenda. Y él no fue descortés con nosotros, pero sí en sus declaraciones y en sus ideas, y en no creer en hechos históricos.

El siguiente campeón fue Karpov. Cuando jugaba contra Korchnoi usted era muy pequeña, pero ¿dónde estaba su corazón, aunque sea visto de manera retrospectiva?

He escuchado un montón de historias. Me encontré con ambos muchas veces en el tablero. Incluso tuve alguna sesión de entrenamiento con Karpov. Él visitaba Hungría a menudo. Fue uno de los duelos más curiosos de la historia, por la parapsicología y todas esas cosas. Korchnoi fue un jugador muy muy especial y tenía un carácter único. Pero Karpov también.

¿Cuáles son sus películas de ajedrez favoritas?

Me gustó mucho ‘La defensa Luzhin’, en parte porque el ajedrez está retratado a la perfección. Se asesoraron muy bien. Jonathan Speelman les ayudó. Y me gustó mucho ‘Gambito de dama’, porque está muy bien rodada: su color, la fotografía, la música, la época está perfectamente retratada… Anya Taylor-Joy construye fenomenal su personaje. Y la serie no tiene nada que ver con la política, lo cual es muy importante para mí. Aquí el ajedrez estaba en el centro. Se muestra la construcción de un personaje y el ajedrez es la herramienta para mostrarlo. Además, las partidas que se ven fueron creadas por Pandolfini y Kasparov. Por ese lado está muy cuidada también.

Un día cualquiera en casa de la familia PolgarUn experimento polémico
Klara y Laszlo Polgar eran profesionales de la educación, no demasiado satisfechos con los métodos de enseñanza habituales. Su teoría, demostrada con éxito aunque con una muestra algo pequeña, es que los genios no nacen, sino que se hacen. Eligieron el ajedrez como campo de pruebas y decidieron no llevar a sus hijas al colegio. Ellos mismos les daban clases en casa, con un refuerzo importante en idiomas. Las tres niñas destacaron sobre el tablero hasta límites insospechados y sembraron el pánico entre los ajedrecistas adultos masculinos. También probaron que una mujer puede jugar igual de bien que cualquier hombre.

Por otro lado, los Polgar recibieron los ataques más duros de la prensa húngara y de la Federación de su país. Decían que las tres niñas habían «perdido la infancia». «Yo viajé desde los siete años, algo impensable en la Hungría de aquella época», replica Judit, orgullosa como sus hermanas del innovador métodos que aplicaron sus padres. «A la gente no le gusta cuando haces las cosas de una manera diferente. Lo hablábamos a diario. Desde los 13 años tuve claro que sería una ajedrecista profesional y que tenía un gran futuro».

¿Qué se puede hacer entonces para acortar la brecha entre hombres y mujeres en el ajedrez? «Creo que no hay ningún gran paso. No creo que mañana desaparezcan las competiciones femeninas, lo que tendría más efectos negativos que positivos. Influye más la actitud de los padres, la sociedad, los entrenadores… Si tienen una forma sana de criar a los niños y les ponen las mismas expectativas y les apoyan todos los días para conseguir sus sueños, es el mayor paso que podemos dar. No debemos desviar la responsabilidad. Todos podemos hacer algo. El conjunto de los pequeños cambios pueden llevar a un gran cambio».

Si le gustó tanto el método Polgar, ¿por qué no han criado igual a sus hijos? Porque mis padres eran ambos profesores y educadores. Tenían habilidades pedagógicas y trabajaban en nosotras desarrollando su sistema y estilo de vida. Fue muy especial y funcionó bien. Fue un paso muy valiente de mis padres. Sabían que tenían décadas de trabajo, porque los resultados no fueron inmediatos. En cambio», prosigue Judit, «mi marido es veterinario y yo ajedrecista. No tenemos la misma capacidad para enseñar. Simplemente ofrecemos a nuestros hijos la oportunidad de viajar y aprender idiomas, entre ellos el español, porque me encantan España y América latina. Viajar es una de las herramientas educativas más importantes, pero los dos, mi hijo de 17 y mi hija de 15, han ido al colegio y han llevado una vida normal».

Este artículo ha sido publicado originalmente en este sitio.

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