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Koeman resucita de entre los muertos antes del clásico

Port Aventura tiene por Halloween un pasaje del terror en la zona mexicana que se llama ‘La muerte viva’. De entre todos los zombies, es extraño que no hayan puesto a uno con la cara de Ronald Koeman.

El Barça ya no está a la altura de ‘jugarse la temporada’, una temporada que todo el mundo sabe que está perdida; pero sí la dignidad, exactamente lo contrario, por cierto, de lo que significa incluir a Lenglet en el once inicial, que empezó como siempre fallando y tuvo suerte de que los exsoviéticos son rudos, y duros, pero muy malos. Ahora tú imagínate ser de Kiev, lo terrible que ha de ser como para encima ser un virtuoso del fútbol. Ni del fútbol ni de nada, con lo duro que ya es sobrevivir. Esto hay que tenerlo en cuenta, y no tanto para ser magnánimo con este equipo, sino para entender que no es serio que, ni siquiera un Barça en crisis, pierda el tiempo y el dinero en partidos que ya se sabe que no van a tener ninguna importancia.

Qué bien se lo pasa Dest desde que Koeman le hace jugar de extremo, y qué plácido se presentó el partido de ayer desde el principio. El Barcelona se confirma como un equipo joven y voluntarioso, muy tierno, capaz de competir pero sin ninguna posibilidad ante los grandes. La gran pregunta no es el destino –inevitablemente aciago– que le espera al Barça esta temporada sino si todo esto servirá de algo. Lo más urgente es si Laporta podrá aguantar a Koeman si las derrotas, y las decepciones, se suceden. Lo más a largo plazo es qué solución buscamos para la próxima temporada, porque esto puede aguantar, con suerte, este curso, pero si al próximo no volvemos a la élite, no sólo el técnico y los jugadores van a tener problemas.

La pobre entrada (a pesar de la hora) siendo un partido de la Champions da una idea de hasta qué punto la afición desconecta cuando las expectativas son bajas y los contrarios son irrisorios. Hacía tiempo, mucho tiempo, que el Barça no causaba semejante desinterés en su afición, semejante dejadez de sus socios, lo que redunda decididamente en la idea que no sólo el equipo, sino el club, necesita un revulsivo. Es verdad que el desánimo general es atribuible a la degradación que han implicado las presidencias de Sandro Rosell y Josep Maria Bartomeu, pero este Barcelona es también el final de trayecto de la indigencia intelectual, moral y espiritual de sus socios, de modo que si una banca de inversión judía se hace con la propiedad del club no sería sólo lo justo sino lo conveniente. No hay ningún barcelonismo de los actuales socios de la entidad, ningún amor a los colores, ningún patriotismo que pueda compensar su suma estupidez, su torpeza histórica, su pésimo gusto, su error sistemático cada vez, o casi cada vez que ha sido llamado a las urnas. Goldman Sachs con su mala leche, Goldman Sachs con su dinero, Goldman Sachs con su afán por hacerse con un club de fútbol de primer nivel mundial para poder ejercer el poder y la influencia correspondientes es mucho más fiable que esta masa amorfa, inculta y funesta que es y representa la masa social barcelonista.

Y además es lo que hay, lo que se está preparando. En menos de 10 días deberemos más de 2.000 millones de euros a los inversores judíos, poco acostumbrados, como así tiene que ser, a perdonarle nada a nadie. El equipo, en cualquier caso, daba la razón a la afición que se ausentó en el estadio y, pese a dominar el juego, ofreció una imagen caótica, poco talentosa, vulgar, basando su juego en centrar balones al área, el típico recurso barato de los equipos menores y sin imaginación. Luuk de Jong empezó a recibir el reproche de la grada, fallando todo lo que intentaba sin que la dificultad de la acción lo justificara. El público se animó cuando Koeman mandó calentar a Ansu, y tal ánimo se concretó en el terreno de juego de manera casi automática y Piqué abrió el marcador de un durísimo remate. La euforia del gol no evitó que el respetable continuara pitando al exdelantero del Sevilla y tal vez por ello fue sustituido tras el descanso por Coutinho. Ansu entró por Mingueza.

Ansu salió como siempre a por la luz, y siendo la luz, presionando, arriesgando, y tomándose alguna licencia seguramente frívola que hizo enfadar a Koeman. No es un buen negocio hacer enfadar a Koeman, y esto incluso los jóvenes con talento tendrían que entenderlo, pero es verdad que en el caso de Ansu hay que reconocerle el derecho a tomarse alguna licencia, aunque sólo sea porque es el único argumento, la única alegría que nos eleva por encima de las tinieblas.

Tras estos destellos, el partido transcurrió sin pena ni gloria, sin ninguna emoción, y sólo la entrada del Kun devolvió algo de nervio en la grada. Este grito de ‘Kun, Kun’ tiene algo de tam-tam selvático y se parece en el sonido a otros gritos proferidos por la grada que han sido considerados ofensivos. No pasó nada más, ni bueno, ni malo, ni regular, el Barça controló el partido sin crear nada especial, pero sin ponerse en riesgo, y mostró algo más de madurez que en otros partidos en que tuvo que administrar una victoria por la mínima, no siempre con tanto éxito.

Con la victoria contra el Valencia y la de este miércoles, más fácil y menos meritoria, pero al fin y al cabo victoria, e importante, porque mantiene vivo al equipo en la Champions, Koeman ha sido capaz de ganar un crédito que todo el mundo daba por agotado. De ser un cadáver viviente, como los que en ‘La muerte viva’ de Port Aventura te asaltan por las esquinas, hasta el punto que llegó a despedirse de los periodistas en una rueda de prensa, al modo de Van Gaal, ha pasado a encadenar dos victorias y a encarar un clásico que si pierde por la mínima no parecerá una gran derrota. Contra el Dinamo el equipo no brilló, pero cumplió, que es mucho más de lo que esperábamos de este equipo hace poco más de quince días. Laporta respira, los que tenemos en Koeman a nuestro ídolo despejamos contradicciones, y en este vivir al día culé, bastante miserable comparado con otras épocas no tan lejanas, pero que por lo menos no es la absoluta depresión de hace un mes, tenemos un cierto derecho a afrontar la visita al Bernabéu con algo de ánimo. Y algo, también, aunque sin pasarse, de esperanza.

Este artículo ha sido publicado originalmente en este sitio.

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