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La crisis de Evergrande arrastra al rey del fútbol chino

La crisis de la constructora china Evergrande es tan grande que se ha contagiado hasta el mundo del fútbol. Con 200.000 empleados y negocios en sectores tan diversos como los coches eléctricos y el agua envasada, esta gigantesca compañía tiene hasta un club de fútbol. Pero no un equipo cualquiera, sino el mejor de China: el Guangzhou Evergrande, ganador de ocho ligas y dos Champions asiáticas. A pesar de su fama y su legión de seguidores, hoy está al borde de la quiebra como su empresa matriz.

Y no es que el club sea el culpable de la astronómica deuda de Evergrande, que asciende hasta los 300.000 millones de dólares (256.208 millones de euros). Pero, sin duda, debe de haber contribuido por no haber escatimado inversiones para ser uno de los grandes del fútbol asiático. Fundado en 1954 en la ciudad de Cantón (Guangzhou), era un modesto que ganó la segunda división china en 2007, pero dos años después fue descendido por los escándalos de amaños. Intervenido por las autoridades, en 2010 fue comprado por 100 millones de yuanes (13 millones de euros) por la inmobiliaria Evergrande, que enseguida le dio su nombre y, lo más importante, todo su dinero.

Desde entonces, y a golpe de talonario, el club no solo ascendió en su primera temporada como Guangzhou Evergrande, sino que ha logrado ocho de las diez ligas jugadas y dos Copas de la Liga de Campeones de Asia, en 2013 y 2015. Con el lema «Sé el mejor para siempre», fichó a importantes jugadores internacionales y a técnicos de prestigio como el italiano Marcello Lippi y el brasileño Luis Felipe Scholari. En la actualidad, el entrenador es Fabio Cannavaro, que cobraba uno de los sueldos más altos del mundo del fútbol hasta que las nóminas dejaron de pagarse hace un mes por los problemas financieros de la inmobiliaria.

Solo diez años antes, el Guangzhou Evergrande se permitía el lujo de pagarle al argentino Dario Conca la que, según informaban los medios entonces, era la tercera ficha más cara del mundo, tras las de Messi y Cristiano Ronaldo. No era el único. A principios de 2016 fichó al delantero colombiano Jackson Martínez, que jugaba en el Atlético, por 42 millones de euros. Y, en 2019, compró por 40 millones a Paulinho al Barcelona. Durante aquellos años de bonanza, clubes chinos como el Guangzhou, el Shanghai SIPG y el Jiangsu Suning se gastaban más de 400 millones de euros en fichajes, al nivel de los equipos de España, Inglaterra, Alemania, Francia e Italia.

En el caso del Evergrande, o Hengda en mandarín, sus directivos no solo tiraban la casa por la ventana en fichajes, sino también en proyectos faraónicos. En 2011 pagaba una millonada al Real Madrid para un bolo de sus giras de verano. En 2012 abrió la mayor escuela de fútbol del mundo en Qingyuan, que le costó 1.000 millones de yuanes (131 millones de euros). En abril del año pasado, empezó la construcción de un gigantesco estadio con forma de flor de loto que también iba a ser el mayor del planeta con 100.000 asientos. Con un presupuesto de 1.400 millones de euros, sus obras pueden quedarse sin terminar, como muchas de las urbanizaciones que Evergrande está levantando por toda China y ya carecen de fondos.

Todo a pesar de que el otro copropietario es Taobao, la plataforma de comercio electrónico que pertenece al gigante Alibaba. Por 1.200 millones de yuanes (163 millones de euros), la empresa del magnate Jack Ma compró casi la mitad de las acciones en 2014. Pero, desde entonces, ha venido sufriendo unas pérdidas enormes que en 2019 alcanzaron los 233 millones de euros, que tuvo que asumir la empresa inmobiliaria.

Con todo este derroche de dinero, los magnates de los clubes chinos pretendían congraciarse con el presidente Xi Jinping, gran forofo de este deporte, para así tener más repercusión social y ampliar sus negocios. Pero la escuela del Evergrande no ha dado en casi una década ni un solo jugador al equipo y el campeón del año pasado, el Jiangsu Suning, también ha quebrado por sus problemas financieros.

En su intento por revolucionar el fútbol de este país, el presidente del Evergrande, Xu Jiayin, ha nacionalizado a los brasileños Elkeson, Goulart, Fernandinho y Carvalho y al británico Browning para que jueguen con la selección china, que llegaron a entrenar Lippi y Canavaro. Pero ni estos vasos comunicantes ni la pasión del presidente Xi por el fútbol podrán librar al club de la ruina de Evergrande.

Este artículo ha sido publicado originalmente en este sitio.

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