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Militao, el jefe de una defensa que necesita mejoras

Ancelotti asegura que el Real Madrid tiene pelotas («¿se puede decir pelotas?») y piensa que para ganar hay que jugar bien y tenerlas. Eder Militao cumple lo dos requisitos. De ser suplente fijo hace seis meses ha pasado a ser el jefe de la retaguardia blanca. En cuanto le dieron un ramillete de partidos para demostrar su nivel. Las lesiones de Ramos y de Varane le permitieron jugar y dar una alegría al club, que pagó 50 millones por él hace dos años y ahora comprueba que los vale con creces.

Las bajas, primero, y el adiós, después, de Ramos y Varane, permitieron jugar al central brasileño y demostrar su nivel

Su carrera cambió el 3 de abril, cuando fue titular por obligación ante el Huesca, dadas las bajas, y respondió. El central acabó con su ostracismo y pasó a ser fijo en el once de Zidane, que no había confiado en él hasta entonces. Militao le demostró que tenía que haber tenido más minutos mucho tiempo antes. Ahora es protagonista fijo con Carlo Ancelotti.

Alto, delgado, rápido, fogoso, con fibra, suma 19 partidos consecutivos desde aquel 3 de abril. Solo Courtois ha competido tanto como el brasileño. Esta temporada ha completado los seis encuentros entre Liga y Champions. El adiós de Ramos y de Varane le ha dado vía libre para consagrarse.

Ancelotti señala que el sistema defensivo debe mejorar. No habla precisamente de Militao, ni de Alaba, se refiere a que los mediocampistas y los puntas también deben defender. El club blanco puede decir con propiedad que en el Real Madrid juegan Militao y diez más.

Y eso que a Eder, su nombre en la cocina blanca, no le gustaba el fútbol y hoy es el mejor central del Real Madrid. De niño, sus aficiones eran la cometa y montar en bicicleta. Hoy vuela muy alto, como su cometa, para marcar un gol decisivo para su club y ser el número uno en el once de Zidane. «No era un gran seguidor del futebol», reconocía Eder Militao cuando comenzó a destacar en este deporte, en las filas del Sao Paulo. Fue su padre, Valdo Militao, que jugó en el Corinthians y en otros equipos brasileños de menor fuste, quien se encargó de hacerle que le gustara el balón, hasta llegar a ganar la Copa América con Brasil y ser jugador del Real Madrid. Y eso que esto de la pelota no le atraía. Ahora se ha convertido en un baluarte de Ancelotti, como lo ha sido de Zidane, tras dos años en los que no destacó porque sencillamente nunca le dieron una continuidad de partidos para demostrar su valía. Cuando ha disfrutado de ese protagonismo se ha ganado la titularidad.

Su padre es el culpable. A los doce años le inscribió en el Proyecto Camiseta 10, dirigido por su amigo Agnello Souza. Valdo le veía jugar en el barrio y observó una velocidad, una calidad en el pase y una capacidad ofensiva que le hizo apuntar al niño. A los 13 años era mejor que los de 15, que ya eran palabras mayores. Lo llevó a pasar las pruebas del Sao Paulo. A la tercera lo cogieron. Diez años después ha hecho olvidar los 50 millones pagados por el Real Madrid al Oporto en 2019, el precio más caro abonado en la casa blanca por un defensa. A los trece años era interior, pero Geraldo, entrenador de la cantera del Sao Paulo, le hizo defensa. Aunque no le gustaba, hoy es el mejor central del Real Madrid

Aquella decisión de papá de insistir tres veces en el Sao Paulo cambió la vida del zagal, que sin embargo se tomó aquel reto como un juego, sin obsesión. «La paciencia es mi virtud, nunca me desespero», subraya el brasileño. Le salió bien. Con esa edad dejó su casa de Sertãozinho y pasó a vivir interno en la sede de la cantera de Cotia, donde se forman los chicos, a 346 kilómetros de sus padres. Hoy triunfa a ocho mil kilómetros de distancia, en el Real Madrid. El sacrificio mereció la pena.

Cuando llegó al centro de entrenamiento del Sao Paulo hace diez años jugaba de interior. Pasados seis días, su entrenador, Geraldo, inolvidable en su carrera, le cambió de posición. Primero le puso como mediocampista de ataque, pues tenía buen disparo. Pero acabó siendo central. Ese puesto no le gustó a Éder, quería tener el balón, no defender. Su padre le dijo que si eligieron hacerle central era porque vieron cualidades para ello, gracias a su velocidad y su buen rendimiento aéreo. Acertaron. Hoy es el mejor central del conjunto blanco.

Allí, en Cotia, no dejó de jugar con la cometa. Le relajaba. Iban a prohibírselo, pero al ver la felicidad que sentía al volarla, los dirigentes de la cantera dijeron que le dejaran manejarla. Era su forma de superar la presión. Hoy también la ha superado en el Real Madrid, tras soportar críticas muy duras para un joven que jugaba de vez en cuando. Se ha asentado en el once del técnico italiano, como lo hizo con Zizou al final de la temporada pasada.

Este artículo ha sido publicado originalmente en este sitio.

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