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Economía

Hacer obras en Lisboa es más caro que en Madrid o Barcelona

Hacer obras de remodelación en casa tiene un precio mucho más elevado que en Madrid o Barcelona, según certifica un estudio de la consultora internacional Cushman and Wakefield.

La diferencia se refleja en los 1.000 euros de coste por metro cuadrado de media que registra la capital portuguesa, por los 825 de las dos ciudades españolas.

Es una prueba de la falta de competitividad, lo cual desemboca en un gasto mínimo de 750 euros y un máximo de 1.400 por metro cuadrado, dependiendo de la zona lisboeta en cuestión. Una oscilación que, por ejemplo, en Milán y Roma pasa de 650 a 1.300. De manera que el valor se ha disparado a orillas del Océano Atlántico, donde construir casa ha subido un 14,3%.

Con todo, el sector inmobiliario comercial en Lisboa vive una inusitada explosión y alcanzará este año la cifra récord de 3,6 mil millones de euros, pues la demanda de oficinas no deja de crecer.

¿Y cuáles son las razones que explican semejante contexto? Uno de los ejecutivos más destacados de Cushman and Wakefield, Matthew Smith, lo tiene claro: la escasez de materias primas, los problemas de suministro de materiales y la falta de mano de obra. Los componentes eléctricos, el aluminio, los trabajos de carpintería o el vidrio son los más afectados por los vaivenes del mercado en los últimos meses. Se trata de una escalada que parece no tener fin.

«En términos reales, el coste se ha incrementado entre un 15 y un 20%, una circunstancia que se mantendrá a lo largo de este 2022», dice antes de puntualizar: «No puede olvidarse que las cadenas de abastecimiento han quebrado por la pandemia y por la invasión de Ucrania», asegura el mismo portavoz.

Las obras en las oficinas (y también en los domicilios) continúan su curso, pero normalmente ven un tiempo de demora que puede cifrarse en torno al 30 o 40% con respecto a los plazos habituales.

En el caso del valor de los inmuebles, ya lo predijo Standard & Poor’s con un informe en el que concluía: «La fuerte demanda doméstica y extranjera, así como la escasez de la oferta, está promoviendo unas fuertes subidas de los precios que se pagan por las casas en Portugal».

El Ayuntamiento de Lisboa confirmó la eclosión imparable y sus servicios urbanísticos detectaron que un tercio de los inmuebles del centro de la capital se destina para el alojamiento, convertido en un negocio en esta ciudad de moda (incluso en periodo de pandemia).

El poder adquisitivo de los demandantes foráneos está muy por delante de los locales y cada vez la avalancha resulta más elevada. Por eso, los empleados de las remodelaciones suelen priorizar a los clientes de otros países. De hecho, los residentes de toda la vida se ven desplazados y obligados a echarse en brazos del mercado de alquiler en la periferia.

Los lisboetas se lanzan a colocar en internet decenas de casas disponibles para estancias cortas, que son las más solicitadas. Y numerosos edificios destartalados se renuevan a golpe de lavado de cara urbanístico, toda una fuente de ingresos para las arcas municipales a través de la concesión de licencias.

Obras, obras, obras y, en distritos lisboetas como Santa Maria Maior o Misericordia, la cantidad de turistas sobrepasa a la de vecinos, con el metro cuadrado por encima de los 3.000 euros. ¿Hasta cuándo se va a manifestar esta ascensión difícil de frenar? ¿No hay manera de establecer unos límites?

Una proposición no de ley en la Asamblea de la República ha querido devolver el protagonismo ciudadano a las comunidades, pero aún está por comprobarse su eficacia real. Y es que la mayoría de los residentes en un portal puede bloquear a quienes ponen sus apartamentos en renta si consideran que hay demasiado ruido o cualquier otra circunstancia.

La decisión final en este tipo de situaciones corresponderá siempre al Ayuntamiento, ahora comandado por el moderado Carlos Moedas. Mientras tanto, el Fondo Monetario Internacional ha alertado al país vecino sobre los riesgos que conlleva sustentarse demasiado en la fuerza del turismo como motor económico. Pero transcurren los meses y la tendencia sigue al alza.

Se habla de un ‘efecto Barcelona’ que puede transformar Lisboa en un enclave prohibitivo para el modesto poder adquisitivo local. De momento, la cesta de la compra ya lo retrata, así como este subsector de las reformas que tanto ha escalado y que se traduce en el clásico «sí, sí, sí»… que finalmente se traduce en una subida muy fuerte de los costes, pues los análisis de Cushman and Wakefield (expertos inmobiliarios de raíces neoyorquinas) no dejan lugar a dudas debido a su precisión ‘clínica’.

Este artículo ha sido publicado originalmente en este sitio.

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