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Economía

Visión española para guiar la vigilancia terrestre desde el espacio

Si hay una industria en la que los proyectos colaborativos son moneda corriente y permiten alcanzar los desafíos más elevados, esa es la aeroespacial. Un movimiento de sinergias empresariales interterritoriales en el que las empresas españolas buscan consolidar un protagonismo creciente. Un ejemplo reciente es el proyecto Nemos (Novel Earth and Maritime Observations Satellite), en el que participan nueve compañías europeas (desde pymes a gigantes como Thales) de cinco países, y que está coordinado por la firma española Satlantis.

Encuadrada en el marco del Programa Europeo de Desarrollo Industrial en materia de Defensa (EDIDP en sus siglas inglesas), el principal objetivo de este proyecto colaborativo es diseñar una misión de pequeños satélites para observación de la Tierra. Se prevé la puesta en órbita a través de un minilanzador que combinará pequeños satélites ópticos en órbita LEO, capaces de tomar imágenes en el espectro visible e infrarrojo, con una muy alta resolución (por ejemplo, para vigilar líneas costeras, zonas portuarias o demás infraestructuras críticas). Más allá de la seguridad y la defensa del territorio, esta iniciativa permitirá, gracias a su recogida de datos, unas mayores autonomía industrial y competitividad.

No es el primer proyecto europeo en el que Satlantis tiene un papel protagonista. Esta empresa vasca ya lideró Optisse, otro proyecto de vigilancia marítima desde el espacio del EDIDP. Y también formó parte activa de Copernicus, el ambicioso proyecto de la ESA (Agencia Aeroespacial Europea) diseñado para proporcionar información precisa, actualizada y de fácil acceso para mejorar la gestión del medio ambiente y garantizar la seguridad ciudadana.

La firma vasca, referencia internacional en tecnologías de observación de la Tierra a través de cámaras ópticas de altísima resolución, ha visto reforzados sus planes de internacionalización con la entrada en su capital de CDTI (a través de su instrumento de coinversión Innvierte), de Enagás Emprende, Sepi, Orza, Williams, BP Energy Partners, Encap, Axis-Ico, etc.

También en el ámbito europeo, la Comisión Europea está a punto de emitir su regulación sobre emisiones de metano para el sector de Oil&Gas, una actividad que Satlantis está desarrollando, especializándose en detección de metano mediante satélite, a través de un proyecto en colaboración con Enagás. La observación satelital facilita la detección de las fuentes de emisión de metano, pero, además, permite determinar, con gran precisión (y gracias a los avances en óptica y en aplicación de algoritmos) suelos contaminados, enfermedades en explotaciones agrícolas, etc.

Mientras, la compañía sigue dando pasos hacia adelante. Recientemente ha lanzado el minisatélite Urdaneta-Armsat1 (despegó de Cabo Cañaveral el 25 de mayo). Es su tercera misión espacial, con su primer satélite óptico para captar imágenes de alta resolución para planificación agrícola y medioambiental y de protección civil. «Estamos en el 50% de la puesta en servicio de una misión que durará cuatro años (señala su CEO, Juan Tomás Hernani), con atención a las temperaturas extremas y en pleno proceso de calibrado y colocación de cámaras».

Entornos competitivos
Satlantis es un ejemplo de una irrenunciable unión, ciencia y tecnología, que debe contar con apoyo público, no solo desde la subvención directa, como señala Hernani, sino con la creación de entornos competitivos para la iniciativa privada: «Se debería fomentar una cultura de comprar frente a la de subvencionar, para activar el desarrollo empresarial, el conjunto de empresas que compiten y facturan, y contratan. En España estamos preparados: somos competitivos en el ‘new space’ en Europa». En su caso, Satlantis comenzó con una escasa financiación (por ejemplo, de la Diputación de Vizcaya y del gobierno vasco) y mucho esfuerzo para, en la actualidad, conseguir confianza inversora.

En este sector de la nueva economía, Hernani destaca cómo la sostenibilidad puede ser, además, rentable: «Hay que monetizar la actividad medioambiental, como impulso para regular la actividad de observación de emisiones de gas, suelos contaminados, plásticos en el mar, etc. Así se conformará parte de una nueva economía, en torno a un ciclo de servicio necesario para la sociedad. Nos encontramos, por ejemplo, en un buen momento para relacionar la observación con la promoción del biogás y no depender de países como Argelia o Rusia».

Este artículo ha sido publicado originalmente en este sitio.

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