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Economía

La crisis alimentaria desata una batalla por las nuevas despensas globales, y los fertilizantes son una bomba de relojería latente

Con el conflicto de Ucrania están quedando al descubierto las raíces más profundas de la globalización, y con ello la manera en que puede ser usada como un arma de guerra muy persuasiva. En esa retícula de intereses se suma una crisis energética rampante, una epidemia no superada, la falta de grano y de fertilizantes, la interrupción de los circuitos logísticos y un problema climático severo con inundaciones y sequías en incremento. Todos ellos como un efecto dominó ponen en riesgo la seguridad alimentaria y arrasan con el status quo conocido, porque como establece José Matos, analista de Descifrando la Guerra en sus escritos, «definitivamente, la mundialización de la guerra se hará a través de los sistemas agrícolas y alimentarios… Y el poder alimentario, que es la capacidad que los países tienen de ganar influencia a través de los alimentos, será determinante y cambiante en los próximos años».

Por eso, apunta a ABC «cada país, tanto exportadores como netamente importadores de alimentos, se buscan, literalmente, la vida. Los habrá que implementarán políticas para volverse autosuficientes a largo plazo. Y otros, establecerán alianzas comerciales heterodoxas, con compañeros improbables». Los rendimientos de Ucrania como granero del mundo serán suplidos por otros que buscan afianzar su producción como despensa global. Al fin y al cabo, está en juego un mercado del grano valorado, según Bloomberg, en unos 120.000 millones de dólares. Y se plantean preguntas como cuánta presión soportarán los países occidentales frente a una crisis múltiple. Asimismo, la OTAN ya empieza a hablar de la `solución Carelia´ para Ucrania, ceder territorio a cambio de la paz.

Ucrania y Rusia suman un tercio de las ventas mundiales de trigo, el 55% del aceite de girasol y el 17% del maíz y la cebada. En conjunto, habrían exportado 16 y 14 millones de toneladas de maíz y trigo, respectivamente, solo este año, en cifras de la FAO. Queda abierta la cuestión de si Ucrania resurgirá de sus cenizas. Los campesinos trabajan la tierra con chalecos antibalas, la maquinaria agrícola está inutilizada, los repuestos son inaccesibles y hay un encarecimiento de los combustibles que dificultan sacar rendimiento de la tierra.

Músculo exportador

J
osé María García Álvarez-Coque, catedrático de economía de la Universitat Politécnica de Valencia, detalla que la cuestión no solo depende de en qué manos acabe este territorio, también de la capacidad de exportar. En ese sentido, Martín Varsavsky, profesor de emprendimiento en la Universidad de Columbia, apostilla que «el mar Negro está bloqueado para las exportaciones con Ucrania. Una de cada ocho calorías que se consumen en todo el mundo salen por el mar Negro. Es decir, es un cuello de botella enorme».

Matos opina que no es que no haya suficiente cantidad de cereales para alimentar a las personas. Lo que hay es un problema de distribución y accesibilidad. Y señala que en ese contexto, el caso de Rusia es ejemplar en cuanto al impacto que las sanciones económicas -que vienen siendo aplicadas desde 2014- tuvieron en su sistema alimentario: «
Rusia se ha vuelto más autosuficiente. Según un informe del USDA del año 2020, las sanciones económicas estimularon la producción nacional y redujeron la dependencia de la importación de alimentos».

Se dibuja a Siberia como un futura despensa del mundo. Esto es lo que revela el informe Demeter. Rusia tendría entonces un peso geoestratégico aún mayor. «Ver a Siberia convertida en uno de los graneros del mundo no es una utopía», afirman los autores del informe. En los próximos 60 años,
y si bien tendrán que enfrentarse a problemas climatológicos,
el aumento de las temperaturas duplicará la superficie cultivable de Rusia, de 220 a 420 millones de hectáreas. y su producción cerealista pasaría de 150 millones de toneladas de grano al año a 1000 millones en 2080.

Problema de fondo

El verdadero problema no es la escasez de grano, sino de fertilizantes para producir grano. Y Rusia controla buena parte de la oferta de fertilizante mineral. Es un problema geopolítico», afirma José María García de la UPV. Su importancia se evidencia en las palabras del investigador canadiense Vaclav Smil:«Dos quintas partes de la humanidad están vivas gracias a los fertilizantes nitrogenados. Los fertilizantes químicos (nitrógeno, fósforo y potasio) triplicaron la producción mundial de cereales y eso se tradujo en el mayor crecimiento de la población humana que jamás haya visto el planeta». Ahora el mercado se tambalea por las sanciones occidentales y las restricciones de Rusia a su exportación

En 2021, Moscú se situó como el principal exportador mundial de fertilizantes nitrogenados y el segundo proveedor de fertilizantes potásicos y fosforados, según la FAO. Y en lo que va del año los precios de los fertilizantes se incrementaron un 40%. El problema es que este aumento se suma a una subida del 100% de los en 2021. A ello se une el cierre del mercado bielorruso, que exporta el 40% del potasio. EE.UU. y los bancos mundiales han reaccionado para evitar las revueltas alimentarias de 2008. Mientras, el esfuerzo de los campesinos por dar con soluciones ha provocado una carrera por el estiércol. Además hay una industria que está produciendo nuevos productos de fertilización, más naturales o de economía circular que no dejan residuos, y Europa Occidental y Estados Unidos están avanzando en ese campo.La cuestión encierra una bomba de relojería latente.

Plan B
Además se pone sobre la mesa cuáles son las alternativas actuales para el mercado. La búsqueda de candidatos ha colocado al Cono Sur en una buena posición de salida, concretamente a países como Brasil, Argentina o Paraguay. Suramérica responde por el 13 % de la producción agrícola global, el 16 % de las exportaciones del sector y atesora el 23% de las tierras cultivables disponibles del planeta, indica José Perdomo, presidente ejecutivo de CropLife Latin America.

Perdomo lleva defendiendo desde 2019 que «la apuesta en tecnología consolidará a Suramérica como el granero del mundo». Ha destacado el uso de la nanotecnología para mejorar la eficacia de plaguicidas o la aplicación de la tecnología Crispr, que permite una edición genética que ya ha mejorado la resistencia del grano a ciertas bacterias. En Brasil, la superficie de trigo sembrada aumentará un mínimo de 3% y hasta 11%, señaló Embrapa Trigo, el mayor instituto mundial de investigación biotecnológica tropical. Y en lo que va de año ha exportado más trigo que en todo 2021.

Asimismo Argentina es el primer exportador de harina y aceite de soja. Ingresó 38.049 millones de dólares por exportaciones de cinco cultivos: soja, maíz, trigo, cebada y girasol en 2021. Mientras que Paraguay y Uruguay tienen menores volúmenes agrícolas, pero grandes rendimientos. Sin embargo, irónicamente Brasil no logra autoabastecerse de trigo, y los agricultores prefieren exportar el grano, por los mayores beneficios. Pero al mismo tiempo, el precio de aumentar las ambiciones es avanzar en las zonas de cultivo a base de deforestar el Amazonas. Y las sequías extremas están jugando una mala pasada
a Argentina, unido a necesidades internas de consumo, Todo ello rebaja las intenciones de los países del ConoSur para aumentar su peso como graneros del mundo.

Algo similar es lo que ha ocurrido en la India. Es el segundo mayor productor de arroz y trigo del mundo, exporta arroz a casi 150 países y trigo a 68. La guerra ucraniana señaló a la India para suplir el vacío que estaba dejando Moscú y Kiev, aunque los claroscuros de este granero están marcados por el empobrecimiento progresivo de los pequeños agricultores, con 10.000 suicidios en 2021. Sin embargo, sus exportaciones agrícolas superaron un récord de 46.300 millones de euros.

Pero la seguridad alimentaria interna ha prendido todas las alarmas debido al calor extremo y a las lluvias invernales excesivas. Y la India terminó anunciando la suspensión de la exportación de grano para asegurar su propio futuro. Jesús Gamero, colaborador de la Fundación Alternativas, señala que «el poder económico ya no va a ser la única variable, los factores climáticos y las necesidades internas tendrán más peso en su propia búsqueda de autoabastecimiento que la red global».

Bases sólidas
Una idea que hace que, mirando a Europa, encontremos u
n granero extremadamente eficiente que se lleva preparando desde hace dos décadas es Holanda. Aunque José María García, de la UPV, reconoce que «ve a Países Bajos más como un exportador de tecnología agraria, que como un productor». Martín Varsavsky explica que Holanda es el segundo exportador de comida del mundo. Aunque casi no posee tierra y tiene 17 millones de habitantes, mueve unos 80.000 millones de euros al año. Tiene una avanzada capacidad agrícola. Así, EE.UU. necesita 127 litros de agua para producir un kilo de tomates; China, 284 y Holanda solo 9.

Hace dos décadas, el Gobierno holandés se propuso un objetivo de lema ambicioso: «El doble de alimentos con la mitad de recursos», aplicando el modelo de innovación de la triple hélice, es decir, el trabajo conjunto de la administración, la empresa y la academia para acelerar el desarrollo económico. Levantando invernaderos ultramodernos con luces led en su interior que siguen funcionando independientemente de las inclemencias del tiempo, y con drones que monitorizan la zona, pantallas térmicas o robótica aplicada. Y todo ello, gracias al apoyo de la Universidad de Wageningen, la primera del mundo en agricultura. Tienen 140 proyectos en países en vías de desarrollo que están ayudando, por ejemplo, a mejorar el uso de sus recursos primarios.

En el panorama europeo también destaca Francia. El organismo agrícola FranceAgriMer informó que el 93 % de la cosecha de trigo blando del país está en buenas condiciones. Con una bajada de sus exportaciones a Argelia, debido a su apertura a las entregas de trigo ruso. Mirando más allá de Europa, operadores como Canadá, Estados Unidos o Australia son los graneros alternativos que están recibiendo mayores pedidos para solucionar la falta del grano. A nivel nacional, en España el ministro Lluis Planas ha llegado a recalcar ante la UE la importancia de mitigar el impacto de la guerra en la importación de cereal que resulta fundamental para el ganado español. Pero el analista Gamero apunta que «todos los esquemas se han trastocado y no permiten aplicar una PAC verde acordada antes de la guerra de Ucrania. Hay que hacer una PAC sostenible, buscando una redistribución geográfica de la España vaciada».

Las soluciones al grano que plantea Martin Varsavsky se asemejan a las reclamadas desde la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (GOAG) en marzo, que pide reducir la alimentación de los coches con biocombustibles. «Tenemos plantas de bioetanol funcionando con maíz, una materia de primera necesidad. Debería dedicarse antes al consumo humano y animal que a producir bioetanol», afirman desde COAG. Y consideran que habría que abrir el debate sobre el tamaño de la cabaña ganadera española, por encima de las necesidades del país y que consume mucho cereal para su alimentación. Gamero puntualiza que para todo ello se necesita agua: «No podemos seguir con el pan para hoy y hambre para mañana».

Rica y pobre a la vez
Este panorama hídrico es especialmente acusado en
África,
donde aún quedan millones de hectáreas de tierras en barbecho. El proyecto utópico de convertir el África subsahariana, históricamente uno de los lugares más hambrientos del planeta, en un nuevo granero del mundo ha desatado un apetito sin límite por parte de grandes corporaciones extranjeras. En Mozambique, con 36 millones de hectáreas de tierra cultivable, el Gobierno considera que casi el 85 % están sin explotar. Gamero señala que «la apropiación de tierras por China o los países del Golfo es creciente para asegurar las necesidades futuras de su población. Una suerte de
neocolonialismo
». Pero unas infraestructuras deficientes, mercados limitados, guerras civiles y la sequía obstaculizan este plan.

Un ejemplo destacable de tecnología en medio de un ecosistema falto de agua es Israel. El sector agrotécnico israelí es el segundo después de EE.UU. Esto ha sido posible porque el 17% del presupuesto agrícola total de Israel se destina a I+D. Y los kibutz son los grandes centros de innovación. Apostando por biopesticidas, desalinización, robots, IA o ‘blockchain’. Esa capacidad de previsión usando la tecnología es también lo que ha puesto en marcha Bill Gates, el mayor agricultor de EE:UU., con una superficie de cultivo de más de 108.000 hectáreas que busca una agricultura menos dependiente de los fertilizantes y la volatilidad del mercado. La idea detrás es hacer más con menos. Diversificar fuentes y aumentar la autosuficiencia es crucial, porque como afirma Gamero «no podemos seguir creyendo en cuentos de hadas donde los problemas de Occidente se solucionarán encontrando un nuevo granero que explotar».

Este artículo ha sido publicado originalmente en este sitio.

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