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Economía

El dinero digital del BCE tendrá poco que ver con el bitcoin

Hay quien tiende a identificar el bitcoin, y otros criptoactivos, con el dinero digital que acabarán emitiendo en unos años el BCE y sus colegas de otros países. Pero estamos hablando de instrumentos bastante diferentes.

El CBDC (dinero digital de banco central, por sus iniciales en inglés) es una nueva versión del dinero actual, en busca de una mayor eficiencia en los sistemas de pago. Y aquí radica la primera gran diferencia con el bitcoin y, en general, con los criptoactivos actuales, que no son dinero. Al menos por ahora. Porque no cumplen ninguna de las funciones básicas del mismo. Ni ser un medio de pago, al no resultar generalmente aceptados, más allá de intentos exóticos como en El Salvador, que ya veremos como acaba. Ni servir como depósito de valor, porque la fluctuación de su precio es brutal y el riesgo inconmensurable. Y, por eso mismo, no vale tampoco como unidad de cuenta. Son activos financieros intangibles que no devengan ningún flujo monetario a ingresar, a diferencia de la renta fija o la variable.

Otra diferencia básica entre ambos es el carácter oficial del CBDC frente a la independencia y descentralización que presentan el bitcoin y similares. Quizás sea éste el factor que más está empujando la emergencia de los criptoactivos tras una década de política monetaria muy expansiva en la que los bancos emisores han inundado de dinero los mercados. Provocando temor a su desvalorización, aunque en los países financieramente desarrollados la inflación no ha despuntado hasta hace poco. Lo que no ocurriría, en principio, con los criptoactivos independientes. En el bitcoin, por ejemplo, la oferta está limitada. Sus defensores consideran que les protegería de las habituales maniobras de los Estados para licuar sus deudas. Lo que resulta especialmente temible en países de gran inflación como, por ejemplo, algunos latinoamericanos.

«A diferencia de los criptoactivos, el dinero digital del banco central será transparente y su uso podría ser conocido sin dificultades»

Claro que todo tiene su contrapartida y aquí encontramos una nueva diferencia. Las monedas oficiales son dinero seguro, con el respaldo del banco central, y así ocurrirá con el CBDC. Incluso los activos financieros en ellas denominados suelen estar cubiertos por mecanismos de protección como los seguros de depósitos. Mientras los criptoactivos, por un lado, no tienen valor intrínseco, al carecer de flujos, y su valor depende exclusivamente de la oferta y la demanda. Y, por otro, su desamparo es grande ante cualquier pérdida de valor o ante irregularidades en un mundo digital vulnerable a la piratería…

Otra gran diferencia es que el CBDC será transparente y su uso podría ser conocido sin dificultades. En esto, desde luego, se diferencia incluso del dinero actual porque, aunque los depósitos bancarios dejan rastro, el empleo de billetes en efectivo no lo hace. Precisamente por eso hay quien acusa a los bancos centrales de estar promoviendo un mayor control de la población (ya se sabe que las teorías conspiratorias abundan últimamente…) y buscar la desaparición del efectivo. Es verdad que –teóricamente– parece que sería posible que todos los ciudadanos acabaran teniendo una cuenta en el banco central. Pero, si fuera así, sería limitando los saldos a un importe pequeño, para no distorsionar el sector bancario y preservar la estabilidad financiera (también el CBDC se podría instrumentar a través de los propios bancos privados). Pues bien, frente a esa transparencia, los criptoactivos son opacos e incluso ésta parece una característica muy buscada por una parte de los intervinientes en su tráfico. De hecho, hay organismos oficiales que les acusan de servir para lavar dinero y encubrir actividades ilícitas.

Por último, lo que no podemos olvidar es que los bancos centrales –y los gobiernos– tienen en su mano la regulación. Tienen la sartén por el mango y, si se plantean lanzar dinero digital, es porque quieren seguir teniéndola. Desde luego, es poco imaginable que se la dejen arrebatar y creo que solo tolerarán los criptoactivos privados, sin tomar medidas, mientras no amenacen su monopolio. Pero, si su capitalización creciera mucho, es probable un despliegue de normas que los intentara frenar.

Carmelo Tajadura es economista

Este artículo ha sido publicado originalmente en este sitio.

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