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Internacional

Biden acusa a Trump de poner «una navaja al cuello» de EE.UU.

En su año corto de presidencia Joe Biden no ha prestado excesiva atención a Donald Trump y sus inacabables lamentos de fraude electoral, a pesar de que hace exactamente un año, el 6 de enero de 2021, una insurrección y saqueo del Capitolio
intentaron impedir con violencia un traspaso pacífico de poderes. Este jueves, finalmente, el presidente número 46 de la historia de Estados Unidos profirió una durísima condena a Trump y sus acólitos por aquellos hechos y el reguero de discordia y desunión que han dejado en la república americana.

«Yo no elegí esta pelea, que nos trajeron al Capitolio hace un año. Pero no voy a rehuirla. Me voy a mantener firme, voy a defender esta nación. No le voy a permitir a nadie que le ponga una navaja en el cuello a esta democracia», dijo Biden desde el Salón de Estatuas del Capitolio, un lugar sagrado para la República, donde durante medio siglo se reunieron los diputados, antes de la Guerra Civil.

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Biden, con la popularidad en caída libre y asediado por una pandemia incontrolada y una inflación desbocada, logró este jueves cambiar el tablero político para elevarse desde el mismo Capitolio como garante de la perdurabilidad de la democracia americana un año después de su primer ataque desde dentro. «Por primera vez en nuestra historia, un presidente no solo perdió una elección, sino que trató de evitar el traspaso pacífico de poderes cuando una turba violenta irrumpió en el Capitolio», dijo Biden.

Quedaba claro que el presidente en ejercicio había decidido golpear a su predecesor en el cargo donde más le duele: el ego. «La vedad es que el anterior presidente ha creado una red de mentiras sobre las elecciones de 2020, y lo hace porque antepone el ejercicio de poder a los principios, porque antepone su interés a los de esta nación, porque su propio y malherido ego le importa mas que este país, y porque no puede asumir que perdió». Y añadió: «No es sólo un expresidente, es un expresidente derrotado».

Respuesta de Trump
Trump, silenciado por las grandes redes sociales, reaccionó mandando un email en el que acusó a Biden de «estar destrozando la nación con una loca política de fronteras abiertas, fraude electoral, medida energéticas desastrosas, mandatos inconstitucionales y cierres de escuelas devastadores». Trump acusó a Biden de usar su nombre «para dividir aun más» a la nación, aunque Biden no lo nombró directamente en una sola ocasión.

Sí dijo el presidente, enardecido, y a ratos visiblemente enfadado, que esta fue «la primera vez que un presidente que pierde unas elecciones trata de prevenir un traspaso pacífico de poderes con una turba violenta que saquea el Capitolio, aunque fracasaron, hay que decirlo claramente». «Vamos a asegurarnos de que ese tipo de ataque no vuelve a suceder nunca», dijo.

Biden dejó que antes tomara la palabra la vicepresidenta, que el día de autos aún era senadora por California y estuvo en el Capitolio aquel 6 de enero, aunque se marchó antes del saqueo. Kamala Harris comparó el 6 de enero de 2021 al ataque japonés contra Pearl Harbor o los atentados terroristas del 11-S. «Esta es la fragilidad de la democracia, si no estamos alerta, si no la defendemos, la democracia no durará, se derrumbará y fracasará», dijo Harris. «El hecho de que estuvimos cerca de que unas elecciones fueran revertidas aquel día es muestra de lo frágil que puede ser la democracia».

La sala donde hablaron ambos también la atravesaron los insurrectos del 6 de enero de 2021, con sus gorras y banderas de Trump, uno de ellos cargado con el atril que se había robado de otra sala, saludando sonriente a las cámaras. Fue destruida, como el resto del Capitolio, en el anterior saqueo, el de la guerra contra los ingleses en 1812.

Más de 700 insurrectos han sido detenidos, y el FBI busca a otros 350 para juzgarles. Una buena parte han sido condenados después de declararse culpables, y la mayor pena de cárcel hasta la fecha es de cinco años, por golpear a agentes de policía que custodiaban el Capitolio. Una comisión especial está investigando el papel de Trump y sus allegados en el saqueo, pero no se prevé que haga públicas sus conclusiones hasta mediados de año. Trump ha intentado privarla de sus comunicaciones aquel día de 2021, y sus más estrechos colaboradores se están negando a cooperar.

Donald Trump, durante el mitin que organizó el 6 de enero de 2021

Reuters
Aquel 6 de enero iba a tener lugar algo que suele producirse cada cuatro años: las dos cámaras del Capitolio iban a certificar la victoria de Biden en las elecciones de 2020. Trump, sin embargo, presionó a su partido para que lo impidiera. Convocó a sus partidarios a un mitin ante la Casa Blanca y después les invitó a marchar al Capitolio, que rodearon y fue saqueado después, con un saldo total de nueve muertos. De ellos un policía murió de secuelas del ataque, y otros cuatro se suicidaron.

La Cámara de Representantes estuvo este jueves ausente y sin reunirse, pero en el Senado sí hubo una jornada de sesiones, sin votaciones. Algunos de los más destacados senadores demócratas rememoraron el miedo padecido durante aquella jornada de hace un año.

«Estaba a unos 10 metros de estos insurrectos desagradables, racistas e intolerantes», dijo Chuck Schumer, hoy líder de la mayoría demócrata en el Senado. «Si alguien hubiera tenido un arma, si dos de ellos hubieran bloqueado la puerta, quién sabe qué hubiera pasado. Más tarde me dijeron que, según los informes, uno de ellos dijo: Ahí está ese viejo judío, vamos a por él», contó en un apasionado y emotivo discurso en la sala de plenos.

Lo mismo hizo Pat Leahy, de Vermont, que a sus 81 años es uno de los senadores más veteranos del Capitolio. «Nunca había visto algo así en el Senado de EE.UU. Vimos una multitud de americanos que le dieron la espalda a la historia constitucional de nuestra nación. Rechazaban todo lo que antes hizo grande a esta nación», dijo.

Los republicanos estuvieron, por lo general, ausentes de estos actos de conmemoración, incluidos aquellos que han marcado distancias con respecto a Trump después de que perdiera las elecciones. El expresidente sigue teniendo un férreo control sobre el partido, y es capaz de decidir primarias. El senador Lindsey Graham, de Carolina del Sur, rompió brevemente con Trump tras el saqueo, pero este jueves acusó a Biden de «dividir a la nación» con su discurso. El presidente había animado a los republicanos a que pasen página de Trump y sus acusaciones de fraude.

Este artículo ha sido publicado originalmente en este sitio.

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