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Internacional

Las legislativas francesas anuncian la fractura de la política tradicional

Francia abre hoy una nueva página de su historia política. 48.747.876 electores son invitados a votar, en primera vuelta, a algunos de los 6.293 candidatos que aspiran a conquistar los 577 escaños de la Asamblea Nacional (AN), primera cámara del Parlamento. La segunda y decisiva vuelta tendrá lugar el domingo 19, cuando el paisaje político nacional habrá cambiado profundamente, con la confirmación espectacular de las extremas izquierdas y extremas derechas populistas, como fuerzas dominantes, en una escena nacional de previsibles y profundas turbulencias. Emmanuel Macron, jefe del Estado, está solo, en la matriz institucional que debe afrontar desafíos sin precedentes desde la creación del Régimen, la V República, entre 1958 y 1962.En sesenta y cuatro años de historia, las elecciones legislativas han elegido siempre, muy mayoritariamente, parlamentos fieles al presidente

La Constitución confiere al presidente poderes casi absolutos: es la máxima autoridad militar; es el responsable único de la diplomacia nacional; de la política económica, nacional y europea, al nombramiento de los prefectos (representantes del Estado en los departamentos), el presidente ordena y manda, en solitario. El presidente de los EE.UU. o el canciller de Alemania tienen menos poderes solitarios. Como contrapeso, relativo y teórico, la Constitución confiere a la Asamblea Nacional (AN) poderes legislativos, que suelen confirmar o matizar las grandes directrices presidenciales.

En sesenta y cuatro años de historia, las elecciones legislativas han elegido siempre, muy mayoritariamente, parlamentos fieles al presidente, pertenecientes a su misma familia política. Solo en tres ocasiones, 1983, 1993 y 1997, los electores eligieron mayorías parlamentarias hostiles al presidente en ejercicio (François Mitterrand, Jacques Chirac). Esas mayorías parlamentarias, de izquierda o derecha, fueron siempre socialistas, centristas o conservadoras por europeas, partidarias de la construcción política de Europa y la solidaridad de la Alianza Atlántica y su organización militar integrada, la OTAN.

Modelo de elección
Tras la reelección de Emmanuel Macron, el 24 de abril pasado, los franceses son invitados a elegir una nueva Asamblea Nacional (AN), a dos vueltas. En la primera, hoy, los electores votan a todos los candidatos. Quedan elegidos los candidatos que hayan conseguido más del 50 % de los votos. Solo pasan a la segunda vuelta los candidatos que que hayan conseguido un 12,5 % de los sufragios. Ese modelo de elección de los diputados tiene una dimensión perversa: candidatos y partidos que ganaron la primera vuelta pueden ser derrotados y eliminados en la segunda.

Los resultados de la elección presidencial y los sondeos y estudios sociológicos anuncian una implosión del paisaje político tradicional, el hundimiento de los partidos históricos de izquierda y derecha, y la división de la nueva Francia política en tres grandes ‘familias’ peleadas a cara de perro de manera permanente: novedades sin precedentes en la historia de la V República.

La nueva Francia política es una Francia muy dividida, fragmentada, angustiada y previsiblemente turbulenta, en la escena nacional y europea, cuando una gran mayoría de ciudadanos han dejado de creer en sus partidos y sindicatos, víctimas de una angustia social profunda, cuyo primer indicador electoral es la abstención más alta desde la creación de la V República, que hoy pudiera ser superior al 50 o 52 % del electorado.«Hay una abstención digamos que estructural. Hombres y mujeres que han dejado de creer en los antiguos partidos».

Pascal Perrineau, profesor emérito en Sciences Po., la gran escuela de las elites políticas nacionales, comenta ese dato para ABC: «Hay una abstención digamos que estructural. Hombres y mujeres que han dejado de creer en los antiguos partidos, los antiguos sindicatos. También hay una abstención de rechazo: electores que protestan contra el sistema de partidos, donde no encuentran respuestas a sus problemas. Hay, así mismo, una abstención de oportunidad: electores que no se reconocen en las propuestas de los candidatos que se presentan en sus territorios. Francia se está quedando sin cuerpos intermediarios representativos. Y Macron se ha quedado solo. Su gran ventaja, la mediocridad de sus rivales. Su gran problema, cómo gobernar contra los extremos».

Los últimos estudios y sondeos anuncian la división de la nueva Francia política en tres grandes ‘familias’, donde cohabitan, mal que bien, sensibilidades más o menos compatibles. Renacimiento, el partido de Macron, y su coalición de partidos de la mayoría presidencial, Juntos, pudieran tener el 28% de los votos en la primera vuelta. Posible victoria, muy justa. La Nueva Unión Popular, Ecológica y Social (NUPES), una coalición dominada por La Francia Insumisa (LFI, extrema izquierda populista), liderada por Jean-Luc Mélenchon, pudiera tener un 25 %. El PS queda eclipsado y parcialmente ‘invisible’ en NUPES. La nueva izquierda mayoritaria es antieuropea y anti Alianza Atlántica. Agrupación Nacional (extrema derecha), el partido de Marine Le Pen, pudiera tener un 18%, seguida de Los Republicanos (LR, derecha tradicional), con 11%, y Reconquista (ultra derecha), con 6%. Otros seis grupúsculos de izquierdas diversas, extremas izquierdas y ecologistas independientes oscilan entre el 1 y el 3% de intención de voto en la primera vuelta. Los mismos estudios y proyecciones anuncian, para la segunda vuelta, una Asamblea Nacional (AN) inédita y sin precedentes en la historia del régimen.

Según los últimos sondeos, Macron y sus aliados pudieran conseguir, la semana que viene, una mayoría absoluta de 290 a 330 diputados; Mélenchon, una entrada excepcional con 160 a 190 diputados, con un PS muy bajo; Le Pen haría una entrada histórica en la Asamblea Nacional con 20 o 30 diputados; y la derecha tradicional pudiera retroceder pero teniendo todavía entre 50 y 70.

Si los sondeos se equivocasen y NUPES fuese la fuerza parlamentaria mayoritaria, se plantearía una cohabitación incendiaria. Si se equivocasen relativamente, y Macron solo tuviese una mayoría relativa, el presidente tendría que recurrir a los restos de la antigua derecha tradicional para intentar gobernar con muchos equilibrios. Si se confirmasen y Macron consigue una mayoría absoluta, también se plantearía una escenario sin precedentes: un jefe de Estado de centro derecha, atacado por las oposiciones de extrema izquierda y extrema derecha populistas.

Este artículo ha sido publicado originalmente en este sitio.

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