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EE.UU. organiza con los talibanes la salida de miles de afganos

Los talibanes buscaron ofrecer este martes una imagen de moderación y control de la situación, dos días después de entrar en la capital de Afganistán, Kabul, y de haber tomado el control del país. Lo hicieron en una rueda de prensa llena de promesas y buenas intenciones, pero en la que no se ocultó que la sujeción estricta a la ley islámica dominará la vida pública en el país a partir da ahora.

«Perdonamos a todos, a todos los que han peleado contra nosotros. No queremos repetir otro conflicto, otra guerra, y queremos acabar con los motivos del conflicto», dijo el portavoz de los talibanes, Zabihullah Mujahid. «Todos los compatriotas, tanto si fueron traductores como si estuvieron en actividad militares o civiles, todos ellos están perdonados», insistió Mujahid en referencia a las decenas de miles de afganos que colaboraron con el ejército de EE.UU. y sus países aliados en los 20 años de guerra. «Nadie será tratado con venganza», dijo, en algo que resulta difícil de creer con el historial de violencia y represalias de los talibanes tanto durante los cinco años que estuvieren en poder en Afganistán (1996-2001), como en los territorios que han tomado bajo control durante su ofensiva.

De hecho, muchos afganos no se lo creen: miles de ellos tratan de huir de forma desesperada del país. Por el contrario, aseguró el portavoz talibán, se «perseguirá e investigará» a quienes busquen represaliar a antiguos miembros del Gobierno de Kabul o colaboradores con los estadounidenses. «Nadie te va a hacer daño, nadie va a llamar a tu puerta», señaló para calmar a los que se sienten amenazados.

Mujahid buscó transmitir una idea de los talibanes como fuente de control y estabilidad para un país descosido por la guerra, la corrupción y las luchas internas. El portavoz aseguró que los talibanes tenían pensado no entrar en Kabul para permitir una salida ordenada de EE.UU. y sus aliados y una «transición suave». Pero que decidieron tomar la capital ante la «incompetencia» del Gobierno afgano para «mantener la seguridad». Defendió que no quieren «problemas con la comunidad internacional», que no quieren «enemigos internos ni externos» y que no permitirán «que se use nuestro territorio contra ningún otro país del mundo», en una posible referencia a los grupos terroristas que –con apoyo talibán– han operado desde Afganistán.

El portavoz talibán también se refirió a una de las grandes preocupaciones de las organizaciones de derechos humanos en Occidente: la suerte que correrán mujeres y niñas en el nuevo Afganistán. En los 90, los talibanes impusieron restricciones casi totales a las mujeres en educación y trabajo. Este martes, Mujahid aseguró que «no habrá ninguna discriminación contra mujeres», para inmediatamente después puntualizar: «Por supuesto, dentro del marco que tenemos», dijo en referencia a la ‘sharía’, la interpretación rigurosa del islam que imponen los talibanes.

Interior de un avión de EE.UU. que evacuó el domingo a más de 600 afganos

Afp
Algo similar indicó con la labor de los periodistas. Mujahid dijo que los talibanes están comprometidos con una «prensa libre e independiente», siempre que «nada esté en contra de los valores islámicos».

Las palabras del portavoz talibán tendrán que ser refrendadas con los hechos. De momento, este martes había indicaciones de que los afganos que buscan huir encuentran complicaciones a la hora de llegar a la única vía de salida del país, el aeropuerto de Kabul. El ministro de Exteriores alemán, Heiko Maas, se refirió a este asunto antes de un encuentro con sus homólogos de la UE y aseguró que las fuerzas estadounidenses y alemanas estaban tratando de facilitar el acceso a los afganos al aeropuerto, complicado por la presencia de un cordón de seguridad de talibanes y de puntos de control por toda la ciudad.

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Algo de calma tras el caos
La realidad es que ese cordón, junto con el despliegue de cientos de efectivos del ejército de EE.UU., hizo que se recuperara buena parte de la calma en el aeropuerto. Después del caos de las dos jornadas anteriores –tiroteos, estampidas, pistas invadidas de afganos, algunos agarrados a los laterales de aviones militares estadounidenses, en las que se registraron siete muertos, ayer el aeropuerto había vuelto a funcionar. Aviones de EE.UU. y otros países occidentales –como el Reino Unido, Francia o España– mantuvieron vuelos para la salida de su personal diplomático, nacionales y aliados afganos.

Al final del día de estaba previsto que hubiera un contingente de 4.000 soldados estadounidenses en el aeropuerto para proteger y ejecutar la operación de salida, con el objetivo de que despegue un avión cada hora. La estimación estadounidense, según el general William Taylor, es sacar de 5.000 a 9.000 personas por día de Afganistán.

La evacuación de los aliados afganos es uno de los puntos más sensibles de la salida de EE.UU. de Afganistán. El portavoz del Pentágono, John Kirby, aseguró ayer en una entrevista con la cadena estadounidense ABC que la Administración Biden debe cumplir «las obligaciones morales y sagradas» con los afganos que les ayudaron en las últimas dos décadas. El portavoz ofreció detalles de cómo será la evacuación: EE.UU. alojará a 22.000 refugiados en bases militares en el extranjero mientras se procesa su visado.

Las autoridades estadounidenses han establecido conversaciones con los talibanes para organizar la salida de los afganos que cooperaron con ellos. «Los talibanes nos han dicho que están preparados para ofrecer salvoconducto a civiles camino del aeropuerto», aseguró el asesor nacional de seguridad de Biden, Jake Sullivan. Añadió que no hay un periodo de evacuación determinado, pero que la estimación es que «vaya hasta el 31 de agosto».

No está claro cómo los afganos que cooperaron con EE.UU., muchos en regiones alejadas de Kabul, podrán organizarse para llegar hasta el aeropuerto.

Quien ayer culminó el camino de vuelta es Abdul Ghani Baradar, cofundador de los talibanes y considerado su jefe político. Baradar se desplazó desde Qatar, donde ha liderado las conversaciones infructuosas con el hasta ahora Gobierno de Kabul, apoyado por EE.UU. Es la primera vez desde 2001 que Baradar visita Afganistán, después de que la intervención militar estadounidense de aquel año le forzara al exilio. Llegó ayer por la tarde a la ciudad afgana de Kandahar, cuna del movimiento talibán, y tenía previsto viajar más adelante a Kabul.

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Este artículo ha sido publicado originalmente en este sitio.

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