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Internacional

El Canal de la Mancha: en riesgo de convertirse en un cementerio de migrantes

Hace dos años, la ministra británica de Interior, Priti Patel, prometió que la llegada de personas inmigrantes desde Francia hasta el Reino Unido a través del Canal de la Mancha iba a convertirse en un «fenómeno poco frecuente». Según la ministra, eso sucedería en la primavera del 2020, pero lejos de ser así, la situación empezó a empeorar en ese momento. La crisis provocada por la pandemia de Covid-19 y el cierre de fronteras hizo que la opción de cruzar por el mar fuera la única para muchos inmigrantes que en otros momentos se habrían arriesgado a llegar por vía terrestre. En agosto de 2020, Patel se comprometió a hacer la ruta, según sus propias palabras, «inviable».

Los números, sin embargo, hacen que las palabras de la responsable de Interior caigan en saco roto, ya que el balance del 2021 es que, según datos oficiales, alrededor de 25.700 personas cruzaron el Canal hasta el momento, a pocos días de que acabe el año, tres veces más que en todo el 2020. Ante la incapacidad de colarse en camiones, muchos deciden pagar los miles de euros que les piden los traficantes para hacerles un hueco en diminutas embarcaciones hinchables que no resisten las condiciones del mar en el Canal, con fuertes vientos, corrientes imposibles y gélidas temperaturas. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, no obstante, eleva la cifra hasta unas 31.000 personas que han intentado el peligroso cruce entre Francia y el Reino Unido, entre los que hay solo 35 kilómetros de separación, y según las autoridades francesas, 7.800 personas han sido rescatadas en el mar.

El problema para el gobierno de Boris Johnson es importante: pese a que el país tiene actualmente una migración neta negativa, es decir, más personas salen del país de las que llegan, el control de la inmigración fue una de las grandes promesas del Brexit, y ahora no puede darse el lujo de fallarle a sus ciudadanos en ese ámbito, sobre todo cuando al primer ministro le crecen los enanos, con otros frentes críticos abiertos en una difícil etapa de su mandato. Ya de por sí, España, Grecia, Francia y Alemania conceden muchas más solicitudes de asilo que Reino Unido, pero el divorcio de la Unión Europea le daba, supuestamente, al Ejecutivo, la posibilidad de controlar sus fronteras sin depender de lo que hiciera el grupo comunitario y de tomar las riendas de su política migratoria. Pero la situación no puede ser más compleja. Esto es imposible de hacer sin una estrecha colaboración internacional, sobre todo con Francia, un vecino con el que las relaciones no pasan por su mejor momento pero con quien es indispensable trabajar de forma conjunta para abordar la situación.

La falta de acuerdos bilaterales y haber dejado de estar bajo el paraguas de la UE, lejos de darle esa ansiada autonomía ha complicado aún más la gestión de la crisis, y las medidas unilaterales británicas, como el hecho de no estar dispuestos a conceder el asilo a nadie que haya pasado previamente por un país seguro, son motivo de críticas dentro y fuera de sus fronteras. Las organizaciones que trabajan con los inmigrantes, una de ellas el Refugee Council (el Consejo de Refugiados) que brinda apoyo y asesoramiento a refugiados y solicitantes de asilo, consideran que la mayoría de las personas que cruzan el Canal efectivamente provienen de países sumidos en conflictos armados graves o donde los derechos humanos pueden verse severamente restringidos, como Siria, Eritrea o Sudán, que los hacen elegibles para que se les conceda esta protección, independientemente del país donde decidan solicitarla.

Según la Organización Internacional para las Migraciones de la ONU, desde el 2014, al menos 166 migrantes han sido registrados muertos o desaparecidos en el Canal de la Mancha, una cifra que las organizaciones no gubernamentales consideran muy por debajo de la real, pero no hay datos oficiales. En todo caso, se encuentran muy por debajo de las 22.930 que han sido registradas muertas o desaparecidas en el Mediterráneo. Lo que está claro es que ambos mares son cementerios de personas. Pero para quienes huyen de condiciones de vida deplorables, el riesgo de morir en el camino vale la pena y, según una representante de la organización Care4Calais, «están tan decididos a tener una vida mejor que nada los detendrá».

Este artículo ha sido publicado originalmente en este sitio.

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