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La UE financia la guerra de Rusia con 22.000 millones de euros al mes

El mismo día en que Lituania dejó de importar gas natural de Rusia, su ministro de Exteriores, Gabrielius Landsbergis, tuiteó: «Queridos amigos de la UE, desconectad. No os hagáis cómplices». Se refería al millonario flujo de dinero que Europa paga a las compañías rusas del sector energético y termina en la maquinaria bélica de Putin. En los países fronterizos con Ucrania nadie duda que mientras dure esa alimentación, Rusia puede seguir manteniendo la guerra con todas sus consecuencias. «Europa financia la guerra de Putin en Ucrania», acusa el ministro de Defensa de Estonia, Kalle Laanet, que cree que «es poco probable que la guerra termine pronto» y reprocha a los socios europeos que sigan alimentando al monstruo.

Las guerras son caras y Rusia ha aumentado en los últimos años su gasto militar, que ascendió a 61.700 millones de dólares estadounidenses en 2020. Ese mismo año, solo los países de la UE compraron gas, petróleo y carbón a Rusia por el equivalente a 67.000 millones de dólares. En otras palabras, Europa transfirió más dinero a Rusia en concepto de compras de energía de lo que Moscú gasta en su ejército. El Instituto Leibniz de Investigación Económica señala que alrededor del 50% de todas las exportaciones de Rusia y la mitad de sus exportaciones de energía van a la UE. China le sigue a gran distancia. Con los ingresos por la venta de energía y materias primas, Rusia venía cubriendo alrededor del 20% de su presupuesto nacional, pero las alteraciones en el mercado ocasionadas por la crisis de la pandemia y por la misma invasión de Ucrania, sumadas a los cuellos de botella en los circuitos de suministro, han elevado los precios del gas, el petróleo y el carbón, por lo que Rusia se ha beneficiado recientemente de una mayor demanda y precios más altos, de manera que el negocio se retroalimenta a sí mismo.

Según la Agencia Internacional de la Energía, este dinero representó casi la mitad del presupuesto estatal ruso en 2021. Europa sigue pagando hasta 22.000 millones de euros mensuales a empresas rusas por productos energéticos y la atención se centra principalmente en Alemania, que ha logrado reducir su dependencia del gas ruso hasta el 35% desde el inicio de la invasión pero sigue pagando entre 150 y 200 millones de euros diarios, lo que acumula una factura mensual en torno a los 5.000 millones. Si dejara de hacerlo, anota el último informe del Instituto Leibniz de Investigación Económica, Alemania perdería de un día para otro 2,8 millones de empleos y más de un 6% de su PIB, por lo que el Gobierno se apresura a diversificar en lo posible su cartera de proveedores, no tanto para castigar a Rusia como para garantizar el suministro en caso de que Putin decida cortar el grifo.

Una de las reservas más altas
Gran parte del excedente de las ventas de energía fluye directamente hacia los fondos soberanos de Rusia. En el caso del petróleo, por ejemplo, esto se aplica a todas las ganancias por encima de un precio de 43 dólares por barril, cuando el precio del mercado mundial está actualmente por encima de los 90 dólares por barril. Así es como Rusia ha acumulado reservas de divisas por 640.000 millones de dólares, una de las reservas más altas del mundo. Si quieres comenzar una guerra, y sobre todo si quieres poder mantenerla en el tiempo, necesitas tener reservas. «Si bien las supuestas atrocidades de Bucha presionan contra las importaciones de petróleo y gas desde Rusia, siguen siendo el alma tanto del sistema energético europeo como de la invasión de Putin», analiza para los inversores el editor financiero de ‘Bloomberg’, Bernd Lammert. «No dejamos de ser conscientes de que todos los días del año estamos pagando a Rusia unos 1.000 millones de euros por importar su energía que sirven para bombardear hospitales y centrales nucleares», ha declarado Natalia Fabra, catedrática de Economía de la Universidad Carlos III de Madrid, «no podemos prescindir, pero tampoco tenemos que dejar de denunciar que estamos contribuyendo a financiar la guerra y lo llevamos haciendo especialmente desde el año pasado, cuando Rusia comenzó a retirar su gas de los almacenamientos en Europa, contribuyendo a la subida de precios».

«No dejamos de ser conscientes de que todos los días del año estamos pagando a Rusia unos 1.000 millones de euros por importar su energía que sirven para bombardear hospitales y centrales nucleares»

El caso es que la interdependencia del circuito está tan perversamente arraigada en la economía europea que incluso Ucrania está cooperando en la financiación de la invasión de su territorio. Andreas Schröder, jefe de análisis del sector energético de Icis, que observa a diario y al milímetro las cantidades de gas ruso suministradas a través de Ucrania, como país de tránsito, apunta que desde el estallido de la guerra Ucrania ha permitido que fluya más, en lugar de menos gas, a través de sus gasoductos. Gazprom paga a Ucrania 2,66 dólares por cada mil metros cúbicos de gas que fluyen a través de sus mil kilómetros de tuberías, unos mil millones de dólares al año según Schröder. Si el Gobierno ucraniano interrumpiese ese flujo, no solamente estaría incumpliendo contratos con la estatal rusa Gazprom y con los países occidentales que reciben el gas, sino que posiblemente entraría en bancarrota.

Gracias a este por el momento irreductible circuito, el Gobierno ruso sigue teniendo aparentemente recursos para ayudar a las empresas afectadas por las sanciones occidentales. El primer ministro Mikhail Mishustin dijo a la Duma que está proporcionando subsidios de 120.000 millones de rublos (1.300 millones de euros) para préstamos a los bancos que conceden préstamos a bajo interés a las empresas de importancia sistémica por un total de unos 11.100 millones de euros. Aunque el coste de la guerra es un secreto militar, las estimaciones ucranianas sitúan las pérdidas de material militar para Putin en unos 5.000 millones de euros solo en la primera semana de guerra. Y aunque resulte escalofriante, los economistas establecen también un valor monetario para las vidas perdidas. Basándose en estimaciones de esperanza de vida y PIB per cápita, Renaud Foucart, profesor de Economía de la Universidad de Lancaster, ha calculado que cada 10.000 soldados rusos caídos suponen un coste de 4.000 millones de dólares, irrelevante para los ingresos energéticos que maneja Putin. «Cuanto más tiempo sigamos comprando energía a Rusia se perderán más vidas y aumentarán las posibilidades de que perdamos las democracias europeas», sentencia el primer ministro polaco, Materusz Morawiecki, que en una gira europea intenta concienciar a gobiernos y empresas de la necesidad de interrumpir la financiación europea a la guerra de Putin.

Este artículo ha sido publicado originalmente en este sitio.

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