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'Worldschooling', cinco familias viajeras con el mundo como escuela

Cuando para algunos padres llevar a cabo la educación de sus hijos durante un viaje es algo impensable, para otros es la mejor de las oportunidades. Así lo ven estas cinco familias viajeras que han aprovechado sus viajes para educar a sus hijos sirviéndose del mundo y de las experiencias diarias que la ruta tenía preparadas para ellos. Todos se han abierto al ‘Worldschooling’ porque, según dicen, todo lo que necesitan está ahí fuera, e incluso algunos de ellos se han apoyado también en el CIDEAD, el Centro para la Innovación y Desarrollo de la Educación a Distancia del Ministerio de Educación.

Niños que durante sus viajes no van al colegio, sino que «hacen cole» con sus padres, con los recursos que el mundo les ofrece, y que en ocasiones les sirve para mantener un proyecto educativo allá por donde pasan, de escuela en escuela, o haciendo de profesores de sus propios compañeros de clase que les siguen desde España. Esta es la experiencia de grandes viajeros que no tuvieron miedo en lanzarse a viajar con sus hijos y que hoy, visto el resultado, tienen claro que para sus niños es lo mejor que hayan podido hacer jamás. 

‘Los Mundo’ son Marta, Daniel, Tao, Dhara y Erik. Comenzaron su viaje a bordo de un camión todoterreno en diciembre de 2018 con la idea de estar seis años de viaje: dos en América, dos en África y dos en Asia. Sin embargo, la pandemia ralentizó sus planes y dos años después de partir siguen en Costa Rica. Tao, el mayor, tenía seis años al comenzar el viaje y ya había empezado primero de Primaria, así que del resto del curso se encargaron sus padres con los libros que ya habían comprado. En segundo de Primaria decidieron matricular a Tao en el CIDEAD, teniendo que hacer y enviar actividades regularmente de manera remota. A lo largo del curso se dieron cuenta de que necesitaban mayor flexibilidad a la hora de educar a sus hijos. Pasan con ellos las 24 horas del día pero los plazos que marca el CIDEAD y las fechas en la que había que dar cada tema no siempre encajaban con su viaje. «A lo mejor no estábamos dando los mamíferos en el tercer trimestre, sino en el primero, porque coincidía que estábamos viviendo en una granja viendo cómo nacían las vacas. Vivimos un gran número de experiencias con las que enseñar los contenidos que están en los libros, pero de otra manera», afirma Marta.

Por tanto, este año que Tao empezaría tercero de Primaria y Dhara primero, han decidido sacarlos del sistema y llevar a cabo su educación por libre. Han visto que el viaje les aporta todo lo que necesitan. «Es una pena que teniendo esta oportunidad de ofrecer una educación personalizada nos vayamos a algo estructurado que marca un sistema. Lo intentamos al principio, pero viajando nos hemos dado cuenta de que los niños están aprendiendo muchísimo». Pero no han dejado los libros por completo, creen que hace falta una base, sobre todo de matemáticas y lengua, y utilizan los libros que el CIDEAD recomienda para Teo en este curso y los libros del sistema argentino para Dhara, con los que puede ir haciendo sus primeros ejercicios.  Así, cada mañana dedican un rato a «hacer un poquito de cole», y después, en el exterior, aprenden todo lo demás. Tanto a nivel conceptual como social y, en definitiva, vital.

‘Proyecto Meraki’ son Ángel, Aurora, Daniel, Miguel y Valentina. En 2017 pusieron en marcha un espectacular proyecto educativo que les tuvo dos años viajando por Latinoamérica. En Argentina compraron un viejo autobús escolar, lo convirtieron en una biblioteca rodante repleta de libros y viajaron por el continente llevando su lectura de escuela en escuela. Subieron Argentina desde Ushuaia visitando algunas zonas de Chile, ya en el norte cruzaron a Brasil por Iguazú, hicieron la parte sur del país carioca y cruzaron a Uruguay. Volvieron a Brasil para atravesar hasta Bolivia, donde tocaron el cielo a miles de metros de altitud, para después cruzar a Perú, continuar hasta Ecuador y terminar finalmente en Colombia. 

Querían descubrir el mundo en familia y hacer una promoción de la lectura gratuita. Vivir y conocer lugares y personas, a la vez que compartían lectura y fomentaban su importancia. Tanto Ángel como Aurora son maestros, por lo que tenían claro que su viaje necesitaba un hilo conductor basado en la educación. 

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Al partir sus hijos tenían 12, 10 y 3 años respectivamente, y escolarizaron a los dos mayores en el programa de CIDEAD. Para ellos llevar a cabo los cursos de Primaria a través de este sistema del Ministerio de Educación era factible, había que cumplir con las entregas de ejercicios y con el examen presencial final en un consulado oficial, no honorífico, pero consideraron que era una buena forma de seguir la educación. «Siempre refiriéndonos a una educación reglada, claro, porque la educación que reciben del mundo al estar de viaje, en el día a día, va mucho más allá. Aprenden esas cosas que los libros no cuentan y a valorar lo realmente importante. Cada experiencia aporta en su educación al enfrentarse a situaciones de todo tipo», aseguran. Eso sí, en lugares remotos y sin conexión las cosas se complican, sobre todo en los cursos de Secundaria, donde los exámenes son trimestrales. «A nosotros se nos hizo difícil, sobre todo en la Patagonia, donde las limitaciones eran importantes, y ahí hay momentos en los que se puso un poco más cuesta arriba. Además, un mes y medio antes ya tienes que decir dónde se va a realizar el examen presencial, y eso ya condiciona tu viaje y tus tiempos». Sin embargo, a pesar de las dificultades que pudiera presentar el viaje, para los Meraki la experiencia fue tan enriquecedora y valiosa para sus hijos que los obstáculos y piedras del camino se convirtieron en parte de la ventura y del reto de educar descubriendo el mundo.

‘El Vuelo de Apis’ son Ingrid, Andrés, Noa, Cloe y Elsa. Ellos, profesores de un colegio del Aljarafe sevillano, decidieron emprender un viaje de un año por Latinoamérica entre 2016 y 2017 en el que la educación de sus hijas se basase en hablar, leer, conocer y la estimulación del cálculo. Y eso lo hicieron a través de las experiencias que el día a día de su viaje le iba regalando. «Las edades de nuestras hijas nos permitían que cualquier cosa que hiciéramos estuviera vinculada al aprendizaje. Los contenidos que se estudian están muy bien, pero son útiles si te sirven para aprender algo», asegura Ingrid. Y es que al partir la mayor tenía ocho años y medio y la pequeña cinco. Consultaron los contenidos que ofrecían los libros del CIDEAD pero, al no encajar mucho con la idea de educación experiencial que querían llevar a cabo, decidieron no seguirlos. 

El viaje de ‘El Vuelo de Apis’ surgió con un proyecto educativo como hilo conductor, visitando escuela tras escuela y sistemas educativos que tuvieses una forma de enseñar diferente, por lo que no fue difícil que las niñas se incorporaran a las clases que iban visitando. Pero ya en Colombia vieron que la cosa podía ir más allá. «Al salir del Museo del Oro de Bogotá Nora nos pidió grabar un vídeo para sus compañeros de España, y así lo hicimos. Ella se puso a contar su experiencia y lo enviamos a su clase. Al instante empezó a recibir un montón de respuestas y preguntas de sus compañeros. Y lo vimos claro, desde ese momento decidimos que ellas fueran haciendo pequeños vídeos en los que explicaran las visitas de cada día, y a eso lo llamamos ‘Tripschooling’. La pequeña se especializó en comida y animales, claro».

Esta idea del ‘Tripschooling’, con vídeos educativos contados con las palabras de las niñas, se convirtió en una lección para todos. Ya fuera sobre volcanes, platos típicos, tradiciones, geografía, agricultura, canciones, leyendas o incluso mecánica. Lo que fuera. Aprovecharon cualquier oportunidad para que siempre hubiera algo que aprender.

The World Beyond Us

La familia de ‘The World Beyond Us’ la componen Laura, Sergio, Mara y Susana. Tras un gran viaje en pareja de casi cinco años por el Sudeste Asiático decidieron, una vez que sus hijas estaban en el mundo, emprender un nuevo viaje en familia. En el momento que Mara y Susana tenían cinco y tres años, cuando aún no era obligatoria su escolarización, comenzaron un viaje con el que querían estar durante un año de país en país por Latinoamérica, pero que por culpa de la Covid no pasó de seis meses.

Compraron una furgoneta y recorrieron 18.000 kilómetros con ella pasando por Chile y Argentina, donde bajaron hasta Ushuaia, subieron hasta Buenos Aires, pasaron a Uruguay y volvieron a Argentina para recorrer su parte norte. Cruzaron a Bolivia, con su salar incluido, y aunque el plan original era llegar a Costa Rica no pasaron de Perú. En ese momento les pilló la pandemia y salir de allí se convirtió en otra aventura digna de contar.

Cuando se pusieron en marcha ya partieron con un proyecto educativo bajo el brazo, lo hicieron en conjunto con su colegio de Barcelona y lo llamaron ‘La Ruta Pachamama’. «Sus compañeros de clase nos mandaban dudas y les pedían que les explicaran esto o lo otro, en el lugar que estuviéramos, y ellas iban explicando lo vivido y aprendido», comenta Sergio. «Pero además nos aferramos al ‘Worldschooling’ puro y duro para que allá donde estuviéramos los recursos que hubiera a mano, ya naturales o sociales, se convirtieran en parte del aprendizaje». 

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Llegaron a un acuerdo con el colegio y elaboraron un plan educativo de un año en el que cada país tenía un tema en concreto, a veces enfocados en la naturaleza, en otros a la acción social, y visitaron por el camino Escuelas Vivas, Waldorf y Montessori. «Los profesores desde Barcelona nos iban mandando materiales que nosotros íbamos introduciendo, sobre todo de lectoescritura, y siempre estuvimos en contacto con el colegio para que nos fueran dando indicaciones. Lo hicimos también con la idea de que las niñas mantuvieran su plaza en el colegio y a la vuelta siguieran con su mismo grupo». 

Detrás de ‘Familias en Ruta’ están Max, Susagna, Saüc y Lluna, y el ejemplo que nos ponen de educación viajera es muy diferente a los otros que ya hemos visto. Ellos viven en la comarca de La Garrotxa, en Girona, y habían encontrado una escuela rural que compartía su ideal de educación, con un trato muy directo y humano. Pero parte de su forma de vida era y es su blog de viajes, para lo que, evidentemente, viajar es fundamental. Y empezaron a darle vueltas. «Nos hablaron de una escuelita en el sur de Goa, en India, perfecta para pasar el invierno. Una escuela internacional con el inglés como lengua vehicular, y donde íbamos a estar muy a gusto», comenta Max. 

Y allí se fueron, combinando el año en La Garrocha con tres temporadas de otoño e invierno en Goa, pasando allí periodos de entre cinco y seis meses entre septiembre y octubre hasta marzo y abril. El primer año ella tenía 10 años y él 6, cursando quinto y primero de Primaria respectivamente. Siguieron la estrategia de convertir la educación de sus propios hijos en un gran viaje, con una educación formal pero abierta y flexible. «Allí había además muchas familias israelíes, polacas, inglesas o rusas entre otras nacionalidades, además de otros españoles. Yo podía trabajar en remoto — dice Max — y así podíamos vivir una experiencia totalmente diferente». Eso les permitía viajar, y como cada tres meses tenían que salir del país para renovar el visado, así conocieron otros destinos relativamente cercanos. Su plan de vida seguía este curso hasta que la Covid lo trastocó todo y ahora, de momento, están en casa siguiendo una educación alternativa y autogestionada, con vistas a poder retomar algún día sus viajes internacionales.

En su experiencia viajera conocieron a un sinfín de familias que viajaban o estaban deseando viajar con niños, por lo que su web ‘Familias en Ruta’ se ha convertido en el altavoz de un gran número de familias que comparten sus experiencias recorriendo el mundo, por destinos de todo tipo y a lo largo de viajes de muy distinta carácter y duración. Un lugar donde promueven el turismo familiar responsable y de calidad, con un apartado muy especial dedicado concretamente a la crianza.

Este artículo ha sido publicado originalmente en este sitio

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