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¿Tiene algún sentido seguir teniendo bidé en casa?

Lo detestas o lo amas. No parece haber postura intermedia. Mientras que YouTube está plagado de tutoriales para deshacerte del bidé sin dejar rastro en el baño, otros (cada vez más) abogan por recuperarlo, y por volver a hacerle un sitio destacado en nuestras vidas.

La escasez de papel higiénico vivida durante la COVID-19 parece haber ayudado a reivindicar su espacio: solo durante el mes de marzo, durante el confinamiento domiciliario, las búsquedas de la palabra bidé o bidet en Google se dispararon un 1.000% en todo el mundo; también en España.

Denostado durante décadas, el bidé ha necesitado una pandemia para recuperar su protagonismo (y disparar sus ventas); y puede que estemos oficialmente viviendo el retorno del bidé. Suena a película de George Lucas, pero, ¿ha llegado la hora de renunciar al papel para limpiar nuestras partes íntimas y cambiarlo por el agua?

Papel o no papel, he ahí el dilema. El debate se antoja acalorado, y estas navidades puede darnos tanto juego como el que nos proporcionó hace meses otra batalla librada en el cuarto de baño: ¿deberían los hombres orinar sentados o de pie? En principio, el planeta se posiciona a favor del bidé.

Según la organización internacional ecologista WWF (World Wide Fund for Nature), unos 27.000 árboles en el mundo son talados cada año solo para fabricar papel higiénico; y acaban, por tanto, tirados por el retrete o engrosando las montañas de basura de los vertederos.

De hecho, globalmente, el papel higiénico utilizado sería suficiente para dar la vuelta al mundo cada dos minutos. Solo en España, gastamos 690.000 toneladas, según Aspapel: unos 81 rollos por cabeza.

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El problema: el papel higiénico cada vez es menos sostenible, ya que la inmensa mayoría está fabricado con pulpa virgen, obtenida de los bosques. «Debido a las llamadas tendencias ‘premium’ de consumo, las grandes marcas han reducido el uso de fibras recicladas: sin embargo, todo el papel higiénico debería contener fibras recicladas. Es un producto de usar y tirar que aguanta bien la fibra tratada, y no tiene sentido cortar árboles para fabricarlo», explica Miguel Ángel Soto, responsable de la campaña de bosques de Greenpeace.

Pero parece que el bidé también es mejor para nosotros. «En la batalla entre el agua y el papel higiénico, me inclino por el agua sin dudarlo», afirma la uróloga Silvia Chillón. El bidé es más saludable que el papel higiénico, y nos proporcionan una mejor higiene corporal, añade la uróloga, «ya que el papel puede arrastrar gérmenes del recto, y provocar infecciones urinarias».

Ahora bien, si vas a utilizar el papel, la uróloga explica que hay que hacerlo bien: «Esto es, de delante hacia atrás; de la vejiga hacia atrás», un consejo aún más importante en el caso de las mujeres. ¿Y cuándo usamos el bidé? «Pues cuando lo necesites, pero sin abusar; porque si te pasas, puedes dañar la flora». Por eso, para Chillón la clave reside en la moderación, y en alternar.

Limpiarnos los bajos con agua cobra sentido. Si pisas una caca (de perro, pero abandonada por un humano) por la calle, el sentido común te invita a lavar el zapato con agua. Además, «el bidé es más amable con tus genitales, porque el papel reseca«, incide la uróloga. Si incorporas el remojón a tu vida, utilizarás mucho menos papel, por lo que tendrás tus genitales más hidratados.

Y una sorpresa: el bidé puede ayudarnos a conservar el agua del planeta. Según la revista Scientific American, para fabricar un rollo de papel higiénico se gastan 140 litros de agua. En comparación, algunos bidés solo consumen 0,5 litros por descarga, sobre todo los mecanizados y más eficientes.

Otro argumento a favor del remojón de las partes nobles es su menor contribución al calentamiento del planeta: dejamos de cortar millones de árboles, usamos menos cloro para blanquear el papel, evitamos los embalajes de plástico y dejamos de mover tantos rollos de papel por carretera, que liberan CO2 y óxidos de nitratos, entre otros, a la atmósfera.

Puede que el miedo a la escasez de papel higiénico durante la pandemia de la COVID-19 haya disparado el retorno del bidé. Pero tanto nuestra salud como el planeta parecen haber sacado beneficio.

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Este artículo ha sido publicado originalmente en este sitio

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