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Tarjeta de retirado

Me vienen a la memoria los tiempos en que iba a jugar a baloncesto al Club Militar en Sevilla. Baloncesto, tenis, piscina, tapitas en un selecto ambigú, solito, para solaz de militares y sus familias, allegados y allegadas. Había más en Sevilla.

De vez en cuando, entre hoyo y hoyo, recibo algunas informaciones sobre el estado, no ya de los cuarteles, sino de la opinión de los retirados que llega a los cuarteles. La pradera golfista es su campo de batalla.

No conozco si otros cuerpos de funcionarios del Estado disfrutan de semejantes instalaciones: médicos, maestros, catedráticos o funcionarios, en general, un poner. Debe de ser por la afición de los militares por el deporte y el aire libre porque su profesión estresa de más a ellos y a sus familias. Para el recuerdo quedan las aficiones deportivas del Caudillo: caza, pesca y unas irrepetibles imágenes jugando al tenis en una pista que se mandó construir en El Pardo porque vivía allí y no en Galapagar.

Contaba Arturo Barea que los oficiales en Marruecos bebían whisky mientras en la península apenas llegaba para tinto peleón. Era entonces un ejército desolado, en alpargatas. Mi abuelo nunca se pudo desprender del plomo en los bronquios por el aire que respiraba y el agua que bebía en un inmundo blocao en la carretera de Tetuán a Chauen.

Lo cierto es que a todas estas instalaciones y las que no son de ocio tienen acceso los retirados con su tarjeta a manera de DNI. Algunos viajan gratis en Iberia. Cuando ni había chats, eran y son los centros de su disfrute y de sus conspiraciones, algunas veces de salón pero siempre peligrosas por contagiosamente antidemocráticas. Los médicos jubilados o los maestros no tienen similares instalaciones para sus conspiraciones y lo más que podrían hacer es ahorcar el seis doble en los centros del IMSERSO, si de víctimas se tratare.

Muchos de ellos escriben cartas a la ministra de Defensa, al rey y al presidente del Parlamento Europeo en ejercicio de su libertad de expresión, libertad que nunca tuvieron –ni los huevos de exigirla– con su irrepetible y añorado caudillo. Además, se conjuran en sus modernidades para un pronunciamiento militar bombardeando, si pudieran, sedes de partidos democráticos y hasta fusilar a 26 millones de españoles, niños incluidos.

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La cifra no es baladí. Es el cálculo que hacen de los que les molestan, y saben que son mayoría pero, como dicen, no corre sangre democrática por sus venas. Lo que se ahorrarían en vacunas, y sin problemas de cunetas, con la cantidad de carreteras y autopistas construidas por los rojos en democracia. El efecto rebaño fascista lo sitúan en 21 millones de inmunizados de rojerío. Exageran. No creo que haya tanto fascista en España, ni siquiera en sus familias ni en los ejércitos.

Están muy cabreados porque hay un Gobierno que no les gusta y no se conforman con votar a los suyos, quieren eliminar a los otros, una tradición tan chusquera como su lamentable hoja histórica de servicios, aunque citar, solo han citado a Franco y Primo de Rivera. Encima, una jueza les ha dado pocos días a los herederos del irrepetible para que devuelvan solo una pequeña parte de su rapiña. Otro disgusto y una más a la lista.

El Día de la Constitución habría sido un día ideal para que el presidente del Parlamento Europeo nos hiciera el mejor de los regalos –a falta de otras autoridades reputadas moralmente, en activo, en la reserva o retiro– y los pusiera en su sitio y a lo que representan. Creo que Davide Sassoli lo tiene fácil, está a tiempo. Basta con afirmar con rotundidad que en la Europa democrática que luchó contra el fascismo y el nazismo no caben ejércitos fascistas.

Estos días de la Constitución, los firmantes barzonearán por cócteles o sus clubes, armados de raquetas o palos de golf, ocupados en su golpe epistolar, mientras la ministra de Defensa no sale de su tibieza, por ingenuidad, desconocimiento real o cobardía. El asunto está puesto en manos de la Fiscalía pero, sin constar que estos retirados compatibilicen su ocio golpista con el arte rapero o titiritero, que progrese lo pongo en duda.

Me comenta uno que los conoce bien, militar demócrata antifascista, que la ministra lo tiene fácil: si la Fiscalía y los jueces cojean de lo mismo y bizquean por el mismo ojo, lo que tiene que hacer es retirarles a estos golpistas el carné de retirado y dejarlos sin clubes, que eso sí que les duele.

Este artículo ha sido publicado originalmente en este sitio

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