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Pallete cumple cinco años al frente de Telefónica marcados por la reducción de deuda y el desplome bursátil

«Él es el directivo más preparado para afrontar con éxito los retos que impone la revolución digital y posicionar una vez más a Telefónica en la vanguardia». Con estas palabras cedía César Alerta el testigo de la presidencia de Telefónica a José María Álvarez-Pallete hace justo cinco años. Desde aquel 8 de abril de 2016, el que hasta entonces había sido consejero delegado del grupo ha tenido que lidiar con un lustro en el que debía acometer la transformación digital del grupo al tiempo que la gigantesca deuda de la compañía ejercía como una losa para su actividad y, por supuesto, para su desempeño en Bolsa.

El nombramiento de Álvarez-Pallete fue el esperado. Un hombre de la casa, con amplia experiencia en la cúpula del grupo y que desde cuatro años antes se había desempeñado como mano derecha de Alierta. No recibió una tarea sencilla. Debía impulsar la digitalización de una multinacional con más de noventa años de historia y, fundamentalmente, tenía que lograr reducir la gigantesca deuda que heredaba de las inversiones del pasado. Se acercaba por aquel entonces a los 50.000 millones de euros, más de los ingresos que la empresa era capaz de generar en un año.

En ello ha centrado buena parte de sus esfuerzos Álvarez-Pallete en estos cinco años. Muchas son las operaciones y los anuncios que se han hecho en este lustro pero, la gran mayoría, han estado motivados por la urgencia por parte de los mercados y los inversores por reducir el endeudamiento del grupo. Cinco años después de asumir el cargo, desde la compañía se destaca como uno de sus fundamentales hitos el importante recorte que se ha hecho a la deuda, de más de 17.000 millones de euros. Por delante tiene todavía, eso sí, 35.000 millones que figuran todavía en el balance al cierre de 2020.

Si la reducción de la deuda de Telefónica cuenta en el haber de Álvarez-Pallete al frente del grupo de telecomunicaciones, en el debe se sitúa todavía la baja cotización de la compañía en Bolsa. Cuando el ejecutivo tomó posesión del cargo, el precio por acción de la empresa era de algo más de nueve euros y actualmente cotiza por debajo de los cuatro euros. Es decir, una caída de casi el 60%. Telefónica, al igual que otras compañías de telecomunicaciones, ha sido muy castigada por los inversores por su abultada deuda y los problemas de rentabilidad para su negocio tradicional. La acción llegó a su nivel más bajo el pasado otoño, al haber llegado a cotizar en mínimos desde 1997. Desde entonces, eso sí, el grupo ha logrado recuperar el 38% de su valor.

La Telefónica de hoy guarda importantes diferencias con la que asumió Álvarez-Pallete en 2016. Los cinco años que lleva en el cargo se han visto marcados por la citada deuda, que ha obligado a una política de reducción drástica de costes y a la venta de aquellos negocios que, aunque en su momento fueron bandera, ahora generaban quebraderos de cabeza para el grupo. A ello se han sumado las desinversiones en todos aquellos activos que para la empresa no eran prioritarios pero generaban interés en los inversores, como el caso de las torres de telecomunicaciones. Así, en este periodo se ha acometido una reestructuración del grupo a nivel internacional y se ha abierto la puerta a aquellos nuevos negocios que pueden generar crecimiento en el futuro. Fuentes de la compañía señalan que «en estos cinco años se han puesto las bases para el futuro de Telefónica». La «nueva Telefónica», como la dan a llamar, tomó forma con el plan estratégico presentado por la compañía a finales de 2019, que fijaba un cambio de rumbo en cuanto a la estructura de la compañía, especialmente en su negocio internacional.

El más claro ejemplo es el negocio de Hispanoamérica. En 2016, cuando Pallete asumía la presidencia, era el principal mercado de Telefónica. Sumaba el 41,8% de los accesos (la suma de líneas móviles, fijas, o televisión, entre otros) y el 30% de los ingresos de la compañía. Cinco años después, al terminar el pasado ejercicio, había caído a un 31% y un 18%, respectivamente. Esta división otrora bandera de Telefónica se encuentra actualmente en venta, después de que Álvarez-Pallete y su equipo decidieran apostar exclusivamente por cuatro mercados: España, Reino Unido, Alemania y Brasil. Los grandes problemas que los mercados de Hispanoamérica provocaron, por ejemplo, por el impacto de las divisas, ha llevado a vender a la compañía ya algunas divisiones en estos países.

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Las operaciones corporativas han marcado estos cinco años en Telefónica. Algunas de estas operaciones han ido formalizándose en un sentido distinto al originalmente previsto por la dirección de la compañía. Uno de estos ejemplos es la filial británica, O2. A las pocas semanas de llegar Álvarez-Pallete a la presidencia, Telefónica recibió un varapalo después de que la Comisión Europea frenara el intento de venta de su negocio en Reino Unido con Hutchinson. Aquella operación, iniciada por Alierta, debía ahora ser sustituida por otra alternativa para su presencia en el país, con el objetivo de lograr monetizar parte de sus activos en el país. Fue entonces cuando se optó por la salida a Bolsa. Sin embargo, la situación abierta por el brexit obligó a rectificar en 2018 y enfriar esta operación. Finalmente, Telefónica acabó llegando a un acuerdo en 2020 con Virgin Media para crear una empresa conjunta en Reino Unido que aglutinase ambos negocios y por la cual recibió 6.300 millones de euros.

Algo similar ha ocurrido respecto a las infraestructuras, otro negocio en el que Álvarez-Pallete ha capitaneado distintas operaciones que han ido cambiando en base a las circunstancias. Pocos meses antes de su llegada al cargo Telefónica creaba Telxius, una sociedad en la que agrupaba sus torres de comunicaciones y con la que se abría a dar servicios a otras empresas. Desde un primer momento, Telefónica vio en esta sociedad una posible vía para obtener dinero con el que reducir sus deudas. En un primer momento se exploró su salida a Bolsa. Llegó a emitir el folleto para captar inversores, con Pallete ya en la presidencia, y esperaba captar 1.500 millones. Sin embargo, la escasa demanda provocó que se retirara esta operación apenas unos días después.

El ‘plan b’ para la compañía fue vender una parte de esta sociedad. En 2017 vendió el 40% de Telxius a KKR, en una operación en la que recibió a cambio 1.275 millones de euros. Posteriormente, en 2018, Pontegadea, el vehículo de inversión de Amancio Ortega, se hizo con el 9,99% de la empresa de torres de telecomunicaciones por 378 millones, dejando en el 50% la participación de la operadora en su filial. En el último año, al calor del interés cada vez mayor de inversores por comprar torres, Telefónica tanteó la posibilidad de perder el control de la filial y vender otra porción de su participación en Telxius. Sin embargo, en el arranque de este año acabó por vender todas las torres que tenía en Telxius a ATC por 7.700 millones, vaciando la sociedad que quedó únicamente con el cable submarino, unos activos que también están en venta.

Operaciones similares a la de Telxius se han cerrado en otros mercados como en Alemania o Brasil en el campo de la fibra óptica. Pero no todo han sido ventas por parte de Telefónica. Por ejemplo, ha cerrado recientemente la compra de los activos de telefonía móvil de Oi en Brasil, con la que ha ampliado su presencia en el país, uno de sus mercados de referencia actualmente. En esta operación, realizada junto con TIM y America Movil, Telefónica abonará algo más de 800 millones de euros.

Al tiempo, ha ido centrando sus esfuerzos en sus cuatro mercados clave y en aquellos negocios que ha fijado como prioritarios. Con ello, ha ampliado la penetración en estos países y si cuando llegó el nuevo presidente contaba con 322 millones de accesos (líneas), en 2020 se superaron los 345 millones, pese a las ventas que ha realizado en algunos mercados, como destacan fuentes de la compañía como hito en estos años.

Las principales magnitudes de negocio han sufrido retrocesos en estos cinco años para Telefónica, afectada por los problemas que se ha encontrado en algunos de sus mercados, a la baja rentabilidad del negocio de las telecomunicaciones o, este último curso, la pandemia. Si se comparan los resultados de 2015, último ejercicio completo de Alierta, y los de 2020, último periodo con sus cuentas cerradas, Telefónica ha pasado de tener unos ingresos de 47.200 millones a algo más de 42.000 millones. En términos de beneficio, entonces el resultado fue de 2.880 millones y este pasado año, marcado por el coronavirus, fue de 1.957 millones. La pandemia no funciona como pretexto, en 2019 tuvo un beneficio de 1.142 millones, entre otras cosas por un plan de bajas incentivadas. También es hoy una compañía más pequeña en términos de personal. A cierre de 2020, Telefónica tenía 112.797 empleados son 17.000 menos que hace cinco años. En torno a la mitad de ese ajuste se ha producido en España.

Precisamente, en lo que respecta a este país, Telefónica también ha ido acometiendo algunos cambios en su modelo en estos cinco años. En ello ha tenido un rol fundamental la televisión. El anterior presidente dejó cerrada la absorción de Digital+, una operación que se prolongó durante años y ha sido su sucesor el encargado de convertir esta actividad en un eje de su estrategia de clientes en España. Los contenidos televisivos han protagonizado algunos de los movimientos de la compañía en España, como las alianzas que ha cerrado con Netflix o Disney+, el lanzamiento de su propia plataforma de streaming, Movistar Lite o, especialmente, la apuesta por el fútbol. Solo en 2018 la compañía comprometió más de 4.000 millones en emitir competiciones como La Liga o la Champions League. Este verano tendrá que abordar la renovación de los mismos.

Telefónica ha visto en estos cinco años un cambio en la competencia en el que en otro tiempo tuvo el monopolio. Si en 2016, cuando asumió el cargo, las amenazas a su posición venían por el fuerte crecimiento de sus competidores Vodafone y Orange tras las respectivas fusiones con Ono y Jazztel, hoy Telefónica intenta lidiar con la profunda guerra de precios que vive el sector. Actores que entonces eran desconocidos, como MásMóvil, que acaba de lanzar una opa sobre Euskaltel, o Digi, han ido ganando terreno y recortando la cuota de mercado no solo de Telefónica sino de las otras grandes operadoras. Frente a ello, Álvarez-Pallete ha pretendido dirigir a la compañía hacia los clientes de mayor factura a final de mes, aquellos que además de telefonía y fibra optan por los contenidos. De ahí la importancia central que ha tomado la televisión. Eso sí, mantiene un pie en la guerra del bajo coste desde que en 2018 decidiera lanzar O2. Telefónica España tiene hoy un nivel de ingresos casi idéntico al que tenía cuando llegó Álvarez-Pallete a la presidencia, si bien ha mejorado sus resultados.

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El presidente de Telefónica ha impulsado además otros negocios bajo su mandato, como aquellos que ha agrupado bajo la filial Telefónica Tech. Aquí se han incluido todos los servicios digitales en los que la compañía ve un recorrido de crecimiento, como son la nube, el internet de las cosas o el big data. Sin embargo, en lo que se refiere a nuevos negocios se han llevado los titulares otros movimientos por estar, a priori, más alejados de la actividad tradicional de una empresa de telecomunicaciones.

La compañía está avanzando en su objetivo de crear una plataforma de servicios del hogar que puedan ser complementarios a su negocio tradicional y el caso más destacado fue la apuesta que ha hecho por las alarmas. El año pasado constituyó una sociedad con Prosegur para comercializar estos servicios en hogares. A ello se han sumado también avances en materia de telemedicina, con el lanzamiento de Movistar Salud para atención sanitaria a distancia. O en energía, donde lleva meses ensayando la instalación de paneles solares para adentrarse en este mercado. También tiene ha hecho sus primeros trabajos durante el mandato de Álvarez-Pallete en servicios financieros, como Movistar Money, donde concede pequeños créditos al consumo con alto interés.

De su tantas veces anunciada «cuarta plataforma», el intento de Pallete de crear una aplicación para que los clientes de su compañía puedan bloquear o cobrar por los datos y la información personal que manejan las redes sociales y las compañías de Internet como Facebook, Twitter o Google, nada se conoce. Pese a que el presidente de Telefónica ha anunciado en varias ocasiones el proyecto, que se ha interpretado como una batalla más en la guerra entre operadoras de telecomunicaciones y los gigantes de internet, la realidad es que cuatro años después son solo buenas intenciones.

La junta de accionistas de Telefónica renovará presumiblemente a Álvarez-Pallete en el cargo el próximo 23 de abril. El presidente tiene todavía pendiente la tarea de consolidar los cambios que ha ido realizando, recoger los resultados de los nuevos negocios, seguir reduciendo la todavía importante deuda financiera y afrontar los cambios que llegan al sector con el inminente desarrollo del 5G.

Este artículo ha sido publicado originalmente en este sitio

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