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El «efecto Matilda» en España: investigadoras en segunda fila y menos niñas en carreras científicas

Lise Meitner, Marie Lavoisier, Rosalind Franklin y por poco Marie Curie son las ‘Matildas’ más reconocidas de la historia. Científicas a las que arrebataron la fama y los éxitos de sus descubrimientos para dárselos al hombre que tuvieran al lado, ya fuese su marido o su compañero de laboratorio. La primera en denunciar esta práctica fue la activista norteamericana Matilda Joslyn Gage en el siglo XIX. Pero no hace falta echar la vista atrás ni mirar tan lejos para notar las consecuencias del «efecto Matilda» entre las mujeres que desarrollan su carrera en la Ciencia, la Tecnología o las Matemáticas en España.

El proyecto «No more Matildas», llevado a cabo por la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT), nació precisamente para corregir el borrado histórico de las científicas e incorporarlo a los libros de texto escolares, y evitar que ocurra en el futuro con otras mentes brillantes que a día de hoy están aportando al progreso y a la investigación. Actualmente, su presencia en los materiales escolares apenas llega al 7,6%. «Que la sociedad conozca a todas estas mujeres excepcionales y su historia puede ayudar a que más niñas y jóvenes consideren la ciencia como una opción de carrera para sí mismas», explica Carmen Fenoll, presidenta de AMIT y doctora en Ciencias Biológicas.

Las cifras son una rápida muestra de cómo afectan los siglos de desigualdad en este campo. El porcentaje de mujeres que estudian carreras científicas es del 28,5%, según la Unesco. En España, en los años 80, había un 30% de alumnas matriculadas en Ingeniería informática, y hoy apenas llegan al 12%. O en Matemáticas, donde en 2000 representaban el 60% del aula, han caído progresivamente hasta llegar al 37% en 2018. «El futuro no se puede construir en todos los ámbitos sin nosotras, porque lo que eso significa es que construimos avances por un lado pero siempre llegamos tarde al diseño del futuro», ha defendido la vicepresidenta Carmen Calvo en la presentación de «No more Matildas» en el Europarlamento.

Esta campaña no es la primera que reivindica los nombres y los rostros de las mujeres en la Ciencia, pero ha tenido una acogida espectacular. Quizá haya sido por la originalidad de su propuesta, adaptando para todos los públicos la vida de Einstein, Schrödinger o Fleming si hubiesen nacido mujer. «Su apellido apenas sonaría hoy», dicen desde AMIT. Pero además, «No More Matildas» ha llegado en el momento oportuno para celebrar el Día de la Niña y la Mujer en la Ciencia, el próximo 11 de febrero, y en plena pandemia de coronavirus cuyo único bote salvavidas es el avance científico. Aunque ni siquiera eso ha servido para enderezar algunos datos vergonzosos.

Además de ser un sector profundamente precario, la situación de las profesionales que viven de él es aún peor. Desde 2001, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) publica su informe Mujeres y Ciencia, y sus resultados han mejorado tímidamente en todos estos años. En el último documento, presentado en 2020, la presidenta Rosa Menéndez advirtió que por culpa de la COVID-19, y si bien «en estas situaciones de crisis las mujeres suelen salir peor paradas», las científicas del CSIC «lideran más del 50% de los proyectos en en este tema tan crucial dentro de la Plataforma Salud Global y en el CNB». Sin embargo, al acudir a datos más concretos como la evolución de la carrera científica de hombres y mujeres en el CSIC, la famosa gráfica de «tijera» empeoró en 2019.

Como dice la presidenta de AMIT, Carmen Fenoll, aunque el efecto Matilda en la actualidad hace «más difícil encontrar casos tan sangrantes como los del pasado», todavía no hay una igualdad efectiva. «Actualmente, la ciencia es cada vez más un trabajo que se hace en equipo, y los genios solitarios son una excepción», recuerda. «Pero en los equipos también puede producirse un efecto Matilda muy pernicioso alimentado por nuestros sesgos inconscientes, que nos hacen pensar que la feliz idea, la contribución genial, la ha hecho un hombre, y que las mujeres del equipo solo contribuyen con su duro trabajo». Así ha ocurrido históricamente en los premios Nobel, donde los hallazgos de equipos mixtos han quedado muchas veces eclipsados por quienes se suben al atril, en su mayoría hombres.

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Marta Macho, matemática, profesora de universidad y editora de la página Mujeres con Ciencia, cree que «la situación en España no es distinta respecto a otros lugares del mundo» y que depende de las disciplinas. «El problema fundamental es que lo tecnológico está muy masculinizado y lo biomédico muy feminizado, pero incluso en este ámbito la abundancia de mujeres no garantiza que lideren los equipos, ya que los investigadores principales suelen ser hombres», cuenta a elDiario.es. Según la investigadora, la paridad es crucial para elegir proyectos y desarrollarlos. «La tecnología, que debería ser aséptica, está heredando sesgos de los humanos –machistas o racistas– que son muy peligrosos y ahondan incluso en la brecha digital de las usuarias», defiende.

Por eso, cuando el encargado de la cátedra de Cultura Científica en la Universidad del País Vasco le preguntó si había material para lanzar el blog Mujeres con Ciencia, Macho no se lo pensó. «Empezamos de manera humilde en 2014 con una sección de efemérides que nos permitía tener una entrada al día», cuenta la matemática. Desde hace tres o cuatro años, sin embargo, el repositorio de mujeres científicas se expandió tanto que ahora sirve como material a muchas escuelas secundarias para hablar de ciencia pura, no solo de nombres desconocidos, «ya que se puede divulgar tanto con ellas y sus impresionantes descubrimientos como con Lavoisier, Newton o Pasteur», afirma.

«Incluir a las científicas nos permite tener un conocimiento más ajustado a la realidad que la actual imagen distorsionada y falsa que tenemos sobre la historia de la ciencia», dice por su parte la directora de AMIT. En ese sentido, Fenoll insiste en que las mujeres deben aportar «todo su potencia intelectual» y trabajar para que «la mitad de los cerebros de la humanidad ofrezcan también su visión». «Además, los legisladores y las instituciones tienen que poner en marcha medidas que consigan que las investigadoras no sufran discriminación, luchando activamente contra los estereotipos de género y asegurando un entorno de trabajo justo para todas», reclama.

Macho predica con su propio ejemplo en el caso de las Matemáticas. Si bien cuando se matriculó en los años 80 las mujeres eran mayoría, «porque era una carrera muy orientada a la docencia y, de nuevo, un ámbito feminizado», se dio cuenta del sesgo que había en su ámbito laboral cuando estudió la tesis en Francia rodeada de hombres. «Tenían unas dinámicas que para mí eran asquerosas y muy perversas», rememora. «Para sobresalir sacaban los cuchillos y empecé a darme cuenta de que no me trataban igual que al resto. Fueron los años más duros», dice.

En un ámbito tan competitivo como es la ciencia y la investigación, a Marta Macho no le extraña que las niñas y las mujeres eviten este camino «por cuestiones culturales». «Se creen que lo hacen libremente, pero en el fondo es una cuestión adquirida por culpa de unos sesgos que nos dicen que no vamos a poder progresar en igualdad de condiciones», explica. Así, cree que no hay que empezar la casa por el tejado, sino darles a esas niñas referentes donde mirarse, como propone «No more Matildas» o hacen desde hace años en Mujeres con Ciencia.

«Las mujeres estamos cansadas de ser pioneras constantemente, ser pioneras nos debilita, mientras que formar parte de una genealogía nos ayuda a ser más fuerte a cada paso que damos», ha añadido la vicepresidenta del Gobierno Carmen Calvo. «Si los mejores empleos y las mayores contribuciones al desarrollo tecnológico, humano y social van a estar ligados a la ciencia, tendremos que hacer algo más para que las científicas no sigan infrarrepresentadas y para que el efecto Matilda pase a ser algo del pasado», concluye Carmen Fenoll.

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Este artículo ha sido publicado originalmente en este sitio

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