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España se lanza a una nueva desescalada con la vista puesta en Semana Santa y en «riesgo alto» por COVID-19

España superó este martes el escenario de riesgo «muy alto» por primera vez en dos meses. La incidencia media acumulada en 14 días es inferior a 250 casos por 100.000 habitantes y los indicadores asistenciales mejoran después de los estragos de la Navidad. A pesar de que los contagios han caído en picado y a gran velocidad en casi todo el territorio, existe peligro de repunte si la tercera ola no amaina hasta los límites recomendados: es decir, entre 100 y 50 casos cada 100.000 habitantes y una ocupación de UCI por debajo del 10% (ahora está al 31%). Mientras tanto, el país continúa en riesgo «alto» de transmisión y algunas comunidades no han salido aún del nivel de alerta máxima por COVID-19.

Estas variables fueron consensuadas en su día por el Consejo Interterritorial y plasmadas en un documento que proponía acciones coordinadas entre las autonomías. Según este escrito, en un nivel de «transmisión comunitaria no controlada» como el actual, la recomendación general debería ser la de permanecer en el domicilio, reducir la movilidad a lo necesario, cerrar los interiores de los bares, mantener las terrazas al 75% de su capacidad y con un máximo de seis personas por mesa, y limitar los horarios hasta las 22.00 o 23.00. Aunque algunas de estas medidas siguen en vigor, las comunidades han empezado a relajar restricciones tras haber dejado atrás el riesgo «muy alto».

La ministra de Sanidad, Carolina Darias, ha reconocido este miércoles que hay una ligera reducción en la velocidad del descenso de los contagios, aunque esta tendencia varía entre los distintos territorios. «Hemos vuelto a realizar una llamada a la prudencia y a hacer una desescalada lo más gradual posible», ha dicho la ministra. «Incluso en los casos de reducción de las medidas, puesto que los datos invitan a ello, espero que las comunidades lo hagan con la mayor prudencia posible», ha insistido. Para prevenir que no ocurra en Semana Santa lo que pasó en Navidad, el Consejo Interterritorial está trabajando en un documento común para acotar las actuaciones.

Cantabria ya ha reabierto las grandes superficies los fines de semana, Madrid ha retrasado el toque de queda hasta las 23.00 así como el cierre de los bares, Extremadura ha levantado las restricciones a la hostelería y al comercio, al igual que la mayor parte de ayuntamientos de Galicia, y Euskadi –por orden judicial– ha permitido la actividad en bares y restaurantes de localidades que continúan en alerta máxima. «Ninguna comunidad se lo podría permitir», cree Quique Bassat, pediatra y epidemiólogo catalán. «Ahora no toca relajar las medidas, al revés, toca mantenerlas e incluso endurecerlas durante unas semanas para rematar la bajada», apuesta.

Catalunya, por ejemplo, está empezando a experimentar una nueva subida y un aumento del porcentaje de riesgo de rebrote que llevaba a la baja muchos días: «Relajar en esta situación es negar la evidencia y cerrar los ojos ante lo que nos ha pasado durante toda la pandemia», opina Bassat, que compara la situación con los días previos a las navidades.

De hecho, la incidencia actual es la misma que el 22 de diciembre, aunque las UCI ahora están peor que entonces. «Siempre es la misma historia: a la que estamos mínimamente bien y se acerca un periodo difícil como la Navidad y la Semana Santa, el pueblo pide relajar las medidas y lo populista es hacerlo», opina el epidemiólogo. La anterior desescalada ha sido criticada incluso por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que ha admitido que se hizo «demasiado rápido» o por el Ministerio de Sanidad, que lleva semanas llamando a la prudencia de las comunidades para evitar una cuarta ola. Ahora, además, hay que tener en cuenta las variantes más contagiosas como «nuevo ingrediente del cóctel», sugiere Bassat. Sanidad ha informado de que hay en España 893 casos del linaje británico, 6 casos de la variante sudafricana y un caso de la brasileña.

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«Se quiere avanzar más de lo que se debería», piensa María Urtasun, investigadora en Salud Urbana y Epidemiología Social. «Las olas anteriores no fueron inconexas, sino acumulativas porque no habíamos llegado a niveles bajos», explica, así que «no podemos permitirnos que pase lo mismo». El punto más bajo de la segunda ola fue de 189 casos por 100.000, claramente por debajo de la situación actual y aún más lejos de la ideal que señalan los expertos: 50 casos. Las restricciones entonces cayeron tras el puente de diciembre y muchas comunidades apuraron el estado de alarma para facilitar las reuniones navideñas.

«Las que se están apresurando otra vez corren el riesgo de pagar una factura alta», vaticina Daniel López Acuña, exdirectivo de la OMS y experto en Salud Pública. «La precipitación en la desescalada nos puede llevar a un repunte de la cuarta ola», explica, y aunque cree que la dinámica general es «la de tomar atajos», también diferencia entre las distintas comunidades.

«Madrid está a la cabeza de las medidas insensatas; Galicia, País Vasco, Castilla La Mancha o Extremadura están en un nivel intermedio; y, por último, Valencia o Asturias son las más rigurosas», distingue, siendo esta última donde él reside y siente mayor «receptividad» desde el Gobierno autonómico a las recomendaciones de los epidemiólogos. Aún así, la interconectividad de las regiones pone en riesgo a todo el territorio y por ello recuerda la necesidad de «avanzar de forma uniforme»

La buena comunicación con los expertos en Salud Pública es todo lo contrario a lo que percibe Quique Bassat tanto en Catalunya como en otras regiones: «Entiendo que lo fácil es permitir libertad de movimiento durante dos semanas, que además la gente lo pide a gritos porque estamos todos hartos. Pero en estos momentos es cuando hay que fiarse de lo que predicen los científicos, no de los instintos». Por su parte, asegura que no se cansará «de proponer lo que tocaría hacer». «Pero el caso que nos hacen es mínimo», admite.

Con la Semana Santa a la vuelta de la esquina, cualquier gesto político aperturista dirigido a «salvarla» suena controvertido. «Reconozco que me equivoqué con mi predicción sobre lo que iba a pasar después de navidades, pensé que seríamos capaces de pasar unas fiestas más razonables y no pudimos», lamenta Francisco Caamaño, profesor de Salud Pública en la Universidad de Santiago. «Ahora los números siguen siendo muy complicados y lo suyo sería mantenernos como estamos al menos dos semanas más», apuesta el epidemiólogo. 

Aun así, Caamaño piensa que lo que está haciendo Galicia «no es aberrante», puesto que si bien ha abierto la hostelería en muchas zonas, otras con riesgo más alto siguen confinadas y con el comercio clausurado. «Mantener la actividad económica también tiene su sentido desde el punto de vista de la Salud Pública, no lo olvidemos, porque la enfermedad tiene mucho que ver con la pobreza», recuerda. 

María Urtasun comparte que existe «un delicado equilibrio» entre ciertos sectores y la salud, pero apuesta por «una desescalada paulatina». «La gente es un poco más consciente después de lo que ha pasado estos meses, pero por otro lado está más cansada y tiene más hastío», analiza. En su opinión, las aperturas abruptas mandan un mensaje equivocado a la población, que puede conducir a que se relajen también las medidas a título individual. La investigadora confía en aumentar el ritmo de la vacunación como única medida infalible contra los posibles repuntes. De esta forma, «mucha población vulnerable estará ya inmunizada y eso va a tener su relevancia», suscribe el profesor gallego.

«Mi predicción es que para la semana que viene no sean solo un par de comunidades las que están empezando a subir. En el momento en que tengamos a varias en esa tendencia, será lo que marque el pistoletazo de salida de la cuarta ola», prevé Quique Bassat. «Si se vuelve a entrar en la cultura de salvar la Semana Santa, desde luego va a ocurrir», comparte Caamaño. Por su parte, López Acuña pide evitar una cascada de desescaladas, porque lo que haga una parte de España afectará tarde o temprano a las demás: «Está muy bien que haya comunidades rigurosas con sus medidas, pero si hay otras que empiezan a derrochar el capital en las fiestas cercanas, no servirá para nada».

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Este artículo ha sido publicado originalmente en este sitio

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