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Madrid

Deudas, depresión y una pistola: el trágico final del dueño del bar El Brillante

Solo, en su casa y de un tiro en la cabeza. Ese es el epílogo de Alfredo Rodríguez Villa, de 68 años. El dueño del restaurante El Brillante,
famoso dentro y fuera de Madrid por sus bocatas de calamares
, decidió acabar con su vida el lunes pasado, acuciado por problemas económicos.

Alfredo llevaba tiempo deprimido. Sus empresas (tenía ‘sucursales’ en otras localidades) no iban bien y la crisis del coronavirus no había ayudado, todo lo contrario. Había sido la puntilla. Este lunes, desde su piso de la calle de Costa Rica, en la zona acomodada de Chamartín, decidió poner fin a todo de la manera más trágica. Esa mañana,
envió un mensaje de WhatsApp a uno de sus sobrinos. Le indicaba que había dejado unas llaves del piso al portero de la finca
. El familiar de Alfredo se puso en alerta y se temió lo peor. Sabía, y así lo expresó luego a la Policía Nacional, que su tío estaba pasando una mala racha y que la factura de todo ello le pesaba sobre los hombros. Llamó a los servicios de emergencias y se presentó rápidamente en el bloque de la víctima.

Subió al piso con el portero. Abrieron con las llaves que había dejado y se encontraron con la truculenta escena. Alfredó acababa de pegarse un tiro en la cabeza. La Policía llegó inmediatamente, sobre el mediodía. La pistola que había utilizado estaba a su lado. No había dudas acerca de que se trataba de un suicidio.

Desconocimiento entre los empleados
La preocupación que ayer mostraban los empleados de El Brillante con los que conversó ABC tras trascender la muerte de su dueño se ha rebajado. «Estamos más tranquilos. Las hijas de Alfredo se harán cargo del negocio y continuaremos. Eso es todo lo que puedo decir», explica uno de ellos, prefiriendo mantener su anonimato. Nadie quiere manifestarse sobre la muerte de Alfredo y las circunstancias que la rodean. «No sabemos nada de la situación económica de la empresa», aseguran.

No es ningún secreto que la pandemia, a pesar de su rápida recuperación tras aliviar las restricciones y los cierres, ha pasado una cara factura a los hosteleros. Incluso las grandes empresas, como El Brillante, se han visto sacudidas por sus efectos. El descenso del turismo, entre otras cuestiones, ha golpeado especialmente a este tipo de establecimientos tal y como señalan desde las principales asociaciones del sector.

Para Alfredo, el bienestar de sus empleados era casi una obsesión. De sus declaraciones, en la última entrevista que concedió a ABC, se deduce una gran preocupación por dejar saneadas las cuentas de la empresa antes de fallecer. Entonces, contaba: «Cuando mi padre falleció me dejó 1.800 euros en el banco y 45 nóminas que pagar. Mi primer negocio ya como propietario consistió en perder 8 millones en una venta forzada para poder pagar a mis empleados. Esto a mí no me pasará. Una empresa no puede vivir sin unas reservas del 20% de sus beneficios».

Por el momento, nadie de la familia Rodríguez se ha pronunciado oficialmente sobre las dificultades económicas que acarreaba y el futuro inmediato de El Brillante que, además de su emblemático local de Atocha cuenta con otros tres locales en Boadilla del Monte y los centros comerciales de Xanadú y Nassica. El hostelero fallecido presumía de haber logrado dar trabajo a hasta 140 personas y de no haber despedido nunca a nadie. Se desconoce con cuántos trabajadores contaba Alfredo en nómina en la actualidad.

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La familia, rota
Solo su hermana María Jesús, con quien este diario ha intentado ponerse en contacto sin éxito, ha compartido en redes sociales el dolor por la repentina e inesperada muerte de su hermano. «Mi querido hermano, no sé cómo voy a seguir sin ti», empieza su misiva en Instagram. «Qué pena tan grande nos ha dejado a mis hijas, sus maridos y a mí», continúa. «Nuestra familia ya no está completa sin ti… Solo me consuela saber que estás con nuestros padres. Te llevaré siempre en mi corazón mientras viva. Buenas noches mi hermano querido. Así nos despedimos cada noche. Descansa en paz», concluye su mensaje.

Sus empleados, a través de otro mensaje en redes sociales, se han sumado al dolor de su familia directa. «Despedimos con todo el dolor de nuestro corazón a Alfredo, nuestro jefe, pero más aún: nuestro compañero y ‘padre protector’ para muchos de nosotros, que hemos comenzado nuestra andadura a su lado desde jóvenes y del que hemos aprendido lo que es ‘la vida’», han publicado en las últimas horas: «Nos sentimos huérfanos, desconcertados, esperando su llegada siempre».

Este artículo ha sido publicado originalmente en este sitio.

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