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Madrid

Tarde de protesta anticastrista: los treinta contra Silvio

La estampa de gritar ¡Viva Cuba Libre! en una esquina de la Puerta de Alcalá, la que da al Retiro, es, cuando menos, impactante y exótica. Así, y con puntualidad poco caribeña, la Plataforma de Acciones por la Democracia había preparado este sábado una marcha de repulsa al concierto de Silvio Rodríguez en el Wizink Center de Madrid a las 19.00. No serían más de treinta, pero ruidosos, y con estopa para quienes, según los manifestantes, andan blanqueando desde España/Europa el régimen castrista: Pedro Sánchez y el actual Ejecutivo, principalmente. La concentración era contra Silvio Rodríguez, contra la presencia del cantautor en España, pero en el ánimo de los congregados, que recorrieron a paso de liebre el kilómetro y medio entre la Puerta de Alcalá y el Palacio de los Deportes, estaba el recuerdo de la represión cubana del 11 de julio y la «ineficaz y tibia respuesta de las Autoridades españolas».

Patria y vida
Hay quien, en la treintena de los manifestantes, portaba un bidón con gasoil para alimentar la megafonía como si fuera un tesoro. Había, también, quien llevaba escrito el lema «Patria y vida», con rotulador y en una camiseta blanca de hilo que temblaba en el fragor de la protesta. Como Yusil, que venía de la Barcelona de Ada Colau, indignada porque la alcaldesa «dedicó las Fiestas de la Merced a la dictadura cubana». O como Saide, mulato con rizos, que insistía en que España «no puede contribuir al blanqueamiento del castrismo dando pábulo a un vocero como Silvio Rodríguez». Al susodicho músico seguro que en la previa del concierto le pitaron los oídos, que la comitiva exhibía pancartas con fotografías donde se le veía arrodillado –y arrobado– frente a Fidel Castro. Una protesta, no por poco secundada en lo numérico, pierde fuerza contestataria. Es verdad que podríamos recurrir al tópico de que los manifestantes que contamos y recontamos cabían en una guagua, pero en la marcha hubo tiempo y ánimos para llamar «caradura» al presidente del Gobierno y hasta para que un botarate desde un taxi, sin saber de qué iba la vaina, gritase un ‘Sieg Heil’, brazo en alto, que enmudeció, por anacrónico, el ambiente de la ‘manifa’.

Más allá, las pancartas y un grupo heterogéneo de cubanos recorriendo la calle de Alcalá, cruzándose sin cruzar contra una familia que pedía salvar el Mar Menor, demostraba que en Madrid es posible protestar contra todo: cada cual según sus posibilidades o sus prioridades. Lo mismo la necesaria llegada de la democracia a la Isla que la también necesaria recuperación del litoral murciano.

Hacer bulto
Los organizadores de la marcha llamaban a «hacer bulto», custodiados por cinco lecheras de la Policía Nacional: tres por delante y dos por detrás. Mientras, eran saludados por los anticastristas del Barrio de Salamanca, que apuntaban la amena tarde otoñal de Madrid.

Tampoco se vio el jaleo de la protesta contra la Embajada del pasado verano, cuando se encerraron no pocos liberados sindicales en el caserón sovietizante del Paseo de La Habana y hubo desde insultos a tambores. Pero es que sucede que una protesta contra un músico no es una protesta diplomática, aunque la causa sea la misma. En honor a la verdad, cuando la pancarta arribó a la Avenida de Felipe II, a la explanada del Wizink, sí que se escucharon abucheos de quienes tenían su entrada del concierto. Un joven con un polo del St Pauli (una suerte de Rayo Vallecano alemán, de ideología ultraizquierdista) le hacía la peineta a los anticastristas, igual que un abertzale con barbas y una camiseta donde se leía eso mismo: ‘abertzale’, así, con todas las letras.

Eso y Saide con el megáfono en ristre y la vena del cuello como esculpida en mármol fue la tarde en que parte de los exiliados cubanos de España protestó contra Silvio, contra Sánchez, c
ontra Venezuela y contra el comunismo. Por la otra parte, María del Cobre aguardaba junto a su padre, canoso y cubano, que abrieran una puerta del recinto en la que casi se mezclaban los de Silvio con los rezagados de la vacuna.

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