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Todo lo que hay que saber antes de comprar un televisor CRT para jugar a videojuegos clásicos

Todo vuelve, ya sean las hombreras, los discos de vinilo o cualquier otro producto que juegue con nuestra percepción hasta hacernos pensar que éramos más felices en el pasado. Y qué mejor que los viejos televisores de tubo para seguir arrancándonos la piel a tiras al debatir, precisamente, sobre cómo percibimos los videojuegos clásicos en según qué pantallas y la razón por la que no logras pasarte el segundo nivel del ‘Ghost’n Goblins’ si de crío te hacías la primera vuelta con veinte duros. Haya calma, el problema no es fruto de tu incipiente artritis, sino del televisor plano que usas.


Más allá de los aspavientos que suele hacer la autodenominada policía del retro cuando alguien se jacta de jugar al MAME en una recreativa casera con pantalla LCD, lo cierto es que existen obvias y demostrables ventajas a la hora de usar CRTs para jugar a videojuegos clásicos. No hay más que ojear algunos documentos históricos para comprobar que en muchos estudios consagrados, los procesos de diseño estaban íntimamente ligados a la forma en la que se reproducía la imagen en este tipo de pantallas. Y ya si nos metemos en el tema del input-lag y el retardo en la respuesta al control en pantallas modernas, casi que nos daría para otro artículo.

Aunque ya existen por ahí detallados tratados en los que se explican en profundidad los pormenores de esta tecnología, no está de más recordar cómo funcionan estos televisores para saber lo que compramos, y de paso entender cierta terminología indispensable para sobrevivir en esta jungla de hercios, pulgadas y cables que pretendemos atravesar.

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Cómo funciona un televisor CRT

La imagen de un tubo de rayos catódicos se genera mediante un haz de electrones producido por un cátodo cuya carga positiva es acelerada gracias a varios ánodos dispuestos dentro de un tubo de vidrio al vacío. Mediante una gran diferencia de tensión, este haz es impulsado hasta chocar con una superficie de material luminiscente que transforma la radiación de electrones en imagen que nuestros ojos pueden captar.

Unas bobinas deflectoras que envuelven al tubo controlan la trayectoria de los electrones, generando un campo electromagnético cíclico y haciendo que la imagen se pinte siguiendo un barrido de líneas horizontales que realizan el recorrido varias veces por segundo. De la separación entre dichas líneas nacen las conocidas scanlines y ya tenemos otra revelación: Aunque la calidad del televisor tiene mucho que decir, cuantas más pulgadas, más diferenciables serán las scanlines al ser mayor el espacio entre líneas.

¿Entonces por qué unas consolas muestran scanlines y otras más modernas no? Pues depende del modo de dibujado que utilice con el que generara la imagen: progresivo, que pinta todas las líneas en cada pasada, o entrelazado, que el que cada fotograma alterna entre dibujar solo las líneas pares o las impares. Teniendo en cuenta que los estándares de imagen PAL y NTSC usan 576 y 480 líneas horizontales visibles respectivamente, y que los juegos de consolas clásicas pre 32-bit usaban, salvo excepciones, modos progresivos con no más de 240 líneas horizontales, había que dejar huecos sin pintar. De ahí que la solución para adaptar muchos juegos al PAL fuera achatarlos para entrar en el estándar en vez de, por ejemplo, aumentar el campo de visión de los escenarios. Eso sí, años después el entrelazado acabaría conquistando la industria.

Dado que el pintado de líneas horizontales es lo que define su manifestación en pantalla, no tienen mucho sentido hablar de resoluciones como tales en televisores CRT, ya que la forma de concentrar los tres haces de luz en pantalla (y en cierto modo poder contar el número de líneas verticales) se define por la rejilla tricolor de puntos en la que se estrella el haz de electrones al final de su recorrido, cuyo patrón decide el fabricante. Lo siento, antes les he engañado un poquito para agilizar las cosas, ya que, efectivamente, la televisión lanza tres rayos de electrones de forma simultánea (rojo, verde y azul -> Red, Green, Blue -> RGB) para componer la imagen y no solo uno.

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Aunque la llamada ‘máscara de sombra’ es el estándar más utilizado en televisores de consumo para esa rejilla, Sony se sacó de la manga una patente exclusiva en la que que las franjas de fósforo de la pantalla se muestran como líneas continuas, dando lugar a un dibujado más limpio con un ‘feeling’ muy particular. Efectivamente, estamos hablando de la línea Trinitron y su ‘rejilla de apertura’, que provoca una mayor precisión en el corte entre líneas de barrido y por ende, unas scanlines más intensas y homogeneas.

Dónde puedo adquirir un televisor de tubo

Empecemos con la mala noticia, ya que hace más de una década que no se fabrican televisores CRT. Sony dejó de comercializar definitivamente su icónica línea Trinitron en 2008, siendo el primer gran fabricante en anunciar oficialmente que abandonaría el barco. El mismo camino siguieron otros grandes como Panasonic (2009) o LG (2010), aunque en muchos casos se continuó la producción para cubrir la demanda de varios países de Latinoamérica y el sudeste asiático.

Lo bueno es que una tecnología que dejó de comercializarse hace tan poco tiempo es hoy día carne de tiendas de segunda mano, estando sin duda Wallapop a la cabeza en este campo. No hay más que aplicar unos cuantos filtros de búsqueda bien tirados para comprobar que la oferta es enorme. Y lo mejor, salvo especuladores que añaden la palabra ‘vintage’ para triplicar el precio de las cosas, los precios son irrisorios.

Ahora bien, aunque hay que tener muchas cosas en cuenta, no es plan de asediar con preguntas técnicas a ese despreocupado vendedor que tan solo quiere hacer hueco en el trastero. La forma más cómoda para hacer indagaciones previas es pidiendo que nos envíen una foto de la etiqueta que aparece en la parte trasera del producto, la cual incluye el código de referencia del modelo. Haciendo una búsqueda rápida por la red podemos encontrar fácilmente el manual de usuario del televisor, donde podremos consultar con calma todas las especificaciones.

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Pero aquí va una confesión ahora que nadie nos lee. No se le caen los anillos al que suscribe al afirmar que algunos de los mejores especímenes descubiertos provienen directamente de la basura.

Como ya habrán notado durante estos últimos años, es muy habitual toparse con dramáticas escenas en las que preciosos televisores yacen junto al contenedor tras haber sufrido una terrible ablación en la parte trasera del tubo donde se han extirpado las bobinas deflectoras del yugo para vender el hilo de cobre extraído en cualquier chatarrería. Los buenos buscavidas que realizan estos actos impíos desconocen que, de seguir en alza esta moda, se sacarían por cada televisor intacto mucho más que los 3 eurillos el kilo de metal limpio.

Sea como fuere, entre los entusiastas de esta tecnología hay una máxima a la hora de valorar el coste de uno de estos aparatos: la del euro por pulgada, una ley impepinable que nos permite ajustar precio a pagar según el tamaño del aparato. Vender un televisor doméstico por encima de los 30 euros ya sería abusar.

Otra cosa es que nos vayamos al ámbito profesional con los prestigiosos PVMs (Professional Video Monitor), denominación propia de productos Sony pero extensible conceptualmente al resto de marcas, ya sea Hitachi, JVC o cualquiera de las grandes. Se trata de monitores pensados para su uso en el audiovisual, la monitorización médica o cualquier otro cometido que requiera de altas prestaciones. También existen los llamados BVM (Broadcast Video Monitor), aún más profesionales pero con precios prohibitivos y ciertas carencias como la ausencia de señal de audio.

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En estos casos, los precios por un escuálido monitor de 14 pulgadas pueden superar fácilmente los 150 euros, disparándose a tamaños superiores aunque con razón de causa, ya que la calidad del chasis y el tubo hace que veamos una imagen en la que las líneas de escaneo parecen estar cortadas con un cuchillo jamonero. Dada la enorme escasez del producto y la especulación a la que se están sometiendo, deberíamos dejar ese objetivo como secundario salvo gangas imprevistas o cartera suntuosa.

Marcas y modelos

First Line/Bluesky (Carrefour), Ecron (Eroski) o Saivod (El Corte Inglés) son algunas de las marcas blancas más conocidas en España, aunque todas ellas compartían un origen común al estar ensambladas por Beko Electronics (sí, el que sale en las camisetas del FC Barcelona), empresa perteneciente al grupo turco Arquelic, un enorme conglomerado tecnológico que también ostenta otras marcas con cierta solera como Grundig. Estos televisores utilizaban tubos y chasis (la placa que controla el tubo) de terceros, por lo que de aquella lotería podía salir que te compraras una televisión con un respetable un tubo de imagen Ecron o uno low-cost sin etiqueta fabricado en La India.

¿Y por qué tantos prolegómenos? Pues porque más allá de filias y consejos de mercachifles, hay que saber equilibrar entre la solera del producto y su tiempo de uso. De nada sirve obcecarse en adquirir la Trinitron de rigor si ésta data de1989 y ha sido propiedad de una señora que durante la última década no se ha perdido ni un solo programa de Juan y Medio. A lo mejor un CRT Daewoo adquirido de saldo a destiempo en 2012 para una segunda residencia es la que verdaderamente puede ofrecer muchas más horas de entretenimiento en su nuevo hogar.

Dado que muchos ensambladores utilizaban tubos o la electrónica de terceros, se hace fundamental ojear el mencionado manual de usuario para averiguar qué marcas monta cada televisor. Si se quiere ir con pies de plomo, Sony, Loewe o Bang & Olufsen son apuesta segura en casi toda su gama al ser algo así como los Rolls Royce de los CRTs para el hogar, pero hay muchos otros nombres a tener en cuenta no tan difíciles de encontrar.

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Philips o Panasonic/Matsushita siempre ha fabricado tubos duraderos, pero los Sanyo que montan tubos Thomson o de la propia Philips también son máquinas consideradas inmortales por muchos entusiastas. Algunas comunidades hispanas como las del proyecto RGB-Pi o MiSTer FPGA pueden ser buenos puntos de partida para buscar referencias de ciertos modelos.

Si hay que poner alguna línea roja, más que en la marca debemos fijarnos en las prestaciones. Muchos televisores de última hornada a partir de mediados de los 2000 comenzaron a permitir señales HD alcanzando las 800 líneas horizontales y realizando cierta labor de post-procesado en la imagen. Todo esto provoca que las scanlines no se generen con el efecto que nos gustaría y que a la señal se le meta un retardo en la respuesta. ¡Huid de cualquier cosa que tenga asociadas las palabras HDTV!

Tamaño

Elegir el tamaño del armatoste dependerá de tres magnitudes: el espacio que tengas en casa, lo bien que quieras ver las scanlines y lo mucho que te quieras fastidiar la espalda. En cuanto a las proporciones, vamos a descartar de entrada los televisores con relaciones de aspecto 16:9 que tanto prodigaron pasados los 2000.

Simplificando mucho, y salvo que pretendamos usarlo para jugar a títulos de la sexta generación de consolas en adelante, deberíamos ir a tiro fijo por los 4:3, máxime si tenemos en cuenta que el cambio en el formato solía venir asociado a emitir a 100Hz. Este refresco no se lleva bien con las señales analógicas de máquinas pre-32-bit, haciendo desaparecer sprites parpadeantes a cierta cadencia y complicando el uso de pistolas. Bueno, eso, y que nadie en sano juicio preferiría estirar horizontalmente la imagen de un juego 4:3, ¿no? ¿NO?

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Los tamaños que encontraremos más a menudo son 14, 21, 25 y 29 pulgadas, pero los más pequeños suelen ser la vía de entrada a este hobby; no es lo mismo hacerle hueco a un cubito que suele rondar los 35cm de ancho y 40 de fondo que subirse a casa un muerto de 50Kg a pulso.

A 14 pulgadas, la malla tricolor que genera la matriz de puntos de luz en pantalla no es lo suficientemente grande como para que podamos distinguir los espacios entre líneas horizontales, por lo que lo recomendable es optar por un tamaño de 21 a 25, ya que si seguimos subiendo, la cosa se vuelve insostenible en todos los sentidos. Aún así les advierto, si entra una tele de estas en casa, tengan por seguro que no será la última.

Conexiones de entrada

Hagamos un breve pero importante inciso. Una de las principales bazas de los televisores CRT es que no reproducen los ‘pixeles’ provenientes de la señal original de la máquina como tales. La imagen resultante está formada por puntos de luz que, debido a la propia luminiscencia del fósforo, difuminan sus contornos y producen fundidos de color que dan una nueva dimensión a lo que inicialmente son paletas de color limitadas y resoluciones bajas.

Tanto es así, que algunos diseñadores de la vieja SNK se refieren a la ‘regla del medio pixel’ en algunas entrevistas para remarcar que, a la hora de crear sprites para sus juegos, tenían en cuenta las particularidades del tubo de rayos catódicos y calculaban los efectos resultantes de la fusión de claroscuros, tramados y contornos en las fronteras de las celdas.

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No hay más que echar un vistazo a las técnicas de dithering que llevan usándose en este medio desde sus albores para darse cuenta de dichas prácticas. Esto es, utilizar patrones geométricos para crear nuevas tonalidades al fusionarse los puntos de luz adyacentes. En la imagen de aquí abajo puede apreciarse que los mosaicos del suelo y el muro del fondo se transforman en superficies homogéneas cuando la señal no es tan nítida, añadiendo cierta profundidad virtual a color.

Pero claro, por mucho que se intentara preveer cómo vería el usuario final su juego, cada televisor era un mundo al no existir un solo estándar de vídeo, amén de la propia calidad del televisor que se usara. Esta fusión cuasi mágica de colores es más efectiva cuanto más difusa sea la señal de entrada. Aún así, habría que ser más papista que el papa para no elegir la prístina imagen que brinda una buena señal por RGB SCART. Vayamos de menos a más para conocer las opciones más comunes:

  • Conector RF: El cable ‘de antena’ siempre está presente. El difuso recuerdo que tenemos de nuestras partidas iniciáticas con el Spectrum o la Master System pasaban por este sistema. Y digo difuso porque las interferencias producidas por el hecho de portar vídeo y audio modulado en una misma línea hacían que viéramos churretes en vez de sprites. Por eso no hay que hacerle mucho caso, y más cuando la mayoría de máquinas permiten señales mejores de salida o incluso puentear el modulador RF para sacar directamente vídeo compuesto.

  • Vídeo compuesto: ‘El cable AV’. Las señales de vídeo y audio viajan por separado y no se necesita un proceso de filtrado por banda de frecuencia, por lo que hay una considerable mejoría con respecto al RF. Es habitual que se incluya con los clásicos tres conectores RCA (dos si solo permite entrada de audio mono), aunque los monitores profesionales usan el estándar físico BNC. A finales de los 90 comenzó a prescindirse de él en la gama media-baja ya que el euroconector también permite la señal compuesta usando un adaptador.

  • SCART: ¡Benditos franceses! El euroconector es capaz de ofrecer una señal mucho más nítida al usarse el modo RGB, esto es, cada uno de los tres colores por un cable separado y sincronía vertical y horizontal en otra línea. La mayoría de televisores europeos de finales de los 90 incluyen al menos un conector de este tipo. Eso sí, en caso de tener dos o más, por norma general solo uno de ellos permite dicho modo, comportándose el resto como meros cables compuestos. Una leyenda física indicándolo junto al conector o el propio manual del televisor nos pueden sacar de dudas sobre cuál es el bueno.

Además de estos conectores, existen otros estándares que merece la pena mencionar aunque sea testimonialmente, como son la entrada por componentes (‘los cinco cables de colores’) o el S-Video (mal llamado ‘super video’). En ambos casos, su presencia en televisores domésticos es bastante infrecuente pero factible.

¡Pero mucho ojo aquí! Si cogemos unos cables de vídeo compuesto y los conectamos al euroconector mediante un adaptador, no estaremos mejorando en nada la señal proveniente del cable AV. De hecho, debemos cerciorarnos de que utilizamos el cable adecuado para lograr sacar dicha señal en la consola o cacharro utilizado al usar SCART. Y ya no solo por el conector físico, sino por la construcción de éste en cuanto a posibles resistencias y puenteos de pines según las diferentes formas que hay de transportar la señal en dicho estándar, así que más nos vale adquirir cables de calidad según nuestras necesidades. Aún así, consolas como Nintendo 64 solo permiten la conexión a través de vídeo compuesto, por lo que tendremos que hacer algún remiendo en sus tripas si queremos mejorar la señal.

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Región y refresco

Aunque por norma general asociamos las regiones NTSC y el PAL a una frecuencia de refresco de 60 y 50Hz respectivamente, debemos quitarnos esa idea de la cabeza al buscar televisores ya que son funcionalidades que van por libre: una cosa es el sistema de transmisión de señal analógica en cuanto al número de líneas dibujadas en cada iteración o la forma de modular el color en la señal de entrada, y otra muy distinta el número de barridos realizados por segundo. ¿A quién no le ha pasado aquello de poner un juego NTSC en su televisor y verlo en blanco y negro? El motivo es muy simple.

Si conectamos una señal NTSC a través de un cable de vídeo compuesto, el televisor debe descomponer la información del color de la imagen, función que no todos los televisores incorporan. En cambio, si conectamos esa misma consola a través de un cable SCART con señal RGB, muy posiblemente veamos la imagen correctamente, ya que tal y como hemos comentado antes, la señal llega descompuesta a través de diferentes líneas.

En cuanto a la frecuencia de refresco, ya está más que hablado el maltrato que sufrimos en la región PAL durante muchos años con el achatamiento de la imagen en muchos juegos y una reducción en la velocidad general de los mismos al disminuir la frecuencia de refresco. El manual de usuario del monitor nos indicará la compatibilidad con todos estos modos, y con ello tendremos vía libre incluso para modificar nuestra vieja consola y jugar como debe ser a títulos de otras regiones.

Remarquemos un pequeño fallo habitual. En la etiqueta trasera del televisor, donde suele venir el identificador del modelo, también suele aparecer la denominación ’50Hz’ pero no tiene absolutamente nada que ver con el refresco soportado por la pantalla (al menos en la actualidad), ya que eso son las especificaciones eléctricas del televisor a la hora de conectarlo a la red.

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El mando a distancia

Es posible que el mando de muchos televisores no haya sobrevivido al paso de los años y se extraviase, pero no deberíamos preocuparnos, ya que existen mandos a distancia universales que pueden suplir casi todas las funciones de los originales. Mediante la lista de compatibilidad ofrecida por el fabricante y la inserción de un código numérico para cada modelo, podemos incluso usar un mismo mando para varios televisores.

Aunque en teles con cierta solera puede accederse a las opciones básicas de configuración desde los propios botones integrados, como veremos más adelante, tendremos que echar mano de uno sí o sí para acceder a recónditos ajustes. Es más, si el televisor ha sido usado en hoteles, hospitales o exposiciones, seguramente tengamos que bucear en foros para encontrar combinaciones ocultas en el mando, o incluso tener que agenciarnos un mando especial de servicio diferente al estándar. Echad un ojo por si el televisor está por defecto en uno de estos modos.

Ajustando nuestro televisor

Llegados a este punto, y por mucho que nos hayamos documentado previamente, no siempre es posible revisar a fondo todos los defectos del televisor antes de adquirirlo. Por suerte, muchos de estos problemas pueden resolverse con relativa facilidad gracias al llamado ‘menú de servicio’, una serie de ajustes ocultos a los que se accede mediante una combinación de botones concreta en el mando a distancia. Existen sitios web en los que se recopilan las diferentes formas de hacerlo según marca y modelo. Encontraréis a veces la combinación en el manual del televisor o incluso en el del propio chasis por separado.

Gracias a este menú, podemos realizar cambios en la deflexión de la imagen para cuadrar la geometría de lo que vemos en pantalla. Con el paso de los años, tanto el propio desgaste del tubo como la magnetización de algunos componentes, posibles golpes o cercanía de otros aparatos electromagnéticos, puede desajustar el dibujado de líneas. Eso sí, algunos modelos necesitan alguna acción extra para llegar al menú, como puede ser puentear una pareja de jumpers en el chasis o incluso hacer uso de los mandos a distancia ‘de servicio’ mencionados anteriormente.

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Una buena forma para tener una guía de referencia en pantalla al realizar estos ajustes es utilizando la herramienta homebrew 240p test suite, que nos permitirá mostrar en pantalla patrones de geometría y color mientras toqueteamos los parámetros. Eso sí, para usarlo necesitaremos que la consola conectada pueda cargar backups, pues debemos cargarlo como si se tratara de un juego, ya sea en forma de ROM o como imagen de disco.

Además de los mencionados problemas de geometría, también puede darse el caso de que haya algún fallo de convergencia debido a que los tres rayos del tubo se han desalineado y en algunas partes de la pantalla hay predominancia de uno de los colores. Por desgracia, para tratar esto muy posiblemente haya que abrir el monitor y calibrar los rayos mediante los anillos de convergencia, unas palancas que envuelven al yugo del tubo y que permiten ajustar, precisamente, que los tres colores converjan en un mismo punto, aunque no siempre está presente esta opción.

Huelga decir que cualquier cosa que implique desmontar la carcasa del televisor nos expone a posibles descargas eléctricas si no sabemos lo que hacemos, por lo que queda fuera de esta guía cualquier actividad que lo requiera. Por desgracia, hay algunos televisores que, en vez de permitir el calibrado mediante menús, utilizan pequeños potenciómetros en el chasis para realizar los ajustes, y para ello hay que abrir también la carcasa. Sea como fuere, no queremos que ningún lector se lleve un susto por tocar donde no debe.

¿Quieres una tele de tubo? Aprovecha ahora

Sirva este ‘pequeño’ repaso para digerir algunos de los factores a tener en cuenta si queremos adquirir un televisor CRT. Quitándonos la mística y la morriña de la ecuación, deberían estar ya bien claras las bondades de esta tecnología incluso habiendo pasado por alto temas relacionados como los tipos de escaneo, las diferentes frecuencias de barrido horizontal o los posibles artilugios que podemos conectar más allá de las propias consolas.

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Lo importante es que aún hay oferta de sobra y con unos precios coherentes. La obsolescencia aprieta, y el futuro de cualquier hardware es efímero por muy de altas prestaciones que sea. Que nos quiten lo bailao, y mientras esperamos a que vuelvan los pantalones de campana o algún fabricante avispado vea mercado en resucitar esta tecnología, nada mejor que disfrutar de los videojuegos que nos fraguaron como personitas de a bien tal y como fueron concebidos.

Aquí van los diez mandamientos del buen ‘CRT hunter’ a modo de resumen.

  1. El mejor tamaño para meter en casa está entre las 21 y 25 pulgadas con relación de aspecto 4:3
  2. Asegúrate de que tenga conexión SCART/euroconector
  3. Revisa en el manual de usuario si soporta señales NTSC en todos sus conectores de entrada. ¡Y huye de los 100Hz y el HDTV!
  4. Comprueba si el tubo está fabricado por una marca con solera
  5. No pagues más de un euro por pulgada en una televisión doméstica
  6. Si buscas la excelencia, necesitas un PVM
  7. Los televisores Sony Trinitron de gama media-alta ofrecen un barrido más limpio en la imagen
  8. Si puedes, antes de comprar hazla funcionar para revisar si la geometria, convergencia y quemado del color están medianamente bien
  9. Averigua, ya sea por el menú de servicio o por ‘ingeniería social’, el tiempo de uso que haya podido tener
  10. A día de hoy, Wallapop es el mejor sitio para encontrar televisores de saldo


La noticia

Todo lo que hay que saber antes de comprar un televisor CRT para jugar a videojuegos clásicos

fue publicada originalmente en

Xataka

por
Raúl Rosso

.

Este artículo ha sido publicado originalmente en este sitio

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